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El Experimento Milgram (I): el método

 ¿Dónde está el limite de la obediencia del ser humano?

Stanley Milgram fue un psicólogo de la universidad de Yale que en el año 1963 realizó una serie de experimentos de psicología social, para poner en evidencia los límites de la obediencia humana ante situaciones poco convencionales.

La serie de experimentos de Milgram, también conocidos como “Estudios del comportamiento de la obediencia”, causaron un gran furor en la comunidad científica de la época, no solo por los cuestionados métodos que empleó, llegando incluso a declararse por parte de un gran número de estudiosos que el experimento era tremendamente inmoral, si no también por los sorprendentes resultados que obtuvo, los cuales fueron publicados en su libro Journal of Abnormal and Social Psychology.

El método

A través de una serie de anuncios en un periódico local en el que se solicitaban personas dispuestas a trabajar remuneradamente para un estudio sobre la memoria y el aprendizaje, Milgram consiguió varios voluntarios a los que ocultó el verdadero propósito de su experimento.

El experimento requería tres personas que realizaran un papel diferente, el examinador (realizado por el investigador de la universidad), el maestro (papel que realizaba el voluntario) y el alumno (papel que desempeñaba una tercera persona cómplice del investigador). Tanto el papel de maestro como de alumno, eran repartidos mediante un pequeño sorteo con una caja, cuyo resultado estaba ya decidido previamente, haciendo así que el voluntario asumiese forzosamente el papel de maestro.

A continuación, se les acompañaba a una habitación especial, en la que el alumno se sentaba en una silla, se le ataba, para evitar que se moviese y  se le colocaban electrodos para darle una serie de descargas eléctricas, controladas a su vez por el maestro (el voluntario) desde una cabina adyacente desde donde podía contemplar a su alumno a través de una cristalera.

   El experimento se comenzaba dando tanto al  maestro como al alumno una descarga real de 45 voltios con el fin de que el maestro comprobase el dolor del castigo y la sensación desagradable que recibiría su alumno con cada error que cometiese. Seguidamente el investigador, sentado en el mismo módulo en el que se encontraba el maestro, proporcionaba a este una lista con pares de palabras que tenía que enseñar al alumno. El maestro comenzaba leyendo la lista al alumno y tras finalizar le leía únicamente la primera mitad de los pares de palabras dando al alumno cuatro posibles respuestas para cada una de ellas. Éste indicaba cuál de estas palabras correspondía con su par leída presionando un botón (del 1 al 4 en función de cuál creyese que era la correcta). Si la respuesta era errónea, el alumno recibía del maestro una primera descarga de 15 voltios que iba aumentando en intensidad hasta los 30 niveles de descarga existentes, es decir, 450 voltios. Si era correcta, se pasaba a la palabra siguiente.

Por lo general, cuando los maestros alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus alumnos y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar, mediante frases cuyo tono de imperatividad iba ascendiendo a medida que el maestro iba manifestando su deseo cada vez más poderoso de abandonar el experimento. Las cuatro frases empleadas de menor a mayor rango de imperatividad eran,  “Continúe, por favor”, “El experimento requiere que usted continúe”, “Es absolutamente esencial que usted continúe”, “Usted no tiene opción alguna, debe continuar”.

Al llegar a los 135 voltios, muchos de los maestros se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su alumno.

Después de alcanzar la cuarta frase, el experimento se detenía. Si no se detenía una vez se  hubiesen administrado tres veces consecutivas el voltaje máximo, 450 voltios.

Aquí os dejo un video de la pelicula francesa “I comme Icare”, donde podéis ver cómo se realiza el experimento.

Vía| Behavioral Study of Obedience. Milgram, Stanley. 1974

En QAH| El experimento Milgram (II): Resultados y conclusiones

 

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