Historia 


El Islam Clásico: de Mahoma al fin de la dinastía Abasí (I)

Últimamente y cada vez con más frecuencia nos topamos en los medios de comunicación con noticias acerca del Estado Islámico, sus avances desde el punto de vista militar o las diversas atrocidades que llevan a cabo por medio de ejecuciones así como con la destrucción del patrimonio histórico-artístico de las zonas bajo su control (si Zenobia levantase la cabeza…). Un compañero nuestro ya abordó el tema del origen del Estado Islámico, por mi parte, en esta ocasión, trataré el nacimiento y expansión del Islam, la religión pero también civilización que surgió en Arabia en el siglo VII d.C. y que poco tiene que ver con el actual Estado Islámico salvo los fundamentos religiosos sobre los que se asienta.

Arabia preislámica y conquistas en tiempos de Mahoma y los Califas Perfectos

Arabia preislámica y conquistas en tiempos de Mahoma y los Califas Perfectos

Arabia tuvo un papel determinante en la génesis del Islam como proveedora de los modelos culturales y de los grupos dirigentes. Esto se debió, en gran medida, a que Arabia había sido cuna de la fe revelada y de Mahoma. En la Arabia pre-islámica encontramos un ámbito muy heterogéneo: una zona participaba de los tráficos comerciales del Índico y del Mar Rojo y en ella se configuraban reinos sedentarios y urbanos mientras que del interior de la península arábiga a la Meca prosperaba un ámbito como nudo de comunicaciones, de carácter semisedentarizado donde entraban en conflicto los valores de la vida nómada de los beduinos frente a los principios promovidos por los dueños de los negocios o quraysíes. En general, en este ámbito predominaba el mundo del desierto y la sociedad nómada beduina de carácter tribal, unidas a través de los lazos de sangre o asabiyya, donde primaban valores como el patriarcalismo, el honor o la hospitalidad y un estilo de vida nómada, pastoril y guerrero. La religión que practicaban era muy primitiva y de tipo animalista que mezclaba el respeto a lugares sagrados (astros, piedras, árboles) con la creencia difusa en dioses y demonios o yins. El Islam hubo de adaptarse a esta realidad donde predominaban los enfrentamientos y venganzas entre distintas tribus en un estado de violencia continuo motivado por los problemas de superpoblación.

Poco sabemos de los primeros años de la vida de Mahoma salvo que se dedicaba al comercio gracias al capital de su esposa Jadicha. Se cree que durante este periodo recibió las enseñanzas de un rabio o un sacerdote cristiano. Sin embargo, a partir del 610 se le considera el profeta de un dios único, Alá, el mismo dios que el del Antiguo Testamento. Durante sus años en la Meca, entre el 610 y el 622, se dedicó a la predicación de esta nueva doctrina cargada de contenido social que le llevó a enemistarse con los ricos comerciantes, los cuales consiguieron expulsarlo de la ciudad acusándolo de provocar disturbios. Es este el punto de partida de lo que conocemos como Hégira, la huída de Mahoma de la Meca a Medina junto a un grupo de seguidores. En Medina, Mahoma se atrajo rápidamente las simpatías de la población, fue nombrado jefe de la ciudad y llevó a cabo un programa de reforma social y religiosa. También inició una guerra contra los quraysíes que concluiría con la entrada de Mahoma a la Meca en el 630. A partir de este momento, Mahoma organizó un Estado con capital en la Meca, los judíos fueron expropiados y expulsados de Arabia mientras que las sumisiones de las distintas tribus se sucedían una tras otra a excepción de una fuerte reacción beduina. A la muerte del Profeta, Arabia estaba unificada bajo una nueva religión, el Islam.

La mezquita de Masjid al-Haram en la Meca durante el Ramadán. Al fondo observamos la Kabba

La mezquita de Masjid al-Haram en la Meca durante el Ramadán. Al fondo observamos la Kabba

¿Por qué la nueva fe predicada por Mahoma se convirtió en el fermento de la sociedad árabe y beduina? El Islam se configuró como una religión monoteísta y sencilla de seguir que suponía un gran atractivo para monofisitas, mazdaístas o maniqueos. La sumisión a dios, Alá se aprende a lo largo de su libro sagrado, el Corán, y por medio del estudio de los hechos del Profeta, hadit. Mahoma actuaba como el eslabón final de la cadena de revelación divina a los hombres por lo que los mensajes judío y cristiano debían sumirse a esta nueva religión. Los pilares del Islam son cinco, preceptos obligatorios a seguir por todo musulmán o suní: la profesión de fe (no hay mas dios que Alá y Mahoma es su profeta), la oración por la que cada musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a la Meca, la limosna entregada al menos una vez al año a las personas más desfavorecidas de la comunidad, el ayuno a través de la práctica del Ramadán y la peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida. Por otra parte, la yihad no era una obligación vinculante sino que se consideraba como el deber de contribuir a la expansión de la fe. Uno de sus aspectos más destacados es la declaración de igualdad de todos los creyentes en el seno de la comunidad o umma que sin embargo quedó limitada a efectos prácticos por la fuerza de las relaciones sociales vigentes.

Mahoma, en el centro y con velo, y los Califas Perfectos, del Subhat al-Akhbar

Mahoma, en el centro y con velo, y los Califas Perfectos, del Subhat al-Akhbar

Con los sucesores de Mahoma se desarrolló una primera época de conquistas territoriales. La sucesión no fue un hecho exento de tensiones entre los notables de Medina y los quraysíes de la Meca. Finalmente todo quedó resuelto con la designación de Abu Bakr como Califa en el 632, guía de la comunidad y ejecutor de la ley religiosa. Con Abu Bakr se dio una política expansiva cuyo objetivo era afianzar la unidad entre los diferentes clanes árabes, una política continuada por sus sucesores los Califas Perfectos: Omar (634-644), Otman (644-656) y Alí (656-660). En Siria y Palestina se llevó a cabo una prolongación de las redes locales gracias al apoyo de los gassaníes, a la pasividad de los grupos monofisitas y judíos y al agotamiento que venía sufriendo el ejército bizantino enfrentado a Persia. Las victorias en Adinadeyn en el 634 y en Yarmuk dos años después propiciaron la caída de Jerusalén en el 638. Un hecho que explica la facilidad de la sumisión en este ámbito fue la benignidad en las capitulaciones y el respeto hacia los dimmíes o Gentes del Libro, cristianos y judíos. La conquista de Mesopotamia fue más complicada a pesar de enfrentarse a un poder sasánida en descomposición. Gracias al apoyo de los lakmíes lograron derrotar a las tropas persas en el Eúfrates en el 635 y en Kadisiya en el 637. Estas victorias le abrieron a la nueva civilización islámica las puertas de Persia, ocupada gracias a la ayuda de terratenientes locales. El límite de la expansión en este ámbito se configuró en el Jurasán, la frontera nororiental del Imperio. Por último, en Egipto se llevó a cabo una rápida conquista.

Como consecuencia del exceso de improvisación a la hora de desarrollar una política de dominación sobre los nuevos territorios conquistados, de la paralización del expansionismo y los diferentes problemas de tipo religioso, surgieron numerosos conflictos entre Alí, yerno del Profeta y perteneciente a los siíes, y los Omeyas, quraysíes. El resultado de estos enfrentamientos fue la derrota militar y muerte de Alí y el advenimiento de un nuevo clan en el 661 al frente de la civilización islámica, los Omeyas. Pero esto es otra historia que trataremos en la próxima entrada…

Vía|KINDER, H., HINGEMANN, W., Atlas Histórico Mundial I. De los orígenes a la Revolución Francesa

Más Información|WAINES, D., El Islam

Imágenes|MapasLa Meca, Mahoma y los Califas Perfectos

En QAH|Proteger el patrimonio histórico-cultural en el territorio del Estado IslámicoLa Imagen de Mahoma en el Islam y en la Historia

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