Especial II Guerra Mundial, Historia 


El Holocausto en Sobibor: La Evasión Judía

Wikipedia-sobibor-101Sobibor, el campo de exterminio más pequeño construido por los nazis del III Reich fue escenario, el 14 de Octubre de 1943, de la mayor fuga de prisioneros sucedida durante la Segunda Guerra Mundial. Casi todo el mundo ha oído hablar alguna vez de Auschwitz, sin embargo, pocos son los que conocen el nombre de Sobibor. Encuadrado dentro de la Operación Reinhard de Heinrich Himmler, la clave hace referencia a los tres campos de exterminio secretos ubicados en el este de Polonia: Belzec, al sureste de Lublin, Sobibor, al nordeste, y Treblinka, al nordeste de Varsovia. Belzec, Sobibor y Treblinka eran muy diferentes de Auschwitz. Éste era un campo de concentración con cámaras de gas para aquéllos que no estaban aptos para trabajar. Pero los otros tres constituían gigantescas máquinas de exterminio. Todos los judíos a los que se enviaba allí iban directos a las cámaras de gas en el plazo de veinticuatro horas.

Se estima que los nazis gasearon y quemaron por lo menos a un millón seiscientos cincuenta mil judíos (la cuarta parte de los exterminados durante el Holocausto) en estos tres campos de la muerte. Sobibor era un verdadero matadero con un único fin: la contribución a la aniquilación de la población judía. La finalidad de las instalaciones no era cosa ajena para los prisioneros y sabían que la única esperanza de salir con vida del campo era la fuga. Lo cierto es que todos los intentos de fuga precedentes habían terminado en sangrientas represalias por parte de las SS, así que el tema de escaparse no era asunto baladí para unos prisioneros que se veían obligados a la total sumisión.

Los comandantes del campo de exterminio de Sobibor fueron, desde abril hasta agosto de 1942, el Teniente Primero de las SS Franz Stangl, y desde agosto de 1942 hasta noviembre de 1943, el Capitán de las SS Franz Reichleitner. Los oficiales alemanes de las SS y de la policía deportaron a Sobibor a judíos que provenían principalmente de las regiones norte y este del distrito de Lublin del Gobierno General. También deportaron a Sobibor a judíos procedentes del territorio soviético bajo ocupación alemana, así como de Alemania, Austria, Eslovaquia, Bohemia, Moravia, los Países Bajos y Francia. En total, los alemanes y sus auxiliares asesinaron en Sobibor a por lo menos 167.000 personas.

Pese a la opresión asfixiante surgió un movimiento clandestino liderado por Leon Feldhendler, judío polaco, que comenzó a planear la rebelión definitiva que permitiese una fuga exitosa. Los prisioneros de Sobibor organizaron un grupo de resistencia, alentados por la sensación de que las matanzas en el campo estaban llegando a su fin y porque llegaron noticias de que Belzec había sido desmantelado y que todos los prisioneros sobrevivientes habían sido exterminados. Para evitar el pánico y ser descubiertos, Feldhendler y sus colaboradores prometieron mantener el plan en secreto hasta el último momento. Los historiadores calculan que de los 550 judíos finalmente implicados, menos de un 10 % tenía conocimiento alguno sobre el audaz plan de fuga.

Después de considerar varias opciones de escape y ante el aumento del número de prisioneros con entrenamiento militar por la llegada, a fines de septiembre, de gran cantidad de ex prisioneros de guerra judío-soviéticos provenientes del gueto de Minsk, los prisioneros optaron por un alzamiento, seguido por el aniquilamiento de los oficiales alemanes importantes del campo. El movimiento clandestino se apresuró en “reclutar” a Alexander “Sasha” Aronowich Pechersky, un oficial entrenado del Ejército Rojo. Con los conocimientos de Feldhendler sobre el campo y con la experiencia táctica de Pechersky se fue esbozando un plan de fuga plausible. Ya desde una fase temprana se optó por descartar los planes que incluyesen excavación de largos túneles, dado su naturaleza poco práctica. Se llegó a la conclusión de que la mejor opción sería asesinar sigilosamente al mayor número de alemanes y ucranianos posible durante un periodo máximo de una hora.

El 14 de octubre de 1943, con aproximadamente 600 prisioneros en el campo, los que conocían el plan de alzamiento iniciaron la operación. Los prisioneros mataron a alrededor de una docena de efectivos alemanes y de guardias entrenados en Trawniki. Ese día unos 300 prisioneros lograron escapar del campo de exterminio; alrededor de 100 fueron capturados en un posterior operativo de captura y más de la mitad de los sobrevivientes restantes no vivió para presenciar el fin de la guerra. Para muchos fue un sueño efímero: se calcula que de los cerca de 300 prisioneros que escaparon, sólo 50 sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial.

La importancia y alcance de una revuelta que salvó la vida de sólo 50 judíos parece quedar ampliamente eclipsada por el genocidio de casi otros 6 millones durante el Holocausto. La relevancia de la fuga de Sobibor radica en su desenlace, en la demostración de que la maquinaria asesina nazi era imperfecta: la supervivencia de 50 personas se traduciría en una herencia genealógica y en todo un testimonio histórico de los horrores de Sobibor. Los Nazis cometieron un error fatal al permitir que los soldados rusos capturados se mezclaran con los prisioneros judíos.

Después de la revuelta, los alemanes y los guardias entrenados en Trawniki desmantelaron el campo de exterminio y fusilaron a los prisioneros judíos que no se habían escapado en el alzamiento. De acuerdo a discusiones mantenidas por los jerarcas de las SS en el verano de 1943, los alemanes habían intentado transformar las dependencias primero en un corral de aislamiento para mujeres y niños deportados hacia el oeste desde la invadida Bielorrusia (después de que sus padres y esposos fueran asesinados en las llamadas operaciones antirresistencia) y luego en un depósito de municiones. Aunque no se tiene información de la llegada de nuevos  prisioneros a Sobibor después del asesinato de los prisioneros judíos que quedaban en noviembre de 1943, un pequeño destacamento de guardias entrenados en Trawniki permaneció en el antiguo campo de exterminio al menos hasta fines de marzo de 1944. Recientemente, entre 2013 y 2014, los arqueólogos que trabajaban la zona anunciaron el descubrimiento de las cámaras de gas que los nazis ocultaron bajo una autopista de asfalto, y un túnel que habría sido construido por los prisioneros encargados de sacar los cadáveres de las cámaras de gas.

Cartel de la película "Escape de Sobibor" (1987)

Cartel de la película “Escape de Sobibor” (1987)

La historia de la sublevación y la fuga de Sobibor es única. Como hemos señalado, estamos ante un testimonio de resistencia a pesar de las adversidades, de un alegato, firme y grandioso, por la dignidad humana. También supone un desafío revisionista, al poner en cuestión la supuesta pasividad de las víctimas del Holocausto. La mayoría de los historiadores apenas mencionan la resistencia de los judíos a la maquinaria de matanza nazi, y se ha impuesto el cliché que retrata a los judíos como una manada de corderos marchando resignados al matadero. Sobibor supone un claro ejemplo de lo contrario, y no debe ser olvidado.

 

Vía| Rashke, R., Escapar de Sobibor, Barcelona, Planeta, 2004.

Más información| Enciclopedia del Holocausto, Europapress, ABC, Segunda Guerra Mundial

Imágenes| Sobibor; Cartel

En QAH| La Memoria del Horror¿Qué régimen fue el primero en usar gas para asesinar a población civil?; Especial 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial 

 

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