Jurídico 


El matrimonio canónico y sus plenos efectos civiles (II)

Código civil

En esta segunda parte del artículo nos planteamos las siguientes cuestiones en orden a determinar los efectos civiles de la inscripción o no del matrimonio canónico en el Registro Civil.

¿Qué sucedería en aquellos supuestos en los que ese matrimonio celebrado canónicamente no se inscribe en el Registro Civil?: En este sentido, es explícito el art. 60 del Código civil al establecer que el matrimonio celebrado según las normas del Derecho canónico o en cualquiera de las formas religiosas previstas en el artículo anterior produce plenos efectos civiles. Y el artículo siguiente en su apartado primero (art. 61.1 CC) nos reitera que el matrimonio produce plenos efectos civiles desde su celebración. Pero, ¿qué consecuencias y significado tiene la expresión utilizada en el párrafo segundo del meritado artículo cuando nos dice que para el pleno reconocimiento de los mismos será necesaria su inscripción en el Registro Civil? Pues bien, partiendo de la base de que la inscripción del matrimonio canónico celebrado en España es posible y obligada en cuanto se presente la oportuna certificación eclesiástica acreditativa de la existencia del matrimonio –certificación de la Iglesia o confesión respectiva (art. 63 CC)-, dicha inscripción puede proveerse por los interesados en cualquier momento, siendo un mero defecto subsanable.

La inscripción en puridad sólo es necesaria para “el pleno reconocimiento de los efectos civiles”; es decir, con la inscripción se producen los efectos erga homnes, se le da publicidad en orden a tutelar la buena fe de terceras personas. Por lo tanto, el matrimonio no inscrito no debe perjudicar los derechos adquiridos de buena fe por terceras personas (art. 61 CC). Y respecto al resto, son coincidentes de manera unánime la doctrina más cualificada y la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, en el sentido de calificar la inscripción con efectos ex tunc; es decir, desde el momento de su celebración y no desde el momento de la inscripción (ex nunc). Clarificadora resulta la resolución de la Dirección General de los Registros y el Notariado de 24 de mayo de 1994 (RJ/5081), que califica el hecho como subsanable si la certificación eclesiástica se presenta en el Registro competente pasados cinco días desde la celebración: Este plazo de cinco días, mencionado en el artículo 70 de la Ley del Registro Civil e indirectamente en el Protocolo final del Acuerdo, no aparece por cierto recogido en una norma posterior como es el artículo 61 del Código Civil, redactado por la Ley 30/1981, de 7 julio. La presentación tardía de la certificación eclesiástica y la demora consiguiente de la inscripción del matrimonio canónico no implica que los efectos civiles del matrimonio no se produzcan desde su celebración (cfr. artículos 61 CC y 70 LRC); lo único que ocurre es que el matrimonio no inscrito no perjudicará los derechos adquiridos de buena fe por terceras personas, pero, a salvo esta norma excepcional de protección, el matrimonio existe, es válido e inscribible y produce sus efectos desde que se celebró.

¿Qué efectos o consecuencias patrimoniales para los cónyuges tendría su inscripción tardía?: En las Comunidades Autónomas de régimen común este matrimonio, desde su fecha de celebración, tendría los efectos patrimoniales inherentes al régimen legal de sociedad de gananciales. En breve síntesis, al margen de los derechos del cónyuge viudo que se regulan en los arts. 834 y ss. CC, este hecho significa que mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, que les serán atribuidos por mitad al disolverse aquella (art. 1344 CC). Siendo bienes gananciales, según predica el art. 1347 CC, entre otros, los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges, los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales (y esto es importante en aquellos supuestos en que uno de los cónyuges sea titular un patrimonio privativo considerable).

¿Y si falleciera uno de los cónyuges sin haberse inscrito?: Puesto que la inscripción hace fe del acto del matrimonio y de la fecha, hora y lugar en que se contrae. Al margen de que la Ley del Registro Civil de 8 de junio de 1957 en su artículo 24 establece de manera imperativa que están obligados a promover la inscripción en el Registro Civil, sin demora, además del Ministerio Fiscal y de los designados en cada caso por la Ley (en este supuesto, los cónyuges), aquellos a quienes se refiere el hecho inscribible o sus herederos. En todo caso, y en aplicación del principio fundamental de igualdad ante la ley, resulta concluyente nuestro Tribunal Constitucional (STC núm. 199/2004, de 15 de noviembre) al afirmar taxativamente que considerar inexistente el matrimonio no inscrito y negar la condición de cónyuge a quien ha demostrado su válido vínculo matrimonial, pone de manifiesto que se otorga a la inscripción un valor constitutivo, lo que no resulta acorde a lo que expresamente establece el apartado 1 del art. 61 del Código Civil.

Para finalizar, hemos de recordar que para la liquidación de la sociedad de gananciales, en aquellos supuestos de divorcio, separación o fallecimiento de uno de los cónyuges, los arts. 1392 a 1410 CC regulan con minuciosidad las operaciones de formación de inventario (inventarios, deberíamos decir, al formarse por separado los bienes privativos y los gananciales), avalúo, pago de las deudas de la sociedad, pago de las indemnizaciones y reintegros a los cónyuges, división del haber remanente y adjudicación de bienes gananciales. Y, en todo caso, respecto a la sociedad de gananciales, serán de aplicación supletoria los preceptos relativos a la partición y liquidación hereditaria, según previene expresamente el art. 1410 del Código civil.

 

Más información| Código Civil, Ley del Registro Civil, STC 199/2004, 15 noviembre, 

Imagen| Código Civil

 

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