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El inconformismo, el camino hacia la libertad

Todos conocemos ese tipo de personas que no están contentos con nada, que pueden estar meses y meses persiguiendo un objetivo y cuando lo consiguen no es suficiente, quieren más y simplemente les falta tiempo para buscar otro. Los consideramos personas caprichosas,  ambiciosas y por supuesto, les etiquetamos con otras connotaciones que de positivas tienen poco. Sin embargo, a esas personas que conocemos, personas normales que no encuentran límites a aquello que ansían, ¿podemos llamarles ambiciosos? En la mayoría de los casos no y es que el problema es que confundimos la ambición con el inconformismo.

Según la Real Academia Española, la ambición se trata del “deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama” y esas personas normales que conocemos en la mayoría de los casos no buscan conseguirlos. Es cierto que todos en cierta medida lo buscamos, pero no basamos nuestras vidas en ello y eso, es lo que haría una persona ambiciosa.
Esas personas normales lo que buscan es el dominio de una disciplina, ya sea un deporte, una habilidad o por qué no, los estudios. Esa gente a la que insultamos llamándoles ambiciosos y tratándolos de dar clases de moralidad son normalmente personas a las que en cierta medida admiramos porque controlan una materia, mientras que la mayoría de nosotros no lo hacemos. Ellos buscan el conocimiento, aprender, entender, conocer y con ello, dominar lo que hacen, en definitiva ¿no es ese espíritu inconformista el que nos ha llevado a evolucionar? Obviamente sí. Si el ser humano no naciera con esa curiosidad  no digo que ahora viviéramos en cavernas pero está claro que la gran mayoría de los avances, sobre todo científicos, no habrían siquiera visto la luz y pese lo que nos pese, son ese tipo de personas las que mueven el mundo, las que hacen que tú y que yo hoy tengamos por ejemplo salas de cine en 3D, móviles que podrían en muchas ocasiones incluso suplir a un ordenador, aviones que nos permiten cruzar el mundo en unas horas…

¿Para qué conformarnos con lo que tenemos si podemos lograr cosas aún mejores? ¿para qué limitarnos a conocer si podemos dominar? y es que ya lo decía Ortega y Gasset: Lo que más vale del hombre es su capacidad de insatisfacción”.

El inconformismo, el camino hacia la libertad

El inconformismo, el camino hacia la libertad

Cuando el inconformismo es abismal podemos confundirlo con la ambición, pero aquí es donde debemos frenar nuestras ganas de tachar despectivamente de ambicioso al inconformista y pensar ¿por qué lo hace? ¿busca poder, riqueza dignidad, fama o simplemente la libertad? Es evidente que conocer nos corta lastres y nos proporciona herramientas para avanzar o simplemente para caminar frente al resto y no tras ellos, esas personas inconformistas en el fondo ansían esa libertad y no nos equivoquemos, todos la buscamos, sólo que no todos tienen el valor de ir frente al rebaño y no en él.Aquí es cuando debemos reflexionar sobre las palabras de Platón: Hay dos formas de inconformismo: la una activa, y la otra indolente y plañidera”. Tenemos que decidir si tomamos las riendas de nuestro conocimiento o por el contrario, si nos pondremos el bocado para dejar que nos guíen.

Es cierto que nunca habrá nadie que consiga la libertad plena, no existe, vivimos en sociedad, nos necesitamos los unos a los otros y en cierta medida es enriquecedor, pero sí es cierto que a menor dependencia mayor independencia, mayor libertad, porque Nunca es poco lo que es bastante; nunca es bastante lo que es mucho” (Séneca).

Vía| Ágata Bonet Jiménez

Imagen| Masola

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