Cultura y Sociedad, Literatura 


El gran poder desconocido de las palabras

“Pasa página. Una invitación a la lectura”

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”

Emily Dickinson (recogido en la exposición)

Cada día, en un lugar distinto e incluso en distinto momento, alguien descubre la magia que crean un poco de tinta, unas hojas y mucha imaginación. Se da cuenta de que la lectura es algo más que signos dibujados en un folio en blanco y que con ellos se puede conseguir la puerta para viajar a otros mundos, usar la máquina del tiempo o, simplemente, ser otra persona diferente.

Gracias a estos descubrimientos cada vez se lee más en nuestro país, prueba de ello es el aumento de público en presentaciones de libros, como ocurrió en la de Victoria Álvarez y su nueva obra en Madrid, pero como bien se dice “aún nos queda mucho camino por recorrer para ampliar el número de lectores y para que los lectores ocasionales se conviertan en lectores frecuentes”. Esto es algo por lo que luchan diversas instituciones (desde el núcleo familiar a la biblioteca pasando por los centros educativos) con armas fabulosas como es la muestra que me ocupa en este texto. Esta no es otra que “Pasa página. Una invitación a la lectura”; que se puede visitar hasta el 25 de febrero en el museo de la Biblioteca Nacional de nuestro país.

A diferencia de otras “compañeras de viaje”, como puede ser la exposición dedicada a José Zorrilla en la misma sede, se aleja del concepto tradicional y permite que la marca algo añeja desaparezca para mostrar que a la lectura se puede una/o acercar por varios caminos tan distintos como una película o una parada del suburbano madrileño.

El visitante que decida acudir a su llamada se va encontrar con una gran biblioteca de carácter desenfadado en la que todo se puede tocar, ojear y sentir. Una gran casa de libros en la que no existe ningún recorrido señalizado y donde puedes sumergirte hasta descubrir una publicación que forme parte de tu vida desde ese momento o recordar aquel que hizo que ésta cambiara hace tiempo (como hacen en la exposición algunos escritores; véase como ejemplo Care Santos).

Dice Nando López, asesor y coordinador pedagógico, que “esta exposición es un homenaje a todas esas páginas que nos han marcado”. Esta idea me hace recordar que, bajo esta representación realista de una biblioteca (se puede coger los libros, sentarse en los sillones a leer…), se puede encontrar una versión libre de esa que soñó Carlos Ruiz Zafón en su saga y que tanto nos ha hecho vivir a tantos lectores aunque esto sólo es una visión muy personal. Pero estos recuerdos y nuevas imágenes propias son las que buscan quienes han dado vida a esta exposición a la vez que descubrir que el libro solo es la obra final pero que para que éste llegue a nuestras manos recorre un camino tan apasionante y complicado que, a veces, nos olvidamos de él. De este modo, nos acercan a autores, editores, correctores, encuadernadores y otras profesiones del mundo literario que deben ser reconocidas y amadas por los lectores.

Al mismo tiempo que se realizada este viaje, podemos adentrarnos en otro, como si fuéramos aquella niña con capucha roja que se alejó del camino, y descubrir el apasionante mundo de los iluminadores (desde Fernando Vicente a Ana Juan. Valga este inciso para recordar los trabajos de Benjamin Lacombe que están presentes en esta efímera y viva biblioteca además de la interesante exposición en el Museo ABC de este artista con el motivo de su nueva publicación Carmen) y visitar lugares distintos (como por ejemplo otras bibliotecas), conocer otras formas de lectura (impresiona tocar las páginas de un libro en braille), poner a prueba nuestra memoria con un juego de recordar el principio de algunas publicaciones o asomarnos al mundo fotográfico de Lourdes Cabrera con su “vivir con libros”.

Sin olvidar la posibilidad de crear una composición poética con frases escritas o dejar nuestra huella al hablar en una hoja de papel de nuestra librería favorita y abrir otra abertura de este laberinto de Creta a otros lectores.

Pero lo que más llamó mi atención son las propuestas de David Espinosa bajo el título “abrir un libro”. Éstas son una transfiguración de tres obras de la literatura universal; a saber: Frankenstein, Hamlet y Don Quijote de la Mancha.

Para ello utiliza recursos como las tres dimensiones, muñecos o figuras que todo el mundo tenemos por casa para crear verdaderas obras de arte que consiguen uno de los objetivos de esta exposición: mostrar el interés de la lectura y que nuevos lectores, sobre todo los jóvenes, se acerquen sin ningún tipo de reparo ni miedo a los clásicos. Como ejemplo de ello tomaré el caso de Hamlet:

Espinosa recrea el mundo en el que vivió Ofelia, incluso después de desaparecer en las aguas, gracias a una visión de la misma por medio de una figura colocada boca abajo en una urna. Además unos cascos que transmiten el rumor y el habla de las aguas muestran la que fue su sepultura.

Todo ello en un espacio cálido y muy bien creado en el que vive más magia que en muchas propuestas navideñas que pueblan las calles de la ciudad en estas fechas.

Planes como este y otras propuestas como la obra teatral La locas historia de la literatura  (obra de Teatro de Poniente que se puede ver en Nave 73 y de la que hablé en Proyecto Duas:

https://proyectoduas.com/2017/10/26/la-esencia-de-la-literatura-a-escena/) hacen que creer en lo imposible sea más fácil todavía.

Notas e información sobre la exposición:

*Las citas han sido extraídas del folleto de la exposición que puede conseguirse en la misma o descargarse en su página web:

http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2017/pasapagina.html

*La fotografía utilizada procede de la ya citada página.

*Del 14 de noviembre al 25 de febrero / de martes a sábado de 10 a 20 h y los domingos y festivos de 10 a 14 h. / sala guillotinas / entrada gratuita.

 

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