Historia 


El hombre en busca de sentido (I)

Cada mes descendemos a las profundidades de la historia, nombrando algunos personajes para organizar el fragmento del relato. Sin embargo, hoy iremos más allá de nombres concretos. Mediante la obra El hombre en busca de sentido de Viktor Emil Frankl, indagaremos en los pensamientos que invadieron al autor, durante su reclusión en un campo de concentración. Unos pensamientos que le salvaron la vida y le permitieron aguantar lo inaguantable. Se acerca la época del consumismo desenfrenado, del gasto sinsentido, de los excesos, además del cambio de año para marcarse nuevos caminos. Nada mejor que las reflexiones del profesor Frankl para afrontarlas. Acabar un año y empezar otro, de la mano del pensamiento de tal erudito, únicamente puede fortalecernos.

Viktor E. Frankl nació en la Viena de principios de siglo XX (1905) y murió en la misma ciudad, en los últimos compases de la misma centuria (1997). Sus padres eran judíos. Su madre procedía de una familia aristocrática de Polonia, mientras que su padre desempeñó cargos de alto funcionario en el Ministerio de Educación austríaco.

Frankl obtuvo la licenciatura en Medicina en 1930. Seis años después (en 1936) consigue la especialización en psiquiatría y neurología. Hasta 1938 (desde 1928) se hará cargo de la Centro de Prevención de Suicidios en Viena, además de estar en relación con instituciones que se ocupaban del ámbito mental.

Su excelente carrera profesional se vio truncada (como otros muchos intelectuales y profesionales de la época) por el nazismo. En 1940, en plena II Guerra Mundial, acepta la dirección de la sección de neurología del Hospital de Rothschild, que atendía únicamente a judíos. El centro se mantuvo abierto gracias a la intervención de Otto Pötzl, una ilustre figura de ciencia en el momento.

Viktor E. Frankl

Viktor E. Frankl

1942 sintetizó lo mejor y lo peor en la vida de nuestro protagonista. Contrajo matrimonio con Tilly Grossner a principios de año pero la felicidad del nuevo matrimonio chocó con la triste, dura e irremediable realidad. Excepto su hermana Stella (que pudo escapar a Australia) toda su familia fue detenida y conducida a diferentes campos de concentración, antes de acabar 1942.

Al verse privado de su libertad, inicia el relato en su obra. El hombre en busca de sentido es una obra que explica el nacimiento de la logoterapia desde el conocimiento personal de los campos de concentración. El objeto de la vida es un tema muy controvertido, por eso Frankl expone una cita del filósofo Nietzsche: “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. Al fin y al cabo, todo el texto de Frankl está encaminado a dar sentido a la existencia cuando prácticamente la han eliminado. La corta pero muy profunda obra de Emil Frankl, tiene sus particularidades frente a otras de los demás existencialistas. Tiene un tono cálido, cargado de confianza, certidumbre e ilusión. Desoye y esquiva la fuerza destructora del mal.

A medida que el tren de prisioneros se iba acercando a su destino, el malestar de los componentes del vagón iba transformándose en inquietud y desesperación. El aspecto de los prisioneros que recibió el convoy donde iba Frankl lo tranquilizó. Su aspecto era menos desagradable de lo imaginado. La “ilusión del indulto” lo atrapó momentáneamente. El tren de camino al campo de concentración era una muestra ínfima de lo que sucedería una vez internados. Fueron despojados de su vida anterior, cortando hasta el último pelo de su cuerpo. Casi no se reconocían a ellos mismos al terminar la sesión. Como se ha dicho más arriba, se iniciaba la deshumanización, la regresión de personas a animales.

“El carácter del hombre quedaba absorbido hasta el extremo de verse envuelto en un torbellino mental que ponía en duda y amenazaba toda la escala de valores que hasta entonces había mantenido. Influido por un entorno que no reconocía el valor de la vida y la dignidad humanas, que había desposeído al hombre de su voluntad y le había convertido en objeto de exterminio (…) el yo personal acaba de perdiendo sus principios morales (…) su existencia se rebaja al nivel de la vida animal”.

El impacto inicial del recién llegado se desvanecía con los días. La idea de ser liberado caían en el olvido más miserable. La nostalgia por la vida anterior desaparecía. Habituarse al campo de concentración consistía en la “muerte emocional” del prisionero. Tal estado de animo consistía en no inmutarse ante las barbaridades que pudieran suceder a sus compañeros. Ver prisioneros hundidos en el fango, ensuciados de excrementos, con heridas sin curar, suplicando, recibiendo latigazos no producía ni el más mínimo gesto por parte de sus más cercanos compañeros. Frankl tampoco fue ajeno a las reacciones psicológicas que describe.

Entrada a Auschwitz

Entrada a Auschwitz

“Las ilusiones que algunos de nosotros conservábamos todavía las fuimos perdiendo una a una; entonces, casi inesperadamente, muchos de nosotros nos sentimos embargados por un humor macabro. Supimos que nada teníamos que perder como no fueran nuestras vidas tan ridículamente desnudas. Cuando las duchas empezaron a correr, hicimos de tripas corazón e intentamos bromear sobre nosotros mismos y entre nosotros. ¡Después de todo sobre nuestras espaldas caía agua de verdad!”

Así como avanza el relato vamos profundizando en lo más íntimo del ser humano. Uno de los fragmentos más personales e intensos lo encontramos al narrarnos Frankl el recuerdo de su mujer. En el infierno, existía un cielo, un cielo que era lo único que no podía prohibirle, un cielo que contemplaba cada mañana mientras amanecía, donde proyectaba la cálida mirada de su querida. No se trataba de pensar en encontrarla en un futuro, su corazón seguía latiendo al recordar sus gestos más tiernos, incluso poder conversar con ella, aunque fuera únicamente en su mente. Es decir, traer a la memoria los momentos más dulces y verdaderos de su vida pasada. Debió repetir más de una vez, para continuar respirando.

“La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre (…) la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad –aunque sea sólo momentáneamente– si contempla al ser querido. Cunado el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente –con dignidad– ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido”.

 Más información | FRANKL, V.E, El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 1979.

Imágnes | Viktor Frankl, entrada a Auschwitz

En QAH| La arqueología nazi y el mito de la gran Germania

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