Historia 


El genocidio de Ruanda (I): sus causas

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El genocidio de Ruanda (I): sus causas

Ruanda sufrió hace ahora veinte años la que probablemente ha sido la peor matanza de la historia de la humanidad, en ella, aunque indirectamente, tuvieron parte de responsabilidad los países occidentales y la ONU. Este artículo lo escribo con el propósito de contextualizar la matanza que llevaron a cabo los miembros de la etnia hutu contra los tutsi y tratar de explicar los motivos que desencadenaron la misma.

Contexto histórico

Para entender la historia reciente de Ruanda nos debemos situar en primer lugar en la Conferencia de Berlín, celebrada entre los años 1884 y 1885 en la que participaron el Imperio Alemán como anfitrión, y once países más, entre los que se encontraban Gran Bretaña, Francia, Portugal, el Imperio Astro-Húngaro, España, Italia, Rusia, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica y el Reino de Suecia y Noruega. Estados Unidos fue invitado, pero no acudió.

La Conferencia de Berlín se convocó debido a las continuas tensiones entre los estados europeos provocadas por el control de África, cuya solución pasaba por dividir el continente y dar a cada país una fracción ajustada a su poder e intereses en el continente. Al Imperio alemán le fue adjudicada una zona conocida como África Oriental Alemana, que comprendía los actuales territorios de Ruanda, Burundi y la mayor parte de Tanzania. Este territorio fue administrado por los alemanes no sin problemas internos hasta la I Guerra Mundial, momento en el que Bélgica tomó el control del mismo.

Ruanda, junto con Burundi – que en esta época eran un mismo país- formaban un fideicomiso. Los fideicomisos eran los antiguos Mandatos de la Sociedad de Naciones, es decir, territorios que habían sido colonias de los países derrotados en la I Guerra Mundial. Ruanda junto a Burundi eran antiguos territorios de Alemania, que tras la I Guerra Mundial pasaron a estar controlados por Bélgica.

Ruanda y Burundi eran un Mandato tipo B, esto significa que eran territorios cuya independencia no podía ser resuelta debido a su bajo nivel de desarrollo y problemas sociales internos, necesitando la administración de otro país. En el caso de Ruanda el problema eran las tensiones existentes entre hutus y tutsi, que datan del siglo XVI, pero que se recrudecieron durante el siglo XX con la dominación extranjera, ya que las metrópolis favorecían a determinados grupos poblacionales para que les fuera más fácil dominar un territorio. Los belgas dieron este trato de favor a la etnia tutsi, la etnia dominante desde el siglo XVI, aumentando aún más si cabe las diferencias entre ellos. Buen ejemplo de ello es el hecho de que hasta 1950 los tutsi eran los únicos que tenían derecho a la educación.

A mediados de los 50 los hutu comenzaron a reivindicar sus derechos, lo que nada convenía a los belgas, por lo que estos comenzaron a apoyar a la mayoría hutu. Finalmente, la rivalidad entre los dos grupos se agudizó con la creación por iniciativa belga, de varios partidos políticos sobre bases étnicas: la Unión Nacional Ruandesa (UNR), de tendencia anti hutu, la Unión Democrática Ruandesa (RADER), el Partido del Movimiento de Emancipación hutu (Parmehutu) y la Avocación para la Promoción Social de las Masas (Aprosoma) de orientación anti tutsi, este es quizá el punto de discrepancia histórico más importante.

La tensión aumentó entre los hutus y tutsis, lo que auspició la independencia y el movimiento de emancipación hutu, que culminó en 1959 con la Revolución Ruandesa. Un incidente entre jóvenes tutsi y uno de los líderes hutu en 1959 se convirtió en la chispa de una revuelta popular, en la cual, los hutus quemaron propiedades tutsis y asesinaron a varios de sus propietarios, obligando a más de 100.000 tutsis a buscar refugio en los países vecinos.

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El FPR y su brazo armado, el APR, provocaron la guerra civil ruandesa en 1990

En 1962, los belgas, que corrigieron su estrategia de dominación por los acontecimientos anteriormente citados y pasaron a apoyar a la etnia hutu y celebraron un referéndum reclamado por la ONU, y bajo vigilancia de sus observadores (UNOMUR, Misión de Observadores de las Naciones Unidas para Ruanda y Uganda) en el que el país votó a favor de la abolición de la monarquía. Ruanda se separó de Burundi en ese mismo año, declarando la independencia del país, que fue reconocida por la mayoría de la comunidad internacional. Creo importante resaltar que la monarquía reinante en el país era tutsi, por lo que tras la aplastante victoria (80%) de la opción republicana (elegida por mayoritariamente por los hutu), muchos tutsis se vieron obligados a refugiarse en países vecinos, sobre todo en Uganda. Los tutsi de corta edad que se refugiaron en Uganda a principio de los años 60 son los que posteriormente constituirían el FPR (Frente Patriótico Ruandés) y su brazo armado, el APR (Armée Patriotique Ruandaise), que comenzaría la guerra civil ruandesa en 1990.

Periodo post-colonial

Desde 1962, año de la independencia, y hasta 1972 Ruanda logró vivir en un clima de cierta prosperidad económica y social bajo el mandato del primer presidente electo del país, el hutu Grégoire Kayibanda.

Por desgracia, en 1972 se produjeron unas terribles matanzas en Burundi, siendo 350.000 hutus asesinados por tutsis, lo que provocó definitivamente un sentimiento anti tutsi por parte de la mayoría de la etnia hutu en el interior de Ruanda. La población comenzó a exigir a su presidente mano dura contra los tutsi, y la respuesta poco severa por parte del presidente junto con los casos de corrupción en el gobierno, provocaron el golpe de estado del General Habyarimana (también hutu), en 1973.

Habyarimana llevó a cabo una gestión eficiente del país, con el apoyo logístico y militar de Francia, lo que permitió un periodo de bonanza económica y de estabilidad política desde su llegada al poder hasta la crisis de los años 80 en la que se vio sumida Ruanda.

Ya en 1990, el Frente Patriótico Ruandés invadió el norte de Ruanda, iniciando así la guerra civil ruandesa. Ninguno de los dos bandos fue capaz de obtener una ventaja decisiva en la guerra, pero la autoridad de Habyarimana se vio gravemente mermada. Una gran presión popular exteriorizada mediante grandes manifestaciones le obligó a entrar en un gabinete de coalición interna y, finalmente, a firmar la paz en 1993 en Arusha con el RPF.

El alto el fuego fue declarado el 6 de abril de 1994, ese mismo día, tras firmar el acuerdo que ponía fin a la guerra ruandesa, el avión en el que viajaba Habyarimana junto con el presidente de Burundi Cyprien Ntaryamira fue derribado cuando iba a tomar tierra en Kigali, sin que nunca se esclareciera la autoría del ataque. La mayoría hutu culpó del ataque a la minoría tutsi, lo que desencadenó la masacra ruandesa (aproximadamente 800.000 personas fueron asesinada en 100 días).

Vía| Ángel Acosta

Imágenes| Genocidio, Ruanda

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