Economía y Empresa, Panorama Internacional 


El futuro del cash (II): Hombre rico, hombre pobre

Cash 2

El mes pasado iniciábamos esta serie con una breve introducción en la que describíamos como el cash todavía tiene una presencia global importante, pese al espectacular desarrollo de los medios electrónicos de pago y el interés de muchas naciones por limitar el dinero en metálico. En la entrada de hoy comprobaremos como esta tendencia es desigual y depende de muchos factores, entre otros, el grado de desarrollo económico de los países.

Bienvenidos al mundo digital… con reservas.

En nuestra anterior entrega mencionábamos el caso de Dinamarca. Siguiendo la continua reducción de efectivo en el país, su Ejecutivo está dispuesto a eliminar a partir de enero de 2016 los pagos con billetes o monedas en bares, restaurantes, gasolineras o tiendas de moda, justificando tal decisión no con el tradicional argumento de lucha contra la economía sumergida, sino por la reducción de costes administrativos y financieros. Tal medida sería el primer paso para una Dinamarca sin efectivo.

Evolución de los pagos en metálico y cheque en Dinamarca

Evolución de los pagos en metálico y cheque en Dinamarca

En Europa, el despegue de los medios de pago electrónicos es una realidad en aumento. Según datos del Banco Central Europeo, el número total de pagos realizados con estos medios se incrementó en 2013 un 6% con respecto al año anterior, hasta alcanzar los 100.000 millones de euros. Las tarjetas supusieron un 44% de todas las transacciones, las transferencias un 27% y los cargos directos en cuenta un 24%. No obstante,  diversos estudios han encontrado que todavía entre un 60 y un 80% de los pagos europeos en el comercio al por menor se hacen en cash. Es más, 9 de cada 10 pagos de menos de 15-20€ se hacen en metálico. Entre los sectores que lo utilizan con mayor intensidad se hallan las tiendas de alimentación, restaurantes de comida rápida, gasolineras, tiendas de chucherías, prensa, tabaco y farmacias. Muchos comerciantes siguen creyendo que el efectivo es más rápido y barato que otros medios de pago, y para la mayoría de ellos así lo ha sido, teniendo en cuenta los elevados costes impuestos por los terminales electrónicos de venta (TPV), que hasta 2013 suponían unos 130.000 millones de euros al año en comisiones bancarias. No obstante, operar con cash también tiene un coste, y no es baladí: se ha estimado en unos 130 euros anuales por persona.

Evolución de los medios de pago electrónico en Europa

Evolución de los medios de pago electrónico en Europa

La tendencia global en medios de pago electrónicos es similar la europea, con el efectivo siendo desplazado año tras año por transacciones digitales y con un nuevo actor que irrumpe con fuerza, especialmente en ese mundo de los pequeños gastos: nos referimos a los pagos con dispositivos móviles, cuyo despegue reciente está siendo espectacular.

Evolución global de pagos con dispositivos móviles

Evolución global de pagos con dispositivos móviles

Sin embargo, esta visión global encierra muchas diferencias regionales, como antes apuntábamos. En muchas partes del mundo la utilización del dinero en metálico no es una opción a escoger entre varias, sino la única posible para las personas.

El otro mundo del cash.

En todo el planeta, 2.000 millones de adultos no disponen de cuenta en una entidad financiera, según datos de la World Bank’s Global Financial Inclusion Database. Sólo un 54% de los adultos de las economías en vías de desarrollo tiene una cuenta (frente a un 94% en los países de la OCDE y un 62% global), y ese porcentaje se reduce considerablemente en los percentiles de extrema pobreza. Existe asimismo una relevante brecha de género: un 65% de hombres disponen de cuenta, porcentaje que en mujeres se reduce al 58%. Tal brecha, a su vez, es significativamente mayor en los países menos desarrollados.

% de adultos con cuenta en una entidad financiera (2014)

% de adultos con cuenta en una entidad financiera (2014)

Lo que este mapa nos cuenta es que en extensas áreas del planeta, las monedas y los billetes son el único medio de pago disponible para millones de hombres y mujeres. De hecho, más del 20% de los adultos sin cuenta (unos 400 millones de individuos) reciben salarios o transferencias gubernamentales en cash. Lo mismo podemos decir de los cobros y pagos por la venta de productos agrícolas (440 millones de personas sin cuenta los hacen en efectivo) y de los envíos domésticos de dinero (270 millones de personas). A todos ellos les queda todavía un enorme trecho que recorrer en cuanto a inclusión financiera para siquiera plantearse reducir y ya no digamos eliminar el cash.

No obstante, muchos economistas ven en esa inclusión financiera y en la erradicación del dinero en metálico una de las herramientas más potentes para combatir la pobreza. Otros inciden en los beneficios que ello supondría en cuanto a la lucha contra la corrupción. Pero existe asimismo un nutrido grupo de autores, de corte más liberal, que contemplan el cash como uno de los pocos reductos de libertad individual que le quedan al ciudadano. De hecho, hay países muy avanzados, como los Estados Unidos, en donde su utilización sigue siendo muy notable. Según un estudio de la Reserva Federal de San Francisco,  un estadounidense utiliza efectivo en el 40% de todas sus transacciones mensuales. ¿Se debe a que los norteamericanos con ingresos bajos no tienen acceso a otros modos de pago, o se trata de una cuestión esencialmente cultural?

Reflexionaremos sobre todo ello en la siguiente entrega. Hasta entonces, estaré encantado de resolver sus dudas sobre el tema.

Imágenes|Libre Mercado Banco Central Europeo ATKearney World Bank

En QAH| El futuro del cash (I): ¿una realidad menguante? Dinamarca y su divorcio del dinero en efectivo

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