Historia 


¿El falso Cortés?

El pasado 6 de enero se conmemoró en México el centenario de la promulgación de la Ley Agraria expedida por Venustiano Carranza. El eje central de dicha legislación fue la facultad de restituir las tierras de aquellos que las habían perdido por la Ley del 25 de junio de 1856 y de otras posteriores, que tuvieron como objetivo individualizar los terrenos pertenecientes a las comunidades para incentivar la propiedad privada, aunque sus efectos fueron nocivos para buena parte del campesinado mexicano.

Para ese momento, 1915, las facciones revolucionarias ya se encontraban en el conflicto abierto que desembocaría en una guerra civil. Los constitucionalistas, liderados por Carranza, se enfrentaban a los convencionistas, donde sus figuras más reconocidas eran Francisco Villa y Emiliano Zapata. Este último bando ya tenía organizada su propia legislación agraria, en la que los pueblos tenían la facultad para resolver la forma de propiedad que más les conviniese: ejidos o propiedad privada. En cambio, en la ley carrancista cualquier forma de reparto agrario dependía de la decisión del poder ejecutivo, el presidente en turno.

En ambas legislaciones, los campesinos tenían que comprobar que eran dueños legítimos de las tierras solicitadas, para ello era necesario presentar escrituras para avalarlas. Dicha documentación podía consistir en contratos de compra-venta, diligencias procesales, títulos, actas notariales y en especial documentos coloniales, como las mercedes de tierras. Una merced era un documento en el que se otorgaban tierras en nombre del Rey español a un súbdito o a un pueblo. Muchas de éstas se conservaron en los archivos municipales y en el Archivo General de la Nación, donde los campesinos acudían (y siguen acudiendo) para solicitar una copia certificada y verificar su autenticidad mediante dictámenes paleográficos.

Hernán Cortes. Designado capitán general durante la expedición a Tenochtitlan, cargo ratificado por el rey hasta octubre de 1522.

Hernán Cortes. Designado capitán general durante la expedición a Tenochtitlan, cargo ratificado por el rey hasta octubre de 1522.

Uno de esos escritos, que se encuentra en el Archivo General, se refiere a una merced de tierras realizada por Hernán Cortés a los caciques de los pueblos de Axapusco y Tepeyahualco, en la Villa Rica de San Juan de Ulúa (en el actual estado de Veracruz) en 1519. El documento apunta que esta merced fue otorgada a los señores Tlamapanatzin y Atonaletzin, este último era un supuesto pariente no reconocido de Moctezuma, el gobernante de la gran Tenochtitlan. Al parecer estos caciques se habían aliado casi de inmediato con los españoles, les trajeron presentes y les contaron que en el año de 1364, durante el reinado del Acamapictí llegó un “hombre blanco y con barbas y vestido como Papa de la banda (…) al parecer un sacerdote con un libro en las manos” que les había dicho que dejaran de hacer sacrificios humanos y que sus ídolos serían derrotados.

Esta merced fue puesta en duda por diversos motivos. En primer lugar cuando Cortés y sus hombres desembarcaron en Veracruz en 1519, él todavía no poseía algún cargo con el cual pudiese otorgar alguna merced; también está el hecho de que aparece como gobernador y capitán general de la “Nueva España”, cuando ésta aun no se nombraba así. Otro punto a cuestionar es que los caciques se habían declarado “leales vasallos de Su Majestad o emperador”, lo cual sería muy pronto para que ellos comprendieran eso, pues tal como menciona “Cortés”, las comunicaciones entre ambas partes se hacían con señas y con la intermediación de Doña Marina (una esclava que hablaba náhuatl y maya) y Jerónimo Aguilar (un náufrago que había aprendido maya en el actual Yucatán). Por último, en las Cartas de Relación escritas por Cortés, no se hace mención de los caciques ni de los pueblos.

Si bien este documento puede ser una falsificación, posee un valor inigualable para la historia. Se trataría de una obra apócrifa hecha por indios que estaban familiarizándose con el imaginario del mundo hispánico y usándolo para su propio beneficio; en el caso de los dos caciques o sus familiares era evidente que mostraron esta documentación para la posesión y defensa de las tierras que consideraban suyas.

Vía| BELTRAN, TRINIDAD, Problemas de tendencia de la tierra durante el porfiriato y la revolución (1876-1915), México, El Colegio Mexiquense, 2010; BARJAU, LUIS, Hernán Cortes y Quetzalcóatl. Estudio de un documento de autenticidad cuestionada, México, INAH, 2007; CORTÉS, HERNÁN, Cartas de Ralación, México, Porrúa, 2005.

Imagen| Hernán Cortés

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