Especial I Guerra Mundial 


El hundimiento del Lusitania

Un gigante de las aguas

RMS Lusitania en 1907.

A comienzos del siglo XX, dos compañías navieras británicas, la Cunard Line y la White Star Line pugnaban por el dominio del transporte de pasajeros en el Atlántico entre Europa y los Estados Unidos. La Cunard fue la primera en adelantarse con el diseño y la botadura de una nueva serie de grandes y lujosos transatlánticos. El primero en ser botado fue el RMS Lusitania en junio de 1906. Sus 240 metros de eslora y 11 de calado le convertían en el mayor transatlántico que jamás había surcado los mares. Tenía 4 turbinas de vapor Parsons y 25 calderas que propulsaban 4 hélices de tres palas que le otorgaban una velocidad máxima de 26 nudos.

Cuando la guerra estalló en 1914, tanto el Lusitania como su buque hermano, el Mauretania, fueron propuestos para su uso militar por parte de la Royal Navy, puesto que parte de la subvención de los buques de la Cunard había sido aportada por el almirantazgo británico. En un inicio se planteó que ambos buques fueran transformados en cruceros auxiliares armados, pero su gran tamaño y el carbón que consumían hizo que esta opción fuera desaconsejada, y ambos barcos fueron liberados de este servicio. El Lusitania regresó al transporte de pasajeros en el Atlántico.

La última travesía del Lusitania.

A comienzos de 1915, el Lusitania cumplía casi 8 años de servicio sin haber sufrido ni un solo percance y habiendo transportado a más de un cuarto de millón de pasajeros en el Atlántico.

El 23 de abril la embajada alemana en Washington publicó a través de más de 50 periódicos un mensaje a los ciudadanos estadounidenses de los peligros de embarcarse en un viaje a través del Atlántico en un buque de bandera inglesa y de las posibilidades de que el buque resultara hundido por la campaña de guerra submarina. A pesar de los avisos, unos 188 pasajeros americanos embarcaron a bordo del Lusitania cuando este zarpó de Nueva York el 1 de mayo, con un total de 1265 pasajeros y una tripulación de 694. A cargo se encontraba el capitán William Thomas Turner.

El Lusitania navegando cerca de Liverpool.

En Queenstown, el vicealmirante Charles Henry Coke, consciente del peligro que suponía la intensa actividad submarina por los informes que recibía, decidió mandar un mensaje a todos los buques que se encontraban en la zona, incluido el Lusitania, a las 7:50: “Submarinos en acción frente a la costa meridional de Irlanda”.

A las 11:00, ante nuevos avisos de avistamiento de submarinos, Coke envió un mensaje al Lusitania que fue recibido a las 12:30, en el que se le ordenaba poner rumbo hacia Queenstown de inmediato, por lo que el capitán Turner ordenó un cambio de rumbo para aproximarse más a tierra.

A las 14:00 de la tarde, al mismo tiempo que el Lusitania divisaba el promontorio Kinsale, cerca de Cork, y mientras a bordo se servía el segundo turno de almuerzos, el capitán Walther Schwieger, del submarino U-20, divisaba las grandes chimeneas del transatlántico. El capitán anotó en su cuaderno de bitácora: “…un bosque de chimeneas y mástiles… El barco parece ser un buque de pasajeros de grandes dimensiones”. Cuando el Lusitania se aproximaba al promontorio de Kinsale, Turner ordenó un nuevo cambio de rumbo para alejarse de la costa, colocándose sin saberlo justo delante del submarino.

A las 14:12, cuando se encontraba a pocos metros, Schwieger ordenó disparar un torpedo que alcanzó al Lusitania por el lado de estribor, por detrás de la zona del puente. La explosión inicial del torpedo fue seguida de una segunda explosión más fuerte.

Varios submarinos alemanes en el puerto de Kiel. El U-20 es el segundo desde la izquierda.

Las violentas explosiones hicieron que el agua entrara con mucha fuerza, haciendo inservibles los compartimentos estancos. Inmediatamente el buque comenzó a escorarse hacia estribor por la proa. Los botes salvavidas de ese lado se descolgaron de los pescantes debido a la inclinación. En el lado de babor los botes se encontraban colocados sobre la cubierta, lo que dificultaba bajarlos al mar.

En pocos minutos la escora del barco alcanzó los 25 grados, lo que dificultaba la preparación de los botes, e incluso el poder mantenerse de pie sobre la cubierta. La gente intentaba llegar desesperadamente a la zona de popa, la parte más alejada del agua en ese momento. La escora era tal que las hélices, aun girando, ya se encontraban fuera del agua. Poco después la proa del barco chocó con el fondo del mar, quedando la popa erguida unos 45 grados.

18 minutos después del impacto el Lusitania se hundió a 90 metros de profundidad. Solo 7 de sus 48 botes salvavidas lograron ser lanzados con éxito al mar. Cientos de personas quedaron atrapadas en el interior del buque, otros murieron poco después al quedar expuestos a las frías aguas. En total 1198 personas perdieron la vida.

El capitán Turner se salvó en el hundimiento y fue acusado por la prensa de cobarde. Fue juzgado por Lord Mersey (el mismo que se encargó de las investigaciones del hundimiento del Titanic), pero fue absuelto. A pesar de la opinión pública, la Cunard no lo destituyó y siguió en servicio. Dos años más tarde se le entregó el mando del transatlántico Ivernia, que fue hundido por torpedos alemanes en 1917, salvándose de nuevo al saltar por la borda. A partir de entonces la Cunard lo relegaría a labores administrativas.

Las controversias

Aunque suele indicarse el hundimiento del Lusitania como una de las causas de la entrada de los Estados Unidos en la guerra, esta no debe ser considerada como una causa inmediata, puesto que no entrarían en la guerra hasta dos años después, siendo mucho más determinante el incidente del Telegrama Zimmerman. Pero si puede afirmarse que la muerte de casi 140 estadounidenses a bordo del Lusitania puso a la opinión pública del país en contra de Alemania.

Pintura alemana con el ataque sobre el Lusitania.

Desde el hundimiento son numerosas las controversias que han aparecido respecto al hundimiento. Una de las más comentadas es si realmente el Lusitania transportaba un cargamento de armas y municiones para Gran Bretaña. La hipótesis de que el submarino lanzara un segundo torpedo que explicara la segunda gran explosión ha quedado descartada, y la presencia de municiones en la bodega podrían explicar esta segunda deflagración.

En 1990, Robert Ballard, famoso por ser el descubridor de los restos del Titanic, llevó a cabo una investigación de los restos del Lusitania. Entre los restos del casco puede observarse un enorme boquete causado por una enorme explosión de dentro a fuera.

 

En colaboración con QAH|La Gran Guerra: Sangre, Barro y Trincheras.

Vía| Larson, Erik: Lusitania: el hundimiento que cambió el rumbo de la historia. Ariel, 2015; Preston, Diana: Lusitania: An Epic Tragedy. Waterville, 2002.

Imágenes| Lusitania 1907, navegando, U-20, pintura.

En QAH| Especial Primera Guerra Mundial (1914-1918)

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