Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El laberinto de Oxkintok, el portal maya hacia el infierno y el cielo

La cultura maya ha sido una de las más en boga en los últimos años. En el 2012 nos tuvieron a todos en vilo al haber pronosticado en su calendario que se acercaba el fin del mundo. Gracias a ello, se alimentó a muchos medios de comunicación e inspiró a escritores y compañías cinematográficas para realizar sus obras.

¿Pero realmente qué sabemos de este pueblo?

Santunsat con la puerta de entrada por poniente

Santunsat con la puerta de entrada por poniente

En torno al 2000 a.C. esta gran civilización se hace notar hasta más o menos el 1500 d.C. dejando un rastro de centenares de ciudades en la zona de Mesoamérica (América Central). Su gran labor arquitectónica y artística deja en el aire la pregunta de cómo una civilización de tal magnitud pudo finalizar sin razón aparente. Fuese la razón que fuese, estos restos arqueológicos también ayudan en desmesura a dar respuesta a su ideología de vida.

Para ello nos vamos a la zona de Oxkintok, un amplio territorio que comprende tres ciudades importantes que ayudan a comprender cómo pensaban estos ciudadanos: Xanpol, Entzil y Santusant nos hablan del bagaje ideológico del universo maya, de la naturaleza y su funcionamiento en la tierra. Estos tres conceptos, a su vez, ayudaban a mantener el orden y la comprensión del mundo.

Nos detendremos en la zona del Santusant, allí donde comienzan el Principio maya. Según la creencia de esta civilización, Oxkintok, sería la primera cueva por la que salieron los primeros hombres, asociándolo así con la creación del mundo, allí donde se encuentra el ‘laberinto de Oxkintok’ (el perdedero o lugar para extraviarse).

Los mayas creían en la cosmología, en el politeísmo y sobre todo en la magia. Este edifico encerraba estas tres ideas. Elevado en torno al 300 y abandonado sin razón aparente dos siglos después, muestra una planta laberíntica que se divide en tres niveles de piedra caliza, con diversos cuadros que la recorren de forma irregular y zigzagueante. Así se nos presenta el único laberinto maya que sigue en pie en toda América, y simbolizado en él la ideología de vida de este pueblo, pues representa la distribución del mundo según la entendían. El primer nivel representaría el cielo, el segundo la tierra y el tercero el inframundo. Entrar en este lugar suponía enfrentarse a todos los demonios que habitaban en ti, pasando por los infiernos y llegando al cielo.

Laberinto

Vano de entrada por el que se accede al inframundo

Vano de entrada por el que se accede al inframundo

El valiente tendría que iniciar su travesía por el poniente, puesto que por ahí se oculta el sol, iluminando el inframundo, de ahí que nos encontremos pequeñas ventanas en este tercer nivel. Perderse traía consigo dejar que tu alma vagase perdida por el laberinto toda la eternidad. Llegar al primer nivel suponía que eras un hombre de alma puro y el regalo de poder comunicarte con los dioses. Por ello, se consideraba el lugar de iniciación de muchos h’menes (curanderos o sacerdotes), únicos en poder comunicarse con los dioses y poder emprender los conjuros mágicos.

Recorrer el laberinto era todo un recorrido simbólico, encarnando las grandes dificultades con las que tropiezan los seres humanos en el tránsito de un estado a otro. Salir de la travesía del laberinto con éxito implica cambio, transformación; pasar de la ignorancia al conocimiento, de las tinieblas a la luz. Simbología que tan solo este tipo de arquitecturas podía representar.

En definitiva, el laberinto de Oxkintok, muestra el funcionamiento de la mente de los pobladores más antiguos de Mesoamérica, el concepto del universo y el entendimiento. Un lugar que encierra una gran fuerza simbólica y que ayuda a entender cómo pensaban esta civilización que ha aportado tanto a la historia centroamericana.

http://www.youtube.com/watch?v=RMMbht1XaWE

Más información| Rivera Dorado, Miguel y Ascensión Amador Naranjo. El laberinto de Oxkintok. En VII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1993 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.600-606. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Imagen| Labolab

Vídeo| Youtube

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