Jurídico 


El juicio a Jesús de Nazaret

Conocemos la vertiente religiosa, pero no la jurídica, del juicio que podríamos denominar como el más importante de la Historia, por cuanto su protagonista marcó un antes y un después en la Historia de la Humanidad. El proceso a Jesús de Nazaret es sin duda el más célebre de todos los tiempos pero ¿La imputación y condena a Jesús se basó en un proceso judicial con todas las garantías? Según el Profesor de Derecho Romano Ribas Alba “el recorrido previo a la muerte de Jesús fue correcto de acuerdo a los criterios normativos aplicables en la época”.

” A Jesucristo no lo crucificaron ni los judíos ni los romanos sino la Ley y el Derecho”.

Si nos detenemos en analizar el contexto histórico de ese momento, la Antigua Israel estaba anexada al Imperio Romano cuyos Magistrados controlaban. La región de Judea contaba como autoridad romana con Poncio Pilatos, la de Galilea con Herodes Antipas. Por su parte, Roma asumió el carácter profundamente religioso de este pueblo y, manteniendo el Sanedrín (Consejo Supremo Judío), autorizaró a Caifás para que ejerciese la máxima representación judía. Debido a estas circunstancias políticas Jesús tuvo dos procesos interconectados entre sí: un  proceso judío, y otro romano.

Respecto al proceso judío, hay estudios que prueban la existencia de actuaciones procesales anteriores a la detención de Jesús en Getsemaní por la guardia levítica. Después de la detención, fue llevado a casa de Anás (suegro de Caifás y antigua autoridad del Sanedrín), con objeto de que el Sanedrín reunieran su quórum mínimo necesario, 23 miembros, y superar las 3 de la madrugada, hora mínima permitida para un juicio válido. Una vez reunido el Sanedrín comenzó el juicio presido por Caifás.

Desde el comienzo se hace evidente que la acusación principal es por el delito de blasfemia debido a su heterodoxia doctrinal-Jesús proclamaba ser hijo de Dios-, ello a pesar de que el mesianismo y los profetas eran muy típicos, pero no así el definirse como ser divino. El mensaje mesiánico de la divinidad de Jesús iba en contra de la ley judía.  Como prueba, se presentaron varios testigos que debían coincidir en su testimonio -mínimo dos, imprescindible para delitos que implicaban pena capital-. Al no coincidir estos, la prueba testifical se rechazó. Caifás obtiene la confesión del reo al preguntarle directamente por los hechos de la acusación y este contestar “Sí, soy yo”. Siguiendo la tradición judía, ante la blasfemia se rasga las vestiduras. Por unanimidad se condena a Jesucristo a muerte. Dicha sentencia fue ratificada por el Gran Sanedrín- 71 miembros-. El Sanedrín no era competente para ejecutar sentencias de muerte, puesto que ello estaba reservado a Roma, por lo que envía a Jesús ante Poncio Pilatos.

Una vez presentado ante el procurador romano éste idea una sagaz treta judicial, para no admitir la condena judía que se basaba en una confesión y en la imputación de un delito que tenia relación con la interpretación de la Torá que un militar no entendía, declina conocer el asunto por cuestión de competencia territorial – Jesús es de Galilea, territorio bajo la jurisdicción de Herodes Antipas-. Herodes no ve en él delito alguno y lo devuelve a Pilatos con una capa púrpura – símbolo de dignidad real- como burla por denominarse a sí mismo Rey.

Pilatos, ya con plena competencia para juzgarlo, -aunque en su opinión, Jesús no presentaba una amenaza-, comienza con un interrogatorio al acusado, directo y público ante sus acusadores judíos y el pueblo reunido en la plaza. Jesús responde a Pilatos y se presenta como Rey de los judíos, imputación gravísima, ya que implica un delito de lesa majestad (delito conectado con el delito de blasfemia judío) castigado con la pena capital. A pesar del resultado del interrogatorio, Pilatos liga el destino de Cristo a un supuesto de “favor populli” sorteando así un caso que se le estaba complicando más de lo que pensaba. Finalmente, cede a la presión del pueblo condenando a Jesús y liberarando a Barrabás. La pena que se le impuso fue la que establecían las leyes romanas para los delitos de laesae maiestatis: la crucifixión.

Quizás debido a influencias antisemitas, este proceso se ha visto siempre como arbitrario, pero siguiendo la tesis en la que nos basamos, el juicio a Jesús no fue ninguna farsa sino totalmente ajustado a la legalidad del momento.

Información| El Confidencial, ABC, “Proceso a Jesús” del Profesor Ribas Alba.

Imagen| Sanedrín, Portada

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