Cultura y Sociedad, Historia 


El hombre y el mar en tiempos de Felipe II

Desde tiempos de los Reyes Católicos, hay un intento claro por parte del poder dominante de incentivar las empresas navales y aprovechar las posibilidades que el mar ofrecía tanto para cuestiones económicas como para iniciativas de carácter militar. Carlos I imperator heredó el impulso que sus abuelos imprimieron a la navegación hispánica, no obstante y careciendo de una marina nacional, no pudo más que alquilar o requisar directamente barcos a particulares, por ejemplo, para el establecimiento de relaciones comerciales con otros territorios. El gran salto cualitativo del mundo náutico dentro del Imperio español tuvo lugar ya en tiempos de Felipe II, sobre todo a partir de 1562, momento en el que se puso en marcha un ambicioso programa de construcción naval. Se crearon nuevos prototipos (galeoncetes) y se iniciaron negociaciones con los Países Bajos, de donde comenzaron a importarse ingentes cantidades de madera. Al margen de sus excelentes resultados, dicha política implicó un enorme coste económico para las arcas de la monarquía.

Galera española

Galera

Este desarrollo significó una diversificación de las embarcaciones, que fueron adaptando sus características y fisonomía dependiendo de sus aguas de servicio. Así, quedaron asignados al Mediterráneo aquellos barcos más pesados y con mayor capacidad de carga, por ejemplo, galeras, galeazas, bergantines, jabeques o polacras, reservándose para el Atlántico embarcaciones más ligeras y capaces de aprovechar mejor la fuerza del viento como es el caso de galeones, pinazas, chalupas, bajeles o urcas. En estos navíos se enrolaron miles de hombres de fortuna o de infortunio, como aquellos que habían sido condenados a morir en vida sujetando el remo de una galera, «gente de cabo», artilleros, marineros, aventureros y soldados que protagonizaron algunos de los episodios más gloriosos de la Historia de España.

Bajel

Bajel

Para el inicio de una empresa naval, era necesario contar con un grupo de hombres a los que o bien se reclutaba, prometiéndoles «el oro y el moro», o bien se contrataba, asignándoles unos honorarios que, en la mayor parte de los casos, no cubrían el sufrimiento derivado de las travesías marítimas de aquel tiempo.Asimismo, era imprescindible dotar al barco de una serie de vituallas (comida) y bastimentos (instrumentos para la navegación). Hacerse a la mar exigía un importante desembolso, circunstancia que solo permitía salir de puerto a aquellas expediciones con (aparentemente) altas garantías de éxito.

            La vida en alta mar era extremadamente dura y las condiciones de alojamiento en las bodegas del barco iban empeorando progresivamente conforme pasaban las semanas. La higiene era escasa y la alimentación deficiente pues los productos frescos, bastante escasos por otra parte, no tardaban en pudrirse. Ello hacía que la situación fuera muy propicia para el desarrollo de males como el escorbuto habituales entre la marinería, producido por la carencia de vitamina C. La dieta, además de pobre, era bastante rutinaria y poco variada. El menú de los galeotes consistía en un bizcocho a la hora de la comida y la llamada «mazamorra» para cenar, una especie de sopa con trozos de bizcocho. El tiempo libre se empleaba jugando al ajedrez o a los naipes, pescando, nadando, leyendo o haciendo teatro.

            La muerte será una compañera habitual en toda expedición marítima pudiendo llegar a hacer acto de presencia no solo a causa de una tempestad que hundiera el barco sino también por los efectos del mareo permanente, la fiebre, las infecciones o la acción devastadora de enfermedades como la gangrena o la disentería. Esta circunstancia hará que la religiosidad a bordo sea muy profunda, quedando patente incluso en la propia fisonomía del navío, cuya popa era frecuentemente decorada con motivos religiosos.

 

Vía| CASADO, J. L. (1988): Los barcos españoles del siglo XVI y la Gran Armada de 1588. Madrid: San Martín.

Más Información| MARTÍNEZ, J. L. (1983): Pasajeros de Indias. Viajes trasatlánticos en el siglo XVI. Madrid: Alianza Editorial.

Imágenes| Galera española; Bajel.

En QAH|  Términos y expresiones marineras para gente de secano

 

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