Historia 


El Imperio Romano en la Judea de Cristo (II): La crucifixión

Nazaret es una ciudad situada en el norte de Israel. El nombre aparece por vez primera en los evangelios, haciendo referencia a una pequeña aldea en la que se dice que Jesús vivió. Sin embargo, puede que los autores de los textos bíblicos relacionaran a Jesús con este lugar debido a que el término nazareno también posee múltiples connotaciones. Puede que así se conocieran a los que consagraban su vida a Dios o a los que se escondían para profesar sus ritos. De cualquier modo, aquel al que llamaban Jesús de Nazaret fue el que desencadenó una serie de acontecimientos en la Judea romana de hace dos mil años, que llevaron a la creación de una de las religiones más importantes de toda la Historia.

La vida pública de Jesús comenzó sobre todo a partir de sus treinta años de edad. En el desierto de Judea, Juan el Bautista predicaba con severos sermones que aglomeraron a muchos seguidores que acudían a escucharle y a ser bautizados por él en el río Jordán. Muchos consideran que la doctrina de Jesús fue la misma que la que el Bautista, su primo, difundía, incluyendo el entenderse a sí mismo como Mesías, tal y como Juan predicaba basándose en las profecías que difundía, la de Isaías y la de Malaquías. Juan el Bautista vio su fin siendo decapitado por orden de Herodes Antipas, rey de Galilea y Perea, tetrarca del reino de Judea. Según los evangelios, Antipas respetaba al Bautista y lo consideraba un hombre santo, por lo que nunca pensó en llegar a ejecutarlo, sino que una trama palaciega le llevó a tener que hacerlo. Trama, relacionada con el hecho que verdaderamente sí incomodaba el gobierno de la provincia, las fuertes acusaciones del predicador contra el poder y los gobernantes, especialmente contra el propio Antipas, cuya esposa lo había sido antes de su hermano.

Maqueta del Templo de Jerusalén

Maqueta del Templo de Jerusalén

El Imperio Romano, en tiempos de Tiberio, emperador entre los años 14 y 37, respetaba la práctica de todas las religiones. En Judea, Roma mantuvo el Gran Sanedrín, la asamblea suprema judía compuesta por el sumo sacerdote y setenta miembros. El Sanedrín tenía autoridad en lo que a la ley judía se refería, perteneciendo el resto de competencias a la autoridad romana. La conocida como Pasión de Cristo fue consecuencia de un juicio en el que podríamos decir que se mezclaron las leyes judías y las romanas. El saduceo Caifás, sumo sacerdote desde el año 18 al 36, y su suegro Anás, con gran autoridad dentro del tribunal, organizaron una reunión extraordinaria con el único objetivo de tratar el problema de la figura de Jesús. Pero, ¿cuál era el delito del nazareno? Jesús incumplió la ley judía en diferentes aspectos. Cometió blasfemia al proclamarse Mesías, realizaba curaciones durante el sabbath, el día en el que estaba prohibido trabajar, protagonizó episodios de altercados en el Templo de Jerusalén contra los mercaderes que lo habían invadido, o se interponía en las ejecuciones de las penas para evitar que se llevaran a cabo, como en la lapidación de la mujer adúltera que narra el Nuevo Testamento. Jesús ganaba adeptos con gran velocidad, instaurando un mensaje destinado sobre todo a los pobres y desgraciados, de quienes se rodeaba. El incremento de su importancia era tal que la cúpula judía halló en él una auténtica amenaza a su autoridad, algo que estaba ya muy lejos de las habituales charlatanerías de los muchos profetas o predicadores que recorrían las calles.

La presencia del considerado Mesías por muchos, incomodaba hasta tal punto que los líderes judíos terminaron por decidir que no habría otra solución posible que la condena a muerte del alborotador. Sin embargo, la pena de muerte sólo podía ser ordenada por la autoridad romana, por lo que era necesario acusar al predicador de un delito merecedor de tal castigo. En los textos sagrados se narra la triquiñuela a la que quisieron someter a Jesús auspiciándole a declarar contra el César en sus mensajes, preguntándole por su opinión al respecto de los tributos. “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” fue la frase con la que él respondió, no pudiendo argumentarse nada en su contra. Finalmente, su detención en el huerto de los olivos de Getsemaní fue a manos de los soldados del Sanedrín, acusándolo de blasfemia al proclamarse Mesías. Un vaivén se produjo esa misma noche cuando el acusado, ya golpeado y humillado, fue presentado no solo ante los sacerdotes, sino ante el rey Herodes y ante el procurador Poncio Pilatos, solicitándose para él la pena de muerte. La revolución causada por Jesús suponía una gran encrucijada para las autoridades. Tras varias opciones propuestas por Pilatos, como la de flagelar al reo, o incluso perdonarle la vida comparándolo con uno de los mayores criminales de la zona, Barrabás, tuvo que ordenar la pena de muerte por la acusación de sedición, al proclamarse el detenido como rey de los judíos.

Ejemplo de cruz usada en la ejecución

Ejemplo de cruz usada en la ejecución

La crucifixión era el método de ejecución más humillante que había. Algunas fuentes indican que los romanos adoptaron esta práctica de los cartagineses, mientras que otras fuentes sostienen que la crucifixión resultó tras un proceso evolutivo que tuvo su origen en antiguas maneras de ejecución que consistían en colgar al condenado de un árbol, o clavarlo al mismo. La crucifixión no solo estaba destinada a dar muerte al condenado, sino que se trataba de un ritual humillante y sobrecogedor que buscaba desprestigiar al ejecutado, y mostrar las consecuencias del incumplimiento de las leyes a la población. El condenado era crucificado desnudo o con apenas unos trapos, y todas sus pertenencias pasaban a manos de los funcionarios encargados de llevar a cabo la ejecución. Normalmente, los pelotones de ejecución estaban formados por cuatro soldados y un centurión, y también los evangelios hablan de este tipo de prácticas cuando narran cómo la túnica de Cristo fue echada a suertes entre los soldados mediante una partida de dados. La muerte en la cruz podía llegar a las pocas horas o incluso alargar la agonía varios días, dependiendo del estado del crucificado, sobre todo en base a las torturas previas. A pesar de que muchas podían ser las causas de la muerte, lo más común es que fuera la asfixia la que acabara con la vida del condenado. Sin embargo, existen casos documentados de supervivientes, como los aportados por el historiador del siglo I Flavio Josefo, quien dejó testimonio de que solicitó el perdón para unos amigos que descubrió ya crucificados, pudiendo salvarles la vida.

Ni mucho menos finalizó en la cruz la doctrina de Jesús de Nazaret, sino que, en el año 313, con el Edicto de Milán, el emperador Constantino legalizó la religión cristiana tras su severa persecución, y años más tarde, en el 380, con el Edicto de Tesalónica, el emperador Teodosio la convirtió en la religión oficial del Imperio.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| El Confidencial

Imagen| Templo, Cruz

En QAH| El Imperio Romano en la Judea de Cristo (I): La provincia

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