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El extraño valor de las buenas personas y sus actos

compartir paraguasOs pongo en situación: sábado, aproximadamente las 14:30 de la tarde, plaza de abastos de un municipio normal en la que puestos y demás comercios empiezan a recoger y limpiar. Está lloviendo, mucho.

La gente que no tiene paraguas se pega a la pared en su paseo para no mojarse, la mayoría esperan bajo algún saliente de techo o portón a que escampe o llueva menos para dar una carrerita hacia su destino. Otros pasean con su paraguas.

Un chico joven que está trabajando, tiene que recoger unas cajas pesadas que están fuera de la plaza, en una calle peatonal, y se está mojando mucho, haciendo eso más difícil aún la tarea de ordenar las cajas para poder llevarlas a otro lugar. Se nota que lo está pasando mal.

Entonces, después de un rato, una persona que iba con un grupo de amigos, se despega del mismo y se acerca con el paraguas al muchacho que estaba trabajando para compartir su paraguas al menos durante la tarea que estaba éste desarrollando con dificultad y agachado bajo la intensa lluvia. El resto del grupo aplaude, y comienza a alabar la buena acción del dueño del paraguas.

Está muy bien que se alaben las buenas acciones de las personas pero os planteo una pregunta: ¿no debería haber sido lo normal esa ayuda, en lugar de algo excepcional que provoca unos aplausos? ¿Por qué consideramos las acciones buenas, que son de forma voluntaria en su mayoría, como algo excepcional? ¿Es cuestión de educación, de valores, o de qué?

Valores tan humanos como la ayuda al prójimo o como la solidaridad parece que a día de hoy están muy por detrás de otros muchos, y viendo situaciones como esta da la impresión de que tienen un extraño valor. Uno que cuesta mucho encajar en la sociedad de la que formamos parte.

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