Historia 


El Imperio Romano en la Judea de Cristo (I): La provincia

Para establecer un punto de inicio de la configuración de lo que llegaría a convertirse en la Judea de Jesucristo, podríamos remontarnos a lo que se conoció como la Revuelta de los Macabeos, iniciada en el año 167 antes de Cristo. Este movimiento de liberación surgió para luchar contra el dominio helenístico del imperio seléucida sobre los territorios judíos de la denominada Tierra de Israel. Los macabeos recibieron este nombre por el apodo de uno de los líderes de la revolución judía, Judas Macabeo, del arameo maqqaba, “martillo”, por su ferocidad en la batalla, hijo del sacerdote Matatías. Tras varias batallas en las que los macabeos demostraron gran destreza en el arte de la guerra, el ejército sirio fue vencido y se logró la independencia de los reinos judíos, instaurándose de nuevo los ritos judíos y nombrándose a Jonatán Macabeo como sumo sacerdote tras la muerte en combate de su hermano Judas, en el 160 antes de Cristo. Fue en el año 142 antes de Cristo cuando, bajo el reinado de Simón Macabeo, último hijo de Matatías, se fundó la considerada dinastía asmonea, en el mismo año en que el rey de Siria, Demetrio II, otorgó al reino judío plena independencia política, que se sumaba a la ya conseguida independencia religiosa. Los asmoneos permanecerían en el poder hasta el año 37 antes de Cristo, pero los últimos 23 años no gobernaron bajo autonomía judía, sino ya bajo el dominio del Imperio Romano.

Pompeyo profana el Templo de Jerusalén. Jean Fouquet. Siglo XV.

Pompeyo profana el Templo de Jerusalén. Jean Fouquet. Siglo XV.

Cuando en el año 63 antes de Cristo el cónsul de la República de Roma, Cneo Pompeyo Magno, se hizo con el control del Ponto tras vencer a Mitrídates VI, se dirigió a Judea para asegurar esos territorios, encontrándose con el enfrentamiento entre los hermanos Hircano y Aristóbulo. Hijos del sumo sacerdote Alejandro Janneo y de su esposa Salomé Alejandra, iniciaron una disputa por el trono a la muerte de sus padres. Ambos se erigieron reyes en diferentes territorios, bajo los nombres de Hircano II y Aristóbulo II, apoyados respectivamente por los fariseos y los saduceos, ambos grupos judíos con distintas pretensiones. La primera intervención romana en esta zona fue dos años antes, sencillamente para acudir en ayuda de Aristóbulo cuando éste se encontraba sitiado en Jerusalén. El tribuno militar de Pompeyo, Marco Emilio Escauro, encargado de estudiar la situación de la guerra civil judía, optó por aceptar la suculenta recompensa de cuatrocientos talentos de oro de Aristóbulo ofreciéndole su ayuda por medio de amenazas a los sitiadores. Finalmente Hircano, que estaba siendo ayudado por el rey nabateo Aretas III, levantó el sitio. Muchos cambios sufriría el trono judío desde este momento. Pompeyo tuvo que mediar en la trifulca judía cuando a él acudieron Aristóbulo, Hircano y una delegación representante del pueblo judío para exponer sus ideas de gobierno. El primer gran cambio sucedería cuando Pompeyo entró en Jerusalén profanando el Templo y convirtiendo a Judea en un protectorado de Roma, con Hircano como Sumo Sacerdote. Aristóbulo y su familia fueron enviados a Roma como rehenes. Judea pasó a estar entonces bajo la autoridad romana, pero los problemas dinásticos no se terminaron, y en el año 60 antes de Cristo, Alejandro, hijo de Aristóbulo, escapaba de Roma, de igual modo que su padre lo conseguiría cuatro años después. Sus fuerzas se dirigieron contra Aulio Gabinio, militar romano que representaba verdaderamente al enemigo a derrotar para acabar con Hircano en Judea. A pesar de lograr varias victorias, fueron derrotados pocos años antes de que Roma sufriera la turbulenta época protagonizada por la victoria de los partos frente a Marco Licinio Craso, y por la guerra civil entre Pompeyo y Julio César. Aristóbulo fue envenenado en Roma y su hijo Alejandro decapitado en Antioquía, bajo una de las últimas órdenes que Pompeyo daría, antes de que César saliera victorioso y nombrara etnarca a Hircano, algo así como líder de los judíos, siempre bajo autoridad de Roma.

Matanza de los Inocentes. Bajorrelieve en la cartuja de Pavía. Dionigi Bussola. Siglo XVII.

Matanza de los Inocentes. Bajorrelieve en la cartuja de Pavía. Dionigi Bussola. Siglo XVII.

Años más tarde, durante el segundo triunvirato, Marco Antonio nombró etnarca al que llegaría a convertirse en el rey Herodes I el Grande. Pero los partos ocuparían Palestina en el año 40 antes de Cristo y nombraron rey a Antígono, segundo hijo de Aristóbulo. Herodes recuperaría el poder con creces, pues cuando Roma derrotó a los partos mediante la intervención de Cayo Sosio, se convirtió en rey en el 39 antes de Cristo. Roma llegó a calificar a Herodes como “rex socius amicusque populi romani”, o “rey aliado y amigo del pueblo romano”. Atendiendo a los textos de Flavio Josefo, sabemos que Herodes fue un sanguinario monarca y no dudó en ordenar asesinatos contra aquellos que creía que representaban una amenaza. Pidió a Marco Antonio que ejecutara a decenas de personas una vez llegó al poder, para asegurar su supremacía, incluyendo incluso a miembros de su propia familia. De igual modo, cuando la cúpula del poder de Roma cambió a manos de Octavio Augusto, consiguió mantener su posición para seguir ordenando ejecuciones. No es raro, pues, que protagonizase el relato de la Matanza de los Inocentes, narrado en el Evangelio de Mateo, mandando asesinar a todos los niños varones nacidos en Belén menores de dos años, al detectar una nueva amenaza, en este caso la que suponía el nacimiento de un niño que según las profecías llegaría a ser rey. Es probable que este episodio estuviera inspirado por la reputación sádica de Herodes. De ser cierta esta historia, hubo de suceder aproximadamente en el año 4 antes de Jesucristo, año en que Herodes murió, y año en el que en realidad podríamos situar el verdadero nacimiento de Jesucristo. A su muerte, el reino de Judea fue dividido en cuatro partes gobernadas por cuatro hijos de Herodes, que se convirtieron en tetrarcas siempre bajo la intervención de Roma.

Aún bajo el gobierno de César Augusto, Judea se convirtió verdaderamente en provincia romana cuando varios territorios más fueron anexionados, formándose de esta manera Iudaea. Independientemente de la figura del rey, la provincia pasó a estar gobernada por un prefecto. El prefecto era un oficial romano con poderes tanto militares como civiles. Sin lugar a dudas, de entre los prefectos de la provincia de Judea destacó especialmente el quinto de ellos, que ejerció su cargo entre los años 26 y 36. Su nombre, Poncio Pilato. Un nombre íntimamente ligado al del personaje cuya muerte se convirtió en uno de los episodios más importantes no solo de su administración, sino de toda la Historia. Jesús de Nazaret.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Artehistoria

Imagen| Cuadro, Bajorrelieve

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