25 Aniversario Caída Muro Berlín, Historia 


El lienzo de Berlín

East Side Gallery antes de su restauración

Se la conoce como East Side Gallery a pesar de que no se trata de una galería de arte convencional. Es, entre otras cosas, la galería más grande (o larga) del mundo. En ella, sobre más de mil trescientos metros de un especial lienzo, se asientan desde hace casi veinticinco años una serie de icónicas imágenes que, amén de dar belleza a un espacio carente de la misma, sirven para preservar la memoria del siglo XX. El soporte no es otro que aquel que emergiera en agosto de mil novecientos sesenta y uno para separar físicamente una Europa ya de por sí dividida entre dos mundos, el occidental capitalista y el socialista de oriente: el muro de Berlín.

Tras la caída del muro en 1989 una serie de artistas alemanes y políticos promovieron un proyecto que atrajo a más de un centenar de pintores, provenientes de todos los rincones del mundo, con la intención de cubrir el muro de la vergüenza para convertirlo en un emblema de la nueva Alemania que habría de nacer y sobre todo en un símbolo de la esperanza y buenos momentos que tendrían que caracterizar el futuro de este país.

El beso

En el muro aparecen reflejados algunos de los momentos históricos que marcaron el último tercio del siglo XX, como puede ser el famoso beso entre Breznev y Honecker que en su día representase la fuerte unión entre Alemania Oriental y la Unión Soviética. El autor de esta obra, Dimitri Vrubel, realiza una sátira de aquel beso. La escena, infrecuente en la Europa occidental y más entre dos mandatarios, es acompañada de la siguiente sentencia: “Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben” (“Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal”).

Otro de esos murales que están en el imaginario colectivo es el que diseñase la artista Birgint Kinder y en el que un coche, un trabant (el equivalente a nuestro 600 en la Alemania Democrática) para más Inri, atraviesa el muro, rompiendo la barreras de separación entre dos pueblos que debían estar unidos. Al volante, una silueta, sin rasgos, que representa al pueblo alemán del este y en la matrícula una fecha, nov-9-89, la fecha clave en lo que nos ocupa.

Andrej Sacharow

Entre los más de cien murales que componen esta peculiar galería son muchos los que se han convertido en iconos del mundo moderno y han sido infinitamente reproducidos: Las cabezas de Thierry Noir, el homenaje al premio Nobel de la paz Andrej Sacharow, o ‘Vaterland’, el mural en cuyo espacio se entremezclan la bandera hebrea con la alemana en recuerdo de los pogromos de 1938 y que pretende advertir de los posibles nuevos totalitarismos que pudieran surgir en cualquiera de los dos lados del muro.

Todas ellas han sufrido las inclemencias del tiempo y el hecho de estar expuestas a la mirada y las artes de otros conciudadanos que por encima de las pinturas originales han ido dejando su huella en forma de grafiti, declaración de amor o recordatorio. Esto, sumado a la degradación de las pinturas originales por la calidad utilizadas en las mismas y problemas estructurales en el muro, según han argumentado los mandamases berlineses, ha dado origen a una de las polémicas más importantes en la cuestión artística del muro de Berlín. Cuando en el vigésimo aniversario de la caída el consistorio propuso a los artistas la restauración de sus obras (a cambio de una cuantía aproximada de unos tres mil euros) para devolverlas a su estado primigenio, un total de 42 pintores encabezados por uno de los precursores del movimiento en 1990, Bodo Sperling, rechazaron tal medida en cuanto suponía un ataque a la identidad del muro y desvaía de todo carácter unas pinturas que, con sus añadidos, conformaban -en palabras del propio Sperling- “un trozo de la libertad ganada donde ahora, muertas y sin alma, solo sirven al dinero y a una falsa historia”. Un espacio muerto y sin alma al que incluso se atreve a comparar con Disneyland. En cualquier caso el Land berlinés, a pesar de esta oposición, decidió seguir adelante con su proyecto copiando las obras de aquellos artistas que se negaron a restaurarlas o eliminando por completo los murales dejando yermo el espacio que ocuparon. Así pues, el conflicto sigue abierto.

Test the Best, antes de su restauración

Sin embargo, más allá de cómo termine el litigio, y de lo que a día de hoy podamos encontrarnos al recorrer esta especial galería de arte, el debate que abre Sperling con sus declaraciones es interesante en cuanto debe hacer plantearnos hasta qué punto un elemento artístico ha de permanecer inalterable con el paso del tiempo. Hay quienes en su purismo desearían desmantelar las iglesias románicas de sus retablos renacentistas o barrocos y devolverlas a la sólida desnudez de su piedra. Pero, ¿es imaginable acaso la mezquita de Córdoba sin el perfil de su erguida catedral? ¿No estaríamos, pues, borrando de ella el paso de los años y por tanto eliminando parte de su historia? ¿Qué sería de la Alhambra de Granada sin el palacio de Carlos V? ¿O de la catedral de Santiago sin la imponente fachada del Obradoiro? La memoria del muro de Berlín y su significado continuará más allá de la East Side Gallery y sus repintadas obras pero ¿no se habrá arrancado parte de su historia al devolver la incorruptibilidad a una obra de arte que estaba viva y en constante transformación?

Vía|  History of the East Side Gallery

Más Información|  Entrevista a Bodo Sperling, East Side Gallery.

Imagen|East Side, El beso, Sacharow, Test the Best,

En QAH|Especial 25 Aniversario de la caída del Muro de Berlín, Antecedentes del Muro de Berlín

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