Historia 


El Hombre del Saco asusta, y no poco

El hombre del saco

El hombre del saco según Martín Olmos

Existen diversos personajes con los que asustar a un niño pequeño, siendo uno de los más tradicionales “el hombre del saco”, una figura que quizás no nos parezca tan terrible, a un niño de hoy en día no le da mucho miedo que digamos, pero ¡debería! Este elemento de nuestra tradición popular toma partida de unos hechos reales que veremos a continuación, los cuales no dejan indiferente a nadie. Si es usted una persona sensible, le recomendamos que no siga leyendo. Nos vamos a Almería a pasear por el lado más oscuro de la España rural.

En Gádor, un municipio de Almería que por 1910 tenía unos 800 habitantes, vivía Francisco Ortega “El Moruno”, que vivía con su mujer y sus hijos en un cortijo. Otros vecinos involucrados en esta historia eran residentes en un cortijo cercano, Pedro Hernández y Agustina Rodríguez y sus hijos, José y Julio. Francisco Leona, vecino residente en el pueblo, era curandero; y por último, tenemos a Bernardo González, un niño de la zona. Estos son los principales actores en lo sucedido.

A continuación iremos reproduciendo fragmentos literales de la crónica que el diario ABC hizo sobre lo acontecido:
Francisco Ortega estaba enfermo por lo que pidió consejo a Francisco Leona, que le indicó lo que debía hacer: “El remedio es sencillo, con que beba la sangre caliente de un niño y con que le pongáis después las mantecas del propio niño sobre la tapa del pecho, ya está curado.”

Tras esto, el curandero y Julio fueron a capturar al niño que se encontraba jugando con otros muchachos, y tras engañarlo para llevarlo con ellos, lo metieron dentro de un saco para transportarlo al lugar pactado. En la casa se encontraban Agustina, el Moruno y José, que llegó más tarde. A partir de aquí se desata el horror, que la noticia de prensa describe de manera muy explicita:

Algunos de los protagonistas según ABC

“A las nueve de la noche llegó José Hernández a su casa, donde esperaban los cuatro asesinos, y procedieron al sacrificio del pobre niño. Entre Julio Hernández, su hermano Tosé (José) y su infame madre Agustina sujetaron a la desdichada criatura, en tanto que el miserable verdugo, el monstruoso Leona, provisto de una navaja de hoja y filo finísimos, abrió una ancha herida en la parte alta del costado, cortándole las arterias que afluyen al corazón, en tanto que el salvaje Moruno sostenía junto al borde de la herida la olla donde recogía la sangre de su víctima, que bebió momentos después, como el elixir que había de salvarle la vida.”

No quedó ahí el salvajismo de estos personajes, ya que decidieron terminar por abrir en canal al niño, con lo que el enfermo (Francisco Ortega), pudo colocarse “las mantecas” del niño sobre el pecho, algo que debía otorgarle la sanación de sus males. Tras terminar el proceso de asesinato y curación, llegó el momento de desprenderse del cuerpo. Y una vez más la prensa de comienzos del siglo pasado no escatima en detalles macabros:

“Los criminales pensaron, sin duda en desfigurar la cara del muchacho, y colocando el cadáver en un hoyo, y sin el menor respeto para el cadáver de su víctima, le machacaron la cabeza atrozmente, dejando pegada a las piedras la masa encefálica de aquella cabeza rubita…”

Como podemos apreciar, la brutalidad del crimen fue tal, que ha quedado marcado en el imaginario colectivo de la sociedad, dando lugar al personaje popular utilizado para asustar a los niños.

En colaboración con QAH| Ad Absurdum

Vía| ABC, jueves 11 de agosto de 1910, pág. 13

Imagen|  “El hombre del saco”, por Martín OlmosLos autores del crimen en el periódico ABC

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