Patrimonio 


El Fayum: retratos para la eternidad

Unos dos millares de retratos nos contemplan serenos, ausentes, nostálgicos de una época y evocadores de la vida terrenal desde la ultratumba. Son el exponente esencial de un Egipto faraónico agotado que culminó con un crisol cultural sin precedentes, tras la ocupación de griegos y romanos. En este periodo, con frecuencia desestimado por la Egiptología, estas obras se erigen como el último y más completo estadio de la pintura grecorromana, de la que escasean ejemplos, así como el predecesor de los iconos bizantinos y coptos y una de las bases del retrato occidental.

Un oasis al norte del país, principal yacimiento de estos retratos, les da nombre: El Fayum. Este lugar experimentó especial prosperidad desde la llegada de Alejandro Magno –332 a. C.–, durante el periodo ptolemaico y la posterior dominación romana iniciada por Augusto –30 a. C–. La economía eminentemente agraria, de productos como cereales o aceite, enriqueció a nativos, a nuevos propietarios griegos y romanos y a extranjeros atraídos por los negocios.

Momia de adolescente del s. II d. C., Museo Británico. Las momias completas con retratos son muy escasas, puesto que solo los retratos suscitaban interés, siendo extraídos.

Esta multiplicidad de influencias se reflejó particularmente en el mundo funerario, tan relevante en la cotidianidad egipcia. Aunque seguía prevaleciendo la momificación, pues conservar el cuerpo garantizaba la vida eterna, a esta práctica se le añadió la colocación de un retrato pintado. A pesar de su carácter funerario, estos retratos, hallados también en otras zonas del país como Alejandría, Tebas o Antinoópolis, se distinguen por su realismo y viveza penetrantes. Su producción se desarrolló entre los ss. I a. C. y IV d. C., siendo Egipto provincia y granero de Roma.

Serían redescubiertos hacia 1888 gracias a Flinders Petrie. Desde entonces han conformado el conjunto de representaciones pictóricas individualizadas y realistas, no regias ni divinas, más antiguo descubierto. Sin embargo, la descontextualización y diseminación son un problema todavía vigente, dificultando su estudio y datación. Por eso en los museos los retratos pueden aparecer catalogados indistintamente en la sección egipcia, romana, bizantina o copta.

Variando según el artista –normalmente anónimo–, la clientela, la región o la época, los retratos estaban realizados sobre madera o lienzo empleando pintura al temple o, más frecuentemente, al encausto. Esta última técnica aglutina pigmentos minerales y vegetales con cera de abeja, lo que proporciona uniformidad, brillo y consistencia en el acabado y múltiples matices cromáticos que realzan el volumen y la mirada. Representan bustos de frente, contrastando con la nula frontalidad del arte egipcio; el contorno facial oval enmarca un rostro de nariz alargada, frente despejada y cejas definidas, todo ello articulado en torno a unos grandes ojos.

Diversos retratos de El Fayum. Algunos destacan por su naturalismo (1, 2, 3, 5, 8), otros mayor esquematización (4). No abundan las inscripciones en griego (6), que suelen referirse al nombre del retratado o su ocupación. Es posible encontrar añadidos dorados sobre el fondo o partes del cuerpo (7); se cree que se incorporaban con la muerte reciente, por las connotaciones divinas del oro. Para los egipcios, la carne de los dioses era de oro; una herencia clara en los iconos bizantinos.

El protagonismo de la mirada es indiscutible. Muestra atemporalidad, melancolía, calma, fervor o una sutil sonrisa. En cierto modo, unos ojos tan persuasivos podrían preludiar la inminente mentalidad medieval cristiana –véase la iconografía bizantina–, aun sin símbolos religiosos ni funerarios. No obstante, el detallismo se concentra en los cabellos, joyas y vestiduras.

Los retratos constituyen una jugosa fuente de información sobre la población –abundan los niños retratados debido a la alta mortalidad infantil y los adultos escasamente superan los 50 años–, economía –aunque propios de las élites, hay retratos de menor calidad para los menos pudientes–, comercio –ciertos pigmentos y maderas proceden de Grecia, Iberia o Europa Central– costumbres, profesiones o ideales estéticos y moda –que refleja muy bien el gusto grecorromano–. Cierta homogeneidad estilística sugiere la existencia de una producción en serie a partir de modelos esquemáticos como base, según sexo, etnia o edad, y sobre los que desarrollar después cada encargo particular, otorgándoles individualidad y naturalismo.

No cabe duda del carácter funerario de los retratos porque todos han sido hallados en tumbas. Colocados sobre la cabeza de la momia, podrían evidenciar una evolución de las célebres máscaras funerarias egipcias; o una adaptación de las imagines maiorum romanas, máscaras de cera o terracota directamente elaboradas a partir del rostro del fallecido, permaneciendo en el hogar para honrar su memoria. Es posible también encontrar precedentes griegos e incluso etruscos.

Izquierda: pintura pompeyana del s. I d. C. Derecha: tondo de los dos hermanos, retrato de El Fayum excepcional por incluir dos varones, acaso amantes, y que podría cuestionar la hipótesis de la relación con las máscaras funerarias; data del s. II.

En relación a los ideales estéticos grecorromanos, estas imágenes, realistas en principio, revelan cierta idealización. Algunas de las momias presentan cuerpos achacosos o de más edad que lo sugerido por sus respectivos retratos, pudiendo entonces ser pintados décadas antes o haberse permitido licencias el artista; de hecho, hay retratos de distinta datación enterrados juntos. Tal vez los vivos deseaban mostrarse con buen aspecto ante la muerte. Al fin y al cabo, la apariencia de los emperadores romanos en esculturas y monedas siempre era espléndida, propagandística.

Sudario del Museo Pushkin, s. II d. C. Una síntesis del sincretismo grecorromano y egipcio. Los retratos eran pintados en ocasiones sobre tela, realizando el rostro aparte. Destaca el contraste entre la frontalidad de la figura central y el carácter plenamente egipcio de la figura lateral derecha.

De haber sido pintados años antes, los retratos pudieron permanecer expuestos en el hogar antes de la muerte de los retratados o también después de ella, recibiendo culto temporalmente junto a sus propias momias, como parecen indicar varias señales: huellas de insectos, imperfecciones por inclemencias climáticas, garabatos de niños, alteraciones en la tabla… Pero todos ellos, de nuevo, han sido hallados en tumbas generalmente intactas. Tumbas, además, casi desprovistas de ofrendas, una práctica egipcia tan fundamental. Esto justificaría, por tanto, que ya recibieran culto y ofrendas en el hogar. Igualmente se discute si los retratos fueron pintados en vida de sus modelos, dado el verismo logrado, o con el fallecimiento reciente, siendo la responsabilidad del artista “devolver la vida” al retratado.

En cualquier caso parece que estas imágenes, con psicología propia, vienen a ocupar el lugar del ausente tal como era recordado en vida, como si de un último soplo de vitalidad se tratase, y como también se espera que perdure eternamente. Es una prueba clara de la seducción de los cultos orientales en la Roma imperial. El egipcio contemplaba la muerte como continuidad, viaje o resurrección; de ahí que el muerto sea representado muy vivo. Para el romano, en cambio, no era más que un injusto fin sin retorno.

Confinados en tumbas y aislados de la historia y el arte de su tiempo, los retratos de El Fayum se enclavan entre dos civilizaciones y entre dos épocas: guardan vestigios de la Antigüedad y anuncian la Edad Media del mismo modo en que se alojan en la delgada frontera entre la vida y la muerte. Y recordándonos la caducidad de la vida, encarnan aquello a lo que el hombre siempre ha tratado de aferrarse: la eternidad.

 

Vía| BAILLY, Jean-Christophe: La llamada muda; Fondation Jacques-Edouard Berger; PRAG, A. J. N. W.: Proportion and personality in the Fayum Portraits; CARTWRIGHT, Caroline, MIDDLETON, Andrew: Scientific aspects of ancient faces: mummy portraits from Egypt; VVAA: The study and conservation of four ancient Egyptian funerary portraits: provenance, conservation, history and structural treatment; Metropolitan Museum of Art; Historia National Geographic nº 146; ABC.

Más información| Vídeo; Portraits du Fayoum; PETRIE, W. M. F.: Roman Portraits and Memphis (IV); Imagines maiorum; Amigos del antiguo Egipto.

Imagen| Wikimedia Commons, Museo Pushkin, Museo Británico, Instituto de Arte de Chicago, Pinterest, Pinterest.

En QAH| La muerte en el Egipto Faraónico (I): el mundo de las creencias, La muerte en el Egipto Faraónico (II): El proceso de momificación, La muerte en el Egipto Faraónico (III): El funeral, ¿Cómo era la pintura en la época de Augusto?, Una tumba sin dueño: KV55.

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