Patrimonio 


El Jardín Persa: el Patrimonio de los jardines islámicos

Vista del canal principal que recorre el jardín persa de “Bagh-e Shahzadeh” en Mahan, Irán

Mucho antes que la religión islámica, mucho antes de la expansión geográfica de las culturas, más al Este asiático, en el país de Irán, se encuentran nueve jardines de la civilización persa que supusieron la influencia posterior para los jardines de los califas. Fueron concebidos alrededor del siglo VI aC. y  hasta el año 2011 no fueron reconocidos como concepto de Patrimonio Mundial. A pesar de la general creencia de los jardines islámicos y andalusíes como los pioneros y originales del landscaping, reflexionamos sobre el padre de estas recientes civilizaciones y las claras trazas persas que marcaron la tendencia de esos patios que hoy tanto admiramos.

Los nueve jardines, unos en mejores condiciones de mantenimiento que otros, recogen entre sí una serie de características comunes que más tarde serán casi plagiadas por los ricos islámicos para instaurar espacios de recreo y relajación en sus palacios. El Jardín Persa es en sí menos ambicioso y más austero, permitiendo la coexistencia de los elementos básicos de la naturaleza (cielo, tierra, agua y plantas) en un entorno artificial gracias a la mano del hombre con presencia de pabellones arquitectónicos y desmesurada vegetación. El conjunto perseguía alcanzar la atmósfera del paraíso, creando un lugar idílico aislado del tormentoso mundo exterior.

Plano del jardín persa “Bagh-e Fin”, en la ciudad de Kashan, Irán

Sus características físicas son fundamentalmente el juego de geometría en su interior y la fortificación rectangular que lo delimita. Los muros que aislaban al Jardín Persa eran siempre lisos, enfoscados en blanco y lo suficientemente altos como para impedir la vista desde el exterior pero dejando ver la salvaje vegetación extramuros desde dentro. Ese enfrentamiento entre jardín perfecto, florecido y en perspectiva quería ser desafiante con el primitivo y montaraz territorio en el que se anclaba.

En cuanto a la geometría que define su interior, protagonizada por los trazos en perspectiva de sus calles, tenía como elemento clave el agua. Un gran cuadrado de agua partido en cuatro partes iguales se encontraba dominando desde el centro la distribución radial del jardín. Bautizado como Chahar Bagh, de estas cuatro láminas de agua partían estrechos canales por los que corría el riego del jardín produciendo un constante ritmo que tanto relacionamos con el descanso y la relajación.

Vista de la perspectiva en el “Bagh-e Abas Abad” en la ciudad de Behshahr, Irán

En definitiva, un sencillo encuentro de elementos básicos que más tarde fueron explotados por culturas marcadas por la ostentación, llegaron al Sur de nuestro país presentando nuevas demandas y oportunidades para seguir desarrollándose. Tras su incorporación al Patrimonio Mundial en 2011, la información y las teorías sobre estos jardines ha aumentado en consideración, pero especialmente su popularidad turística, que está poniendo en riesgo la integridad y autenticidad de los nueve espacios que se distribuyen por el país iraní. Al menos, es consuelo saber que se extiende el conocimiento del origen de estos paradisiacos jardines del Este europeo y que aclaran el posterior desarrollo particular en las culturas que los adoptaron.

 

Vía| Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco

Más información| Nominación por ICOMOS

Imagen| Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco

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