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El futuro del periodismo

La debacle económica que vive el mundo actual, unida a la prolongada crisis publicitaria de los medios de comunicación y al cambio de modelo de negocio al que éstos se ven abocados, llena de incertidumbre el escenario actual. Pero también nos brinda una oportunidad única de reinventar el periodismo, una profesión tan apasionante como necesaria.

La austeridad que aplica el sector para combatir su situación ha derivado en una acusada precariedad laboral, que se traduce en pobreza informativa. El exceso de becarios sin experiencia –las universidades gradúan a 3000 periodistas al año, de los que solo 600 son empleados, según la Federación de Asociaciones de Periodistas de España- y el defecto de veteranos por su carestía -7.000 profesionales han sido despedidos en los últimos tres años- son las principales causas.

Como estrategia para protegerse de los avatares económicos, los medios se fusionan entre sí o con empresas de otros sectores. Pero estas operaciones merman su independencia de cara a la sociedad, pues incrementan el número de voces poderosas. A ello se suma la competencia extrema, que acelera los tiempos de producción, limitando la verificación informativa, piedra angular del periodismo. Y fruto de la comercialización masiva de los productos informativos, el infotainment sustituye a la información rigurosa, especialmente en televisión, lo que implica un enorme deterioro de la deontología profesional.

Intoentretenimiento

Varios ejemplos de infotainment

Mark Fowler, presidente de la Federal Communications Commission durante el gobierno de Ronald Reagan, dijo en una ocasión que “el interés público es lo que interesa al público”. Pero esa definición desoye el deber del periodista de ofrecer a los ciudadanos información veraz en lugar de una sarta de rumores. Muchos medios están perdiendo su obligación de servicio público, sintetizada por la BBC en tres funciones: informar, formar y entretener. Aun siendo empresas, sus productos no equivalen a tostadoras, como defendía Fowler, sino que ejercen la una función vital en las sociedades democráticas: ayudar a construir ciudadanos libres.

Otra lacra de los mass media es su escasa transparencia. Frente a la naturalidad posmoderna con la que afrontamos la vida privada, vivimos un insólito oscurantismo en lo que respecta a la esfera pública, bastante más relevante. La cercanía del periodista a los políticos, por un lado, y la influencia de estos últimos en la opinión pública, por otro, son las principales enemigos del ‘cuarto poder’. Igual de complicada se muestra la relación entre la prensa y las empresas. A través de los gabinetes de comunicación, éstas aprovechan la influencia de los medios para introducir publicidad con apariencia noticiosa, lo que contribuye a enturbiar el panorama informativo.

En este contexto, la llegada de Internet ha revolucionado el periodismo poniendo a disposición de todo el mundo infinitos soportes para contar historias, de forma instantánea y gratuita. En la ‘aldea global’ proliferan redes sociales como Twitter, un sistema de microblogging que supera en inmediatez a las agencias de noticias, permitiendo a los profesionales informar en tiempo real desde cualquier lugar del mundo.

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Pero los periodistas no son los principales usuarios de estas aplicaciones, sino el resto de personas. Esta mutación del sistema global de medios dio lugar, hace once años, al llamado ‘periodismo ciudadano’. Este fenómeno, tachado de intrusismo en las redacciones, puede ser muy eficaz si ciudadanos y medios cooperan, pues mientras los primeros informan en directo sobre sucesos donde no llegan los reporteros, a continuación éstos deben contrastar profesionalmente la información.

El potencial narrativo y financiero de Internet salta a la vista. Sin embargo, aunque se están produciendo grandes avances, todavía no se ha encontrado un modelo que permita monetarizar con garantías el tráfico informativo que genera Google. Ante la ausencia de beneficios en la red y la quiebra publicitaria en los soportes tradicionales, que ven como la venta de periódicos se desploma al mismo ritmo que la publicidad emigra a Internet, los grupos mediáticos buscan desesperados una solución. Al igual que en otros sectores, la filantropía se presenta como una prometedora alternativa de financiación, con proyectos de calidad como el equipo de investigación ProPublica, galardonado con dos premios Pulitzer.

La gran incógnita que suscita esta nueva realidad es clara: ¿Sobrevivirá el papel a la era digital? A pesar de que cada año aumentan las voces apocalípticas que, incluso dentro de los propios medios, vaticinan la la derrota de los diarios, yo apuesto por su supervivencia, siempre y cuando sepan adaptarse a las circunstancias. Independientemente de las bondades de Internet, solo la prensa responde a todos los porqués, fruto del mayor tiempo y espacio de los que disfruta. Eso sí, los periódicos tenderán a ampliar sus contenidos de fondo, como reportajes o artículos de opinión, en detrimento de las fugaces noticias.

Imagen| Infotainment

Más información| Mark FowlerProPublica

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Vídeo| YouTube: La Aldea Global

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