Coaching y Desarrollo Personal, Educación 


El llanto: razones y estrategias

El llanto y las rabietas de los niños/as son algunos de los comportamientos más difíciles a los que deben enfrenarse las familias, y son los comportamientos que más frustración pueden llegar a provocar. Las familias suelen sentirse desconcertadas ante muchos momentos de llanto, ante la razón que los causa o cómo deben responder a sus hijos cuando lloran.

El llanto siempre tiene razones. Nunca es capricho ni manipulación. Sin embargo, hay grandes malentendidos sobre qué se debe hacer cuando un niño/a llora. Mucha gente tiene la errónea impresión de que los niños/as se sentirán mejor si parasen de llorar. Por ello, durante mucho tiempo, se ha venido recomendando y haciendo una serie de conductas que buscaban el cese o la represión del llanto, buscando que el niño/a vuelva a un estado de calma:

  • Diciéndole que deje de llorar
  • Castigando los arrebatos (o amenazando con hacerlo)
  • Retirándole afecto o atención, aislándolo
  • Distrayéndolo con charla, música o movimiento o con juegos
  • Poniéndole algo en la boca (comida, chupete, etc.)
  • Burlándose o avergonzándose de él
  • Negando o minimizando el dolor
  • Elogiando cuando no llora
  • Haciéndole hablar o reír

Estas consideraciones son poco aconsejables, porque no importa cuál sea el origen del estrés, los niños/as no conseguirán sentirse mejor hasta que se les haya permitido llorar todo lo necesario.

Como padres, madres, abuelos/as o educadores/as, no debemos sentirnos culpables si tenemos la necesidad o tendencia de hacer callar al niño cuando llora. Esta forma de actuar a menudo viene por desconocimiento o por hacer lo que hemos visto que hacían con nosotros. También por miedo a reforzar ese comportamiento al prestarle atención. En otros casos el propio llanto infantil puede hacernos revivir el propio estrés no resuelto y la necesidad de llorar. Sin embargo, es hora de cambiarlo.

Los padres deben aceptar todas las emociones de sus hijos para poder crear un apego saludable. El llanto es una forma de comunicar las necesidades de comida, amor y protección, pero también cumple la función de liberador de estrés y de necesidad de empatía. Los niños/as utilizan el llanto para solucionar traumas y liberar tensiones y así liberarse de los efectos de experiencias que les han podido causar miedo o frustración.

Es importante responder a un niño/a que llora y no tratar de pararlo o decirle que no lo haga. El simple hecho de intentar que deje de llorar será interpretado por el niño/a como una forma de abandono emocional, ya que necesitan que los padres sean capaces de escuchar sus expresiones de enfado, pena o miedo y que sean capaces de sentir empatía.

Por tanto, cuando los niños/as lloran, debemos:

  • Asegurarnos de sí reclama alguna necesidad inmediata (y cubrirla) y de la ausencia de daño/enfermedad
  • No dejarle nunca llorando solo, esté con el hasta que deje de llorar de forma espontánea. Mírelo y acompañe el llanto y el sentimiento del niño/a desde donde cada uno lo permita. No todos desean ser cogidos o abrazados, pero hágalo si el niño lo permite (sin balancearlo o mecerlo).
  • Ofrézcale apoyo verbal y mucha escucha. Dígale: “Te quiero, te escucho, estas seguro conmigo, llorar está bien”. Intente imaginar la causa del llanto y hágale entender que comprende por qué se siente así y que quiere ayudarlo para que se sienta mejor.
  • Acompañar empáticamente, muchas veces desde el arte del silencio, sin restringir o despistar el llanto. Evitar usar el chupete como “tapón” del llanto. No debe quedar ni una lagrima contenida o pendiente.
  • Estar emocionalmente disponibles y no despistarnos en estos momentos: estar sólo en lo que estamos. Respirar hondo, relajarnos y ser consciente de las emociones que se están manifestando, empatizando, y de las emociones propias.
  • Si le rechaza el contacto físico, no se asuste, se siente lo suficientemente seguro como para mostrar sus sentimientos, pero no le rechaza. No se separe de él por ello, sino que debe hacerle entender que está con él, que ahí está seguro y acaríciele para que se sienta reconfortado. No se sorprenda si esto provoca un llanto más fuerte que antes.
  • Trate de buscar la fuente de estrés: necesidades no cubiertas, sobreestimulación, traumas y presiones evolutivas, etc.

Debemos tener especial delicadeza con los “llantos de desahogo”, es decir, momentos en los que por cosas que pueden parecer pequeñeces, se desencadenan grandes lloros. Se trata de lágrimas o dolor que pudieron quedar pendientes de ser resueltas y estos momentos merecen nuestra máxima atención y respeto. Por ello, debemos desterrar palabras o frases como: no se llora; ya vale, no ha sido para tanto; no llores más, etc., o el sonido shh, y buscar el acompañamiento y apoyo.

Es un tema complicado y con una gran importancia y relevancia en el desarrollo de los más pequeños, que remueve personal (y profesionalmente) y que debemos aprender a acompañarlo, con apropiada presencia, amor y respeto.
Vía|

Solter, A. J. (2002). Llantos y rabietas: cómo afrontar el lloro persistente en bebés y niños pequeños. Barcelona : Médici

Hoyuelos, A. (2010). Acompañar el llanto infantil. Amor y respeto. Infancia: educar de 0 a 6 años, (119), 18-29.

Imagen| apego

RELACIONADOS