Historia 


El fin de los piratas en la República romana

Mosáico romano mostrando un barco pirata.

Mosáico romano mostrando un barco pirata.

Los intentos de la Roma republicana de erradicar a los piratas fracasó sistemáticamente. Varias décadas duró la persecución y el intento de exterminar al terror de los mares y al más grande de los problemas del comercio. No sólo valiosos botines acababan en manos de los piratas, sino que también numerosas personalidades del mundo romano, entre las cuales el mismísimo César, conocieron la captividad pirata, de la cual solamente consiguieron escapar a cambio de un rescate orbital.

Cuando estos ladrones de mar atracaron incluso el puerto de Ostia y empezaron a atemorizar los paseantes de Via Appia se decidió que el problema debía ser resuelto.

Fue en el año 67 a.C. que el inluyente político y militar Gabinio propuso un proyecto de ley que prometía acabar de una vez por todas con los piratas. El encargado de llevar la misión a cabo fue el cónsul Pompeyo, lo que causó revuelo en el senado y levantó voces escandalizadas. La ley le dio poder sobre toda la extensión del mar, manteniéndose alejado de las costas a 50 millas mar adentro.

Busto de Pompeyo.

Busto de Pompeyo.

Contando con el apoyo de influentes oradores como Cicerón y César se estableció que 24 legados, 500 naves, 20 legiones (120 000 soldados) y 5000 jinetes serían puestos a la disposición de Pompeyo, el dueño del imperio de Neptuno, para combatir a los temibles piratas. Disponía, además, de dinero ilimitado proveniente del tesoro público. Lex Gabinia fue bien recibida por la plebe, pero el senado estuvo aterrado por el gran y peligroso poder que se le entregaba a Pompeyo y que, a partir de aquel momento, representaba una amenaza para la estabilidad de la república.

Usándose de la calma y la minuciosidad que le eran características, elaboró el plan estratégico más brillante de toda su carrera militar. Dividió el Mar Mediterráneo en trece sectores, colocando en cada uno a un legado al mando, al que le entregaba un número de naves y hombres. Sincronizadamente empezarona a atacar naves piratas, a los cuales capturaba en grupo. Los que conseguían huir lo hacía desorganizadamente, juntándose nuevamente en su punto de reunión, Cilicia.

Los fuertes lazos que los comandantes tenían entre sí dieron lugar a una colaboración bien organizada que limpió prácticamente todo el Mediterráneo occidental en un decurso de tan sólo cuarenta días. El plan consistía en ataques sorpresa a principio de la temporada de navegación (la primavera del año 67), cuando las naves aún no se encontraban en altamar. Gracias a eso los transportes provenientes de Sicilia, Cerdeña y África empezaron a llegar a salvo y el precio del trigo y otras mercancías descendió súbidamente.

Vestimenta de un pirata cilicio.

Vestimenta de un pirata cilicio.

Para producir disensiones entre los piratas Pompeyo mostró clemencia hacia los piratas que sobrevivían y le pedían perdón. Les trataba con apacibilidad aunque les hubiese emprisionado y requisado las naves y los botines. Muchos de ellos, llenos de esperanza, huían de los otros comandantes e iban a entregarse a Pompeyo, rogando compasión para ellos y para sus esposas e hijos. Pompeyo se comprometió a condonarles a cambio de ayuda para localizar a los fugitivos, a los cuales castigó cruelmente.

Las luchas más importantes se llevaron a cabo en Cilicia, donde asediaron las ciudades fortificadas por los piratas, construidas con la finalidad de cobijar a sus familias y capturas. La batalla naval de Coracesium (actualmente Alanya, Turquía) significó el fin de las actividades indemnes de los corsarios cilicenses. La lucha contra los piratas le trajo a Pompeyo mucha gloria. Con un total de 864 naves capturadas o destruídas, la reconquista de 120 ciudades de propiedad pirata, la captura de 20.000 de ellos y la muerte de otros 10.000 Pompeyo fue aclamado.

Fue él quien encontró una ingeniosa solución para los miles de prisioneros. Fueron enviados como colonizadores en el oriente y occidente y asentados en pueblos, donde se convertirían en pacíficos agricultores. Como impedir que los piratas volvieran a ser un problema significante para Roma los emperadores posteriores enviaban periódicamente escuadras públicas.

Vía| Pompey – Robin Seager

Imágenes| Mosáico; Busto de Pompeyo; Pirata cilicio

En QAH| Atila, rey de los hunos y terror de los romanos (I), (II)

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