Economía y Empresa 


El futuro del cash (III): Represión o libertad

Death of cashEntramos ya en la tercera parte de nuestra serie sobre el dinero en efectivo con un importante bagaje de conocimiento previo.

Una vez introducidos en el tema mediante una visión general del cash en el mundo, pudimos comprobar como la aparente tendencia a su reducción es desigual y depende de muchos factores, entre otros, el grado de desarrollo económico de los países.

Recordábamos como, en todo el planeta, 2.000 millones de adultos no disponen de cuenta en una entidad financiera (un 54% de los adultos de las economías en vías de desarrollo frente a un 94% en los países de la OCDE).

Decíamos entonces que muchos autores ven en la inclusión financiera y en la erradicación del dinero en metálico una de las herramientas más potentes para combatir la pobreza. Otros destacan los beneficios que ello supondría en cuanto a la lucha contra la corrupción. Finalmente, son también numerosos los economistas que ven el cash como un reducto de libertad individual, y luchan por su mantenimiento. En la entrada de hoy analizaremos someramente estos dos últimos aspectos.

Corrupción y cash.

En numerosos lugares del planeta, la alta utilización del dinero en metálico está asociada a la existencia de una importante economía informal. Un interesante estudio realizado por Hugh Thomas y Kevyn Mellyn en el año 2012, estimaba que unos 8,3 billones de dólares en pagos de los consumidores se efectúan anualmente en metálico, fuera de la economía formal: unos 6,8 billones corresponden a economía sumergida, y aproximadamente 1,5 billones a transacciones ilegales.  No obstante, como ya apuntamos en nuestro artículo anterior, también los elementos culturales y estructurales tienen un peso importante la utilización intensiva del metálico. De hecho, hay economías muy avanzadas, como Alemania, Japón y los Estados Unidos, que presentan todavía un porcentaje significativo de pagos en cash.

Cash Usage Map

Uso global de dinero en metálico, por categorías

La alta preferencia por el cash está alimentada muchas veces por las actividades ilícitas, la corrupción y el soborno:

Cash Usage and Corruption

Intensidad en el uso del cash y corrupción

Esta relación, tal y como apuntan los autores citados anteriormente, es de doble sentido. Por una parte:

“Los funcionarios corruptos no aceptan sobornos mediante tarjetas de crédito, por lo que los pagos que engrasan las ruedas en las economías más venales pueden ser parte de la causa de la alta prevalencia del dinero en metálico”.

A su vez, la falta de confianza en las instituciones fomenta el uso del cash:

“En los países donde la desconfianza es elevada, los ciudadanos pueden elegir operar principalmente en cash y fuera de la economía formal porque no quieren exponerse a impuestos, multas o tasas de funcionarios corruptos”.

Lo cierto es que terroristas, delincuentes, políticos y empresarios corruptos han demostrado en el tiempo una preferencia clara por el dinero en metálico como forma de ocultar sus transacciones, y esta es una de las más potentes razones aducidas para propiciar su reducción o abolición, tarea en la que numerosos gobiernos, instituciones financieras y organismos intergubernamentales como el Grupo de Acción Financiera (Financial Action Task Force, FATF) se han dedicado con empeño. Sus argumentos se complementan con diversos estudios que evidencian como las economías intensivas en cash dificultan el desarrollo de negocios y son menos productivas. Todo ello parece reforzar un amplio consenso sobre la necesidad de disminuir drástica o totalmente la cantidad de billetes y monedas en circulación, pero ¿hay otras motivaciones adicionales tras estas aparentes y casi irrebatibles buenas intenciones?

Cash y libertad

Por supuesto, gobiernos e instituciones financieras tienen mucho interés en conocer lo que ocurre con todo ese metálico que se mueve sin supervisión entre bolsillos, carteras, cajas registradoras, maletas y colchones. Y no solo en aras de la lucha contra el fraude y la corrupción, sino por el puro afán de control. En el ámbito económico, el dinero en metálico es uno de los pocos reductos de libertad que le queda al ciudadano, libertad cada vez más menguada por las crecientes limitaciones a su uso.

De hecho, en bastantes economías europeas resulta ya imposible comprar en metálico un bien de valor elevado (en España no se pueden hacer pagos mayores de 2.500€), y el mero hecho de intentarlo se presume una actividad sospechosa. Así pues, un desconfiado depositante que en lugar de tener sus billetes en el banco prefiere guardarlos a buen recaudo en una caja fuerte de su casa se convierte en candidato a delincuente, aunque sea el tipo más honrado del mundo. Pocos reparan en el hecho de que a esa persona no hay gobierno o banco que congele o requise sus ahorros si la entidad quiebra o se decide intervenirla. ¿Qué es lo primero que hacen los ciudadanos en caso de inestabilidad financiera o política, como ha ocurrido en Grecia? Pues eso.

Cola cajero banco griego

Colas delante de un cajero en Grecia

Los economistas más liberales ven en todas estas restricciones el pretexto idóneo para un mayor control del estado en la vida privada de los ciudadanos, que en casos extremos puede acabar vulnerando a discreción principios tan básicos como la propiedad privada. Es indudable, asimismo, que el dinero en metálico, como reserva alternativa de valor para el individuo, constituye un freno al ya enorme poder de intervención de los bancos centrales y su capacidad de manipular los tipos de interés, empobreciendo a los ahorradores. Para los defensores de la libertad económica, por tanto, el cash (así como los metales preciosos o nuevas monedas como el bitcoin) supone un valladar ante la injerencia pública. Eliminarlo completamente significaría, en palabras del economista Stephen Cecchetti, “una receta para la revolución”.

Las espadas están en alto y el resultado del combate es todavía incierto. Entretanto, los grandes delincuentes van prestando cada vez menos atención al dinero en metálico para centrarse en las transacciones electrónicas. Ya no buscan robar billetes, sino información, bytes.  Pero ésta, queridos lectores, es otra historia que dejaremos para entregas futuras.

Imágenes|Fortune Master Card CNN

En QAH| El futuro del cash (I): ¿Una realidad menguante?, El futuro del cash (II): Hombre rico, hombre pobre

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