Especial Greco, Patrimonio 


El Greco, ¿consumidor de hachís?

A lo largo del tiempo se ha pretendido explicar la arrolladora personalidad artística del Greco de múltiples formas. Así, se han hecho propuestas tales como que el pintor cretense estaba loco, era homosexual o sufría astigmatismo. Pero la teoría que os traemos hoy no es ninguna de estas tres, sino otra propuesta por el médico Arturo Perera en 1953, año en que publicó un artículo titulado “El porqué de la pintura del Greco” en la revista Arte español.

Perera parte de la observación de dos supuestos autorretratos del Greco (el que aparece en El entierro del conde de Orgaz y el de un anciano conservado actualmente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York) para llegar a la conclusión de que “aquel rostro alargado, pálido, consuntivo, con ojos un tanto apagados en el fondo de sus cuencas hundidas, correspondía, mutatis mutandis, a los que vemos en morfinómanos o cocainómanos”.

Supuesto autorretrato del Greco, realizado entre 1595 y 1600 y conservado en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Supuesto autorretrato del Greco, realizado entre 1595 y 1600 y conservado en el Museo Metropolitano de Nueva York. También se ha identificado al personaje con el hermano del pintor, Manusos.

A continuación, Perera recurre a la comparación de los testimonios de alguien que consumió hachís con las obras del Greco para justificar la posible toma de estupefacientes por parte del pintor. El testimonio que utiliza es el del poeta Charles Baudelaire, quien en 1860 había publicado un texto titulado Los paraísos artificiales en el que relataba sus experiencias como consumidor de opio y de hachís. A Perera le interesa especialmente lo concerniente al hachís porque encuentra un gran parecido entre las sensaciones y ensueños que describe Baudelaire bajo los efectos de esta droga y lo pintado por el pintor cretense.

“Los objetos se deforman, sobre todo, y a veces se transforman (…) Los ojos del hombre embriagado por el hachís verán formas extrañas y deformes”

Así, por ejemplo, el autor del artículo extrae algunos fragmentos de la obra de Baudelaire y los relaciona con pinturas concretas, como ocurre con el siguiente pasaje, aplicable a la Vista de Toledo de Nueva York:

Vista de Toledo, c.1604-1614. Museo Metropolitano de Nueva York.

Vista de Toledo, c.1604-1614. Museo Metropolitano de Nueva York.

“El hachís se extiende entonces por toda la vida; le da un colorido solemne e ilumina toda su profundidad. Paisajes dentellados, horizontes fugitivos, perspectivas de ciudades blanqueadas por la lividez cadavérica de la tempestad o iluminadas por los ardores reconcentrados de las puestas de sol”

En cuanto a la cuestión de cómo el Greco pudo conseguir hachís, Perera recuerda que el pintor era oriundo de Creta y después se trasladó a Venecia, república que mantenía intensas relaciones comerciales con Oriente que seguramente facilitaban la adquisición de este tipo de productos.

¿Consumía realmente el Greco alguna sustancia estupefaciente? Perera, en el fondo, no se atreve a asegurarlo. Sólo reconoce el carácter “anormal” de la pintura del Greco. Anormal en el sentido de que:

“tanto en proporciones de figuras como en el diseño de éstas, rebasa los cánones artísticos normales: porque los colores no obedecen a una gama admitida en ninguna escuela pictórica… porque la luz en sus cuadros, hasta en los menos adecuados en sus perspectivas de ciudades, es irreal y porque, en fin, tanto éstas como el conjunto todo, llevan impreso, más que la representación más o menos personal de un pintor, el sello inconfundible de ensueños o visiones ultratelúricas e irreales”.

De este modo, una vez más y quizá para siempre, el secreto del Greco, de su estilo, de su concepción del arte, se resiste a desvelarse.

Vía| Perera, A.: “El porqué de la pintura del Greco”, en Arte español, tomo XIX (1953),  pp.137-195

Imagen| Autorretrato, Vista de Toledo, Autorretrato del Greco

En QAH| Especial 400 Aniversario El GrecoEl Greco: el griego de Toledo

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