Historia 


El habitual horror de la mujer romana

La historia entre Catón Uticense (95-46 a.C), Quinto Hortensio Hortalo (114-50 a.C) y la mujer del primero, Marcia, descubre un episodio que pone de relieve una de las muchas extravagancias que encontramos en la sociedad romana. Trataremos un curioso triángulo de los tres individuos. La idea es resaltar la insignificancia de la condición femenina en la Antigua Roma y ver la subyugación de ésta al hombre. La mujer estuvo extremadamente silenciada en Roma, es una buena fecha para ver lo que se ha dejado atrás. La mejor manera de reivindicar algo es mediante el recuerdo, nunca con el olvido.

Hortensio y Catón gozaban de una gran amistad. Los dos querían estar unidos por algo profundo. No interpretemos mal las palabras, descartemos una relación íntima, pretendían establecer una unión familiar. Hortensio deseaba un hijo cercano de algún familiar de Catón. No tenía descendencia y no tener hijos constituía un problema en la sociedad romana.

Catón el Joven

Catón el Joven

La primera opción para Catón fue el de entregar a su hija, Porcia, para engendrar un vástago con su querido amigo, pero ya estaba felizmente casada con Bíbulo. Además ellos tenían dos hijos. ¿No obstante, podría haber suprimido el matrimonio de su hija? Hasta mediados de la época imperial el padre tenía capacidad jurídica de disolver el matrimonio de sus hijos. No se dio tal caso.

La petición puede causar estupor a nuestras mentes del siglo XXI. Sin embargo, la práctica era habitual entre familias poderosas y acaudaladas. Sirve la historia para ver algunos elementos de la sociedad romana, sobretodo el secundario papel de la mujer. En nuestra historieta, como un simple objeto para un negocio entre avenidos.

Catón estaba interesado en una comunidad de relaciones familiares con Hortensio, pero no las tenía todas para “prestarle” a su hija. Rechazó la oferta pero obtuvo por respuesta otra proposición. Su amigo le rogó la cesión de su mujer para lograr descendencia. Marcia y Catón estaban casados desde el 62 a.C.

Las palabras para convencer a Catón fueron contundentes: “Si se plantea desde el punto de vista de la naturaleza, es loable y hermoso que una mujer joven, en su edad fecunda, no quede inactiva, no deje que se apague su potencial reproductor; pero lo que tampoco es hermoso es que ella ponga en dificultades a un marido, dándole más hijos de los que éste desea”.

Nuevamente quedamos saturados de insensibilidad por las ideas de Hortensio. Todavía es más sorprendente la respuesta de Catón. Con su hija tuvo una negación taxativa, con su mujer requirió de un tiempo para meditarlo. ¿Con ella? Para nada. Tuvo que pedir consejo al padre de su esposa (Filipo). Marcia, única implicada, la encontramos sin voz ni voto.

Filipo no tuvo ningún objeción en aceptar la petición de su yerno. En el año 56 a.C, su hija Marcia se enlazó con Hortensio. De esta manera, el amigo de Catón obtuvo descendencia, por partida doble. Marcia le dio dos hijos pero como hemos dicho al principio, se trataba de una cesión, no de una venta. Hortensio era más mayor que Marcia, en el año 50 a.C murió y ella volvió, heredando una considerable suma de riquezas, con su antiguo marido.

Las fuentes que nutren la historia no tienen ningún reproche a Catón. Se demuestra una normalidad en la entrega temporal de una mujer entre dos conocidos. Las recriminaciones sobre el suceso provienen de las fuentes posteriores (de época Moderna y Contemporánea). En algún pasaje se menciona que Julio César (enemigo de Catón) criticó la peripecia, aunque no fue por defender Marcia. El comentario negativo del conquistador de la Galia aconteció por haber tomado a su mujer después de la muerte de Hortensio. César manifiesta su disconformidad por la actuación catoniana. Según César, dirigida a aumentar su fortuna. En ningún caso defendía el trato recibido por Marcia.

Algunos estudiosos defienden a Catón. Argumentan que el orador, imbuido fuertemente por el estoicismo, realizó un aspecto habitual en dicho pensamiento. Es decir, el estoicismo contemplaba la posibilidad de ceder mujeres a los más allegados. En contra de dichos estudios proponemos una visita a las fuentes. Plutarco no menciona que Catón estuviera empapado de filosofía al ceder a Marcia. El episodio era común en la época, estoicos y no estoicos.

Busto de Julio César, enemigo de Catón.

Busto de Julio César, enemigo de Catón.

Séneca, casi un siglo después del acto narrado, en su obra De beneficiis alude al llamado “préstamo” de mujeres entre amigos. El único motivo que justificaba tal uso de sus esposas fue el de procrear. Es necesario recordar que las mujeres romanas eran las únicas que podían transmitir la ciudadanía romana. Ulpiano, jurista del siglo III d.C, menciona un testamento de un hombre muy curioso. Su viuda tenía el usufructo de una parte de ellos siempre que tuviera descendencia. Sexto Pomponio, jurisconsulto del siglo II d.C justifica la necesidad de mantener económicamente a las mujeres viudas para que sigan concibiendo ciudadanos romanos.

Muchas veces, en los estudios sobre la sociedad romana, no se habla de la importancia de la mujer y se margina los intentos de protegerlas legalmente (por sus maridos en los testamentos) para continuar la multiplicación de la ciudadanía. A pesar del pobre papel desarrollado en la vida pública romana, todas las mujeres constituyeron un eje fundamental e insustituible de aquél mundo dominado por hombres.

Vía| Eva Cantarella, Pasado próximo. Mujeres romanas de Tácita a Sulpicia, Cátedra, Madrid, 1997.

Imágenes | Catón el jovenJulio César

En QAH| Las mujeres más influentes del Imperio Romano (I): Livia Drusila; Las mujeres más influentes del Imperio Romano (II): Agripinila; Las mujeres más influyentes del Imperio Romano (III): Messalina; Santa Helena, la mujer en Roma y las peregrinaciones en el cristianismo primitivo

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