Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El Gran Cardenal Mendoza y el mecenazgo artístico

Autor anónimo. Escuela hispano-flamenca. El cardenal don Pedro de Mendoza orando ante San Pedro. 1490-1495. Óleo sobre tabla. 82 x 104 cm. Museo del Prado. En depósito en el Museo de Santa Cruz de Toledo

Autor anónimo. Escuela hispano-flamenca. El cardenal don Pedro de Mendoza orando ante San Pedro. 1490-1495. Óleo sobre tabla. 82 x 104 cm. Museo del Prado. En depósito en el Museo de Santa Cruz de Toledo

En esta nueva aventura como redactora de QAH me gustaría comenzar hablando de un mecenas, esos olvidados del Arte sin los que las grandes obras no hubieran sido posibles, que no sólo las financiaban sino que también fueron coautores de las mismas, dictando formas y contenidos iconográficos. Ese es el caso de don Pedro González de Mendoza (1428-1495), el “Gran Cardenal”, una de las figuras más brillantes de la aristocracia castellana en la segunda mitad del siglo XV, en el paso del medievo a la Edad Moderna.

Rodeado del ambiente culto y erudito de su familia y con una sólida formación humanística, a lo largo de su carrera alcanzó las dignidades de obispo de Calahorra, Santo Domingo de la Calzada y Sigüenza, arzobispo de Sevilla y Toledo y Cardenal por nombramiento del papa Sixto IV, bajo la advocación de Santa María in Dominica que luego cambio por la de Santa Cruz.

Con una activa y decisiva actividad política, durante los conflictos anteriores a la llegada al trono de Isabel la Católica, don Pedro estuvo a favor de la sucesión de la princesa Juana, apodada “la Beltraneja”, hija de Enrique IV y de Juana de Portugal, enfrentándose al arzobispo de Toledo don Alfonso Carrillo de Acuña y a don Juan Pacheco, marqués de Villena, sus grandes rivales en la corte, que defendían la sucesión de los príncipes Alfonso e Isabel, hermanos de padre del rey. Pero en 1473, posiblemente por la rivalidad en la carrera eclesiástica y política con el propio Carrillo y quizá por las promesas que recibiera del Cardenal Borgia, futuro papa Alejandro VI, en cuanto a las grandes mercedes que recibiría en relación con el apoyo a la boda del príncipe Fernando de Aragón con la princesa Isabel de Castilla, don Pedro decidió pasarse al bando de esta última, un apoyo que vino acompañado del de toda la familia Mendoza, pues él había heredado el liderazgo a la muerte de su padre, y que fue decisivo para que ésta accediera al trono, convirtiéndose, además, en uno de los principales consejeros de los Reyes Católicos.

Vista de una de las galerías del crucero del Hospital de Santa Cruz de Toledo

Además de por esta labor política, y como casi todos los Mendoza, don Pedro también fue un destacado mecenas de las Artes, uno de los introductores del nuevo estilo renaciente italiano en la península mediante el patrocinio de grandes obras arquitectónicas en Guadalajara, enclave de las posesiones familiares, y en los lugares donde detentó títulos eclesiásticos, destacando el Colegio Grande de San Antonio de Portaceli en Sigüenza, después convertido en Universidad, el Colegio de Santa Cruz en Valladolid, o el Hospital de Santa Cruz de Toledo, hoy convertido en museo, y a favor del que el Gran Cardenal, además, testó toda su fortuna.

También patrocinó obras fuera de la península, como la reedificación completa de la iglesia de Santa Croce en Roma y la consolidación de la iglesia del Santo Sepulcro y la construcción de otro templo bajo la advocación de la Santa Cruz en Jerusalén.

Murió en Guadalajara y recibió sepultura en presbiterio la catedral de Toledo en el que quizá fuera el primer sepulcro de tipo renacentista de Castilla, acaso diseñado por Antonio Sansovino a su paso hacia Lisboa.

 

Vía| La web de las biografías, viajar con el arte

Más información| NIETO, V. y CHECA, F. El Renacimiento, Madrid, Istmo, 2000.

Imágenes| Museo del Prado, viajar con el arte

 

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