Historia 


El hombre en busca de sentido (III)

Finalizamos hoy nuestra aproximación a la obrita de Frankl, explicando sus últimas páginas, referentes a la logoterapia.

La tristeza del liberado era tal que no se reconocía como hombre libre, sino como hombre “amargado y desilusionado” de ver que todo lo sucedido era de verdad. No se trataba de despertar de una pesadilla, sino de comprobar que la pesadilla había sido una larga carga que muchos otros compartían.

Las últimas páginas de El hombre en busca de sentido están encaminadas a resumir la logoterapia. El autor centra su teoría en la existencia humana, el significado de tal concepto es capital para el psiquiatra.. Para el austríaco, el hombre debe indagar en su existencia, no inventarla. No obstante, el hombre puede encontrar una honda frustración

La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una racionalización secundaria de sus impulsos instintivos. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; únicamente así logra alcanzar el hombre un significado que satisfaga su propia voluntad de sentido.

Preguntarse por el sentido (sin concretar) de la vida no sería oportuno. No llegamos a ninguna respuesta coherente y certera. No se puede responder de manera general una pregunta que necesita ser delimitada. El sentido de la vida es diferente en cada uno de nosotros, todos tenemos un entorno en el que nos desarrollamos y en cada uno tenemos unas maneras de actuar. Los problemas de cada uno debemos resolverlos particularmente. Con responsabilidad es la mejor forma de afrontar el devenir. En la dicha responsabilidad, la logoterapia encuentra la esencia de la existencia humana.

La logoterapia intenta hacer al paciente plenamente consciente de sus propias responsabilidades; razón por la cual ha de dejarle la opción de decidir por qué, ante qué o ante quién se considera responsable. Y por ello el logoterapeuta es el menos tentado de todos los pscioterapeutas a imponer al paciente juicios de valor, pues nunca permitirá que éste traspase al médico la responsabilidad de juzgar.

Mediante la logoterapia, se insiste en la necesidad de abrir los ojos para abarcar el máximo espacio posible. El especialista en logoterapia no quiere predicar ni adoctrinar. La verdad llega a puerto siempre. El sentido del mundo debe localizarse alrededor del hombre, no en su interior. Por tal motivo se debe rehuir de la autorrealización, ya que concebir como objetivo esencial la autorrealización es el primer paso a la frustración. Nada más claro para Frankl: En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia.

Nuestro autor dice que el sentido de la vida siempre está cambiando, es decir, constantemente. Se puede clasificar en tres grupos la manera de descubrir el sentido de la vida: realizando una acción, teniendo algún principio o a través del sufrimiento.

El tercer tipo (mediante el sufrimiento) es el que más interesa a Frankl. Explica un anécdota que le sucedió con un amigo que sufría una profunda depresión. Sentía mucho aprecio hacia su persona, y el tormento que le provocaba la muerte de su mujer (dos años antes) lo incitó a ayudarle.

(…) le espeté la siguiente pregunta: “Qué hubiera sucedido doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido” “¡Oh!”, dijo “¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!” A lo que le repliqué: “Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte”.

Al encontrar un sentido al sufrimiento, es más llevadero, incluso puede extinguirse con el paso del tiempo. Con el cambio de perspectiva, cambió la actitud de su amigo, hallando un sentido a su pena, haciendo llevadero. Ahora seguía destrozado por la perdida de su esposa, pero tenía sentido sufrir. Vuelve el recuerdo a su reclusión en los campos de concentración. Nos dice que no daba crédito a la pérdida del manuscrito de su libro, pero en su lugar, encontró una página que tenía un escrito. ¿Cualquier escrito? No. En sus manos tenía el texto de la oración judía Shema Yisrael.

Las preguntas de sus compañeros eran de tipo ¿sobreviviremos a este campo? Pues si no, este sufrimiento no tiene sentido. Estaban muy carentes de sentido. La suya era algo diferente: ¿Tienen todo este sufrimiento, estas muertes en torno mío, algún sentido? Porque si no, definitivamente, la supervivencia no tiene sentido, pues la vida cuyo significado depende de una casualidad en último término no merece ser vivida.

Al final de su obra, Frankl asegura que el vacío existencial es la enfermedad mental dominante en nuestra época. La falta de horizontes carga al hombre con un sufrimiento, culpa y temores muy peligrosos. La teoría de la nada deja al hombre desnudo. El hombre se determina a sí mismo, decide los pasos que da. El entorno existe, pero cada uno decide su camino. El ser humano es un ser que puede autogestionarse, siempre con responsabilidad.

Frankl acaba su obra mencionando la dignidad de los enfermos, en tanto que seres humanos. Por tal motivo, la psiquiatría debe humanizarse. Los médicos no son técnicos. La generación en la que está insertado Frankl ha conocido lo peor y mejor de la humanidad. El hombre, a pesar de ser finito, es capaz de lo mejor y lo peor. Toda la obra, se resume en el párrafo final, que también había citado en la parte final del primer apartado.

Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras de con la cabeza erguida y el Pardrenuestro o el Shema Ysrael en sus labios.

 

Vía| FRANKL, V.E, El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 1979.

Imágenes| Imagen 1, portada libro

En QAH| El hombre en busca de sentido I y II

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