Historia 


El juramento de los doctores nazis

La salud es, o debería ser, el bien más preciado que posee un ser, humano o no, ya que la calidad y la propia vida dependen enteramente de ella. Por ello no es difícil entender que la Medicina y en general todas las ciencias de la salud sean campos de conocimiento siempre en alza y que soportan grandes inversiones tanto económicas como en recursos humanos para que avancen a toda marcha y nunca se estanquen o retrocedan. Sin embargo, la Medicina es una ciencia inexacta, aunque en las últimas décadas casi se haya convertido en una matemática vital, inexacta al punto que muchas enfermedades y curaciones parecen cosa de brujería o hechizos más que de ciencia. Hemos llegado a un punto en que posiblemente daríamos cualquier cosa por tener buena salud, menos comer sano, dejar de fumar y beber o hacer ejercicio, claro. Esta razón, no impresiona que cada vez se realicen más y más pruebas y experimentos en animales con la intención de conocer los efectos de diversos fármacos y teorías científicas antes de aplicarlas naturalmente a los seres humanos, todo esto, desde luego, permite todo tipo de debates y discusiones éticas y moralistas al respecto. Pero lo cierto es que existen límites, o deben existir, hay líneas rojas que no se deben cruzar, aunque muchas veces el conocimiento exige saltarlas, quizá en todo caso flexibilizarlas, para evitarnos un rodeo de un par de décadas hasta llegar a similares resultados. El problema es que, en salud, el tiempo es vida.

Estos debates, pensamientos, dudas y titubeos mentales no son cosa nueva, ya en el siglo V a.C. el médico griego Hipócrates puso por escrito, para sus aprendices, un buen número de preceptos irrompibles que todo buen y digno médico debería cumplir hasta las últimas consecuencias: el Juramento Hipocrático. La firmeza del escrito era tan que los neófitos doctores debían jurar que siempre lo acatarían y velarían por su cumplimiento, y por ello se les recompensaría con una vida feliz y un noble desempeño de su profesión gozando del respeto de sus congéneres, si lo rompiesen el destino contrario caería sobre ellos. Así se hizo durante no pocos siglos.

Sin embargo, muchas de sus normas eran dudosas y podían ser transgredidas en parte por desconocimiento y en parte porque la expresividad y literalidad del texto no eran absolutas sino más bien interpretativas, lo que dejaba sin duda una puerta abierta. Posteriormente y ya apartadas del conocimiento médico o científico en general, se impusieron distintas regulaciones al buen ejercicio del médico, tales como la prohibición a investigar sobre cadáveres humanos, lo que sin duda no resultó fructífero para el avance de la Medicina. A pesar de ésto, su progreso fue inexorable gracias a grandes figuras tanto occidentales como orientales durante la Edad Media y Renacimiento. Ya en el siglo XVIII, la era de las luces y el conocimiento, prácticamente se suprimieron cuantas restricciones existían sobre la investigación en la Medicina, siendo fundamentalmente impuesta de forma unilateral por el científico en cuestión y su propia moralidad. Aun así, podemos decir que durante aquellos años se realizaron más bien pocas transgresiones al tiempo que se depuraron las técnicas y los ensayos científicos para llegar a un conocimiento considerablemente exacto para hallarnos hablando de hace casi trescientos años. La era napoleónica y los posteriores imperios germanoparlantes europeos (alemán y austrohúngaro) impulsaron sin medida el desarrollo de hospitales y centros especializados en investigación, destacan aquellos alemanes de mediados y finales del 1880.

Karl Brandt y Josef Mengele

El comienzo del siglo XX supuso igualmente una era donde la Medicina estaba llamada a ser la gran ciencia y fue por ello que los investigadores y muchos doctores comenzaron a dejarse llevar por pseudociencias y teorías en gran medida vistas por la perspectiva actual como absurdas, frecuentemente relacionadas con la procedencia, la evolución y las características geno y fenotípicas del hombre. Por nombrar, por aquellos tiempos aparecieron la gran mayoría de las teorías racistas (si bien tenían precedentes en otras anteriores), la eugenesia, eutanasia (no la actual) y otras tantas. Muchos notables “pensadores” (dicho sea de paso: muchos eran figuras respetadas de sus respectivos campos) del momento se aprovecharon de la antropología y la paleontología, entre otras especialidades, para explicar y dar validez a sus teorías y no a la inversa como se exige en cualquier investigación científica mínimamente seria.

Si bien no fue hasta la década de 1940 cuando se comenzaron a transgredir con saña y desprecio por la vida humana todas las líneas morales que se habían mantenido durante casi doscientos años. La extrema gravedad de la situación ya no era tanto la propia experimentación sobre seres humanos, mal vista per se, sino la magnitud y gravedades de las pruebas que se realizaban. Entre otras, podemos mencionar los estudios que pretendían descubrir el tiempo total que un ser humano era capaz de soportar sin comer, sin beber, a la intemperie, los distintos grados de congelación que podía sufrir a bajas temperaturas o altitud elevada y cómo su cuerpo reaccionaría ante ello. La reacción a la exposición a diferentes tóxicos, neurotoxinas, psicofármacos, drogas y microorganismos son ya cuestiones pormenorizadas en comparación con las anteriores. Los ahogamientos en agua de mar o la infección directa con diferentes enfermedades como la malaria, el tifus o la sífilis fueron frecuentes ya que eran eventos habituales que mermaban a sus propias tropas en el frente y de cuya curación podía provenir la propia victoria militar. En añadido, también existieron intentos delirantes y fallidos de realizar cambios sobre el color del iris de los ojos y del cabello, utilizando diversos químicos (ácidos, entre otros) a tal efecto.

Karl Gebhardt, Josef Mengele y Karl Brandt junto al busto de Hipócrates y preceptos del juramento, en alemán

De carácter más “médico” se realizaron otros experimentos relacionados con la regeneración de tejidos, huesos y nervios, las fracturas de cráneo, los traumatismos y los trasplantes (de órganos y huesos fracturados), y la esterilización química y quirúrgica. Una obsesión particular se produjo sobre los gemelos idénticos que solían ser objeto de multitud de pruebas posiblemente con intención de manipulación genética en la carrera nazi por la creación del superhombre ario o de la Herrenrasse (literalmente “la raza de los Señores”, mito neopagano germánico de los nazis). Los experimentos fueron ampliamente realizados en los campos de concentración nazis a lo largo de Alemania y Polonia, y en todos ellos sobresalieron grupos de “científicos” destacados especialmente en Dachau, Auschwitz-Birkenau, Mauthausen, Ravensbrück, Buchenwald o Sachsenhausen.

Las consecuencias de tales experimentos fueron dos. Por una parte, las directas sobre los experimentados que murieron, fueron incapacitados, torturados y mutilados y casi en la mayor parte de los casos ejecutados, para posteriormente realizar estudios post mortem sobre sus cadáveres. Los que tuvieron la suerte de sobrevivir padecieron de por vida secuelas tanto físicas como psicológicas, muchos de ellos sobrellevando una discapacidad permanente. En números, ya solo 400.000 fueron esterilizados forzosamente por el gobierno y el ministerio de sanidad nazi, y podemos estimar en miles los ejecutados o fallecidos en las pruebas o corto tiempo después.

Por otra parte, desgraciadamente los conocimientos médicos actuales y modernos sobre cómo reacciona el cuerpo humano al congelamiento hasta el punto del fallecimiento se basan casi exclusivamente en los experimentos médicos nazis, lo mismo ocurre con el controvertido reciente uso de información procedente de investigaciones biomédicas nazis sobre los efectos del gas fosgeno, las sulfamidas (como fármaco curativo frente a bacterias) o las quemaduras químicas con fósforo para estudiar cuales serían los mejores tratamientos. Otros tantos datos de estudios nazis han sido utilizados tanto en el pasado siglo como en el actual para completar investigaciones.

Los acusados durante el Juicio de los doctores

Los acusados durante el Juicio de los doctores, en Nuremberg

Con la caída del III Reich y la victoria aliada, los equipos de doctores nazis fueron detenidos y juzgados en el Juicio de los Doctores en relación con los Juicios de Nuremberg (oficialmente: USA vs. Karl Brandt, et al.), por diferentes cargos: crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidio y guerra de agresión. En los cargos se incluye la participación directa o diseño del programa de eutanasia nazi y el exterminio masivo de grupos étnicos o no enteros, como fueron judíos y gitanos, ancianos, dementes y enfermos incurables. La gran vergüenza del asunto es que 20 de los 23 acusados eran médicos de carrera, muchos de ellos al mismo tiempo oficiales nazis de las SS o las Waffen SS, con graduaciones desde teniente hasta teniente general. Los máximos artífices como Karl Brandt, Viktor Brack, Karl Gebhardt y Wolfram Sievers fueron condenados a pena capital, y otros como Oskar Schröder, Gerhard Rose, Siegfried Handloser, Karl Genzken y Fritz Fischer a cadena perpetua, aunque finalmente les fue conmutada por diferentes penas de entre 15 y 20 años de presidio. Un total de 6 fueron absueltos de los cargos y puestos en libertad, ya sea por la imposibilidad de probar que poseían cargos de responsabilidad o que actuaron directamente en los experimentos, si bien muchos podían ser conocedores de tales prácticas. Josef Mengele, probablemente el peor de todos, consiguió escapar a Brasil donde continúo con su vida en el anonimato hasta morir de un infarto cerebral en 1979.

Independientemente de su grado de culpabilidad o inclusión en los procesos de investigación nazis, los 20 doctores nazis pasarán a la historia no por haber realizado grandes descubrimientos en el noble campo de la Medicina sino de utilizar tal ciencia para llevar la miseria y el sufrimiento a miles de pacientes y por ello incumplir el más sagrado de los compromisos de Hipócrates:

Primum non nocere

Erstens nicht schaden

Primero no hagas daño

Vía|Ushmm

Imagen|Brandt, Juicio

En QAH| La leyenda negra de Pío XII y los nazis

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