Cultura y Sociedad, Reflexiones 


El éxito no es para impacientes

La creatividad es un acto de fe. Para crear primero hay que creer.

                                   Miguel Ángel Cornejo

Una amiga parafraseó esa cita diciendo “para hacer primero hay que creer”…Y lo que parecería ser un acto sencillo, al observar el entorno, uno se sorprende al darse cuenta que ello no abunda sino que, hoy en día, se ha vuelto un bien muy escaso.

Vivimos en tiempos donde la comodidad y el poder de compra son los anhelados valores que se persiguen con ahínco en este mundo de consumo y apariencias.

Hacer y construir siempre representan desafíos y energías importantes para quien tiene dicha vocación en la vida. Que todos “tiren” para el mismo lado no deja de ser una tarea dificultosa cuando los egos, intereses e individualidades priman. ¿Acaso antes eso no sucedía? Por supuesto que existía, sólo que ahora hay un elemento que acelera dicho proceso. De la mano de la globalización, el boom de las comunicaciones y, en particular, el fenómeno de las redes sociales las personas quieren lucirse en todo momento y ser famosas. Como expresa el periodista Alejandro Lavalle en su artículo Identidades Avatar: “Capturamos y publicamos con rapidez: la vivencia se legitima al aparecer. Y no hay tiempo que perder. Allí nos exhibimos con una felicidad exultante que se incrementa con cada like, acaso equivalentes a los aplausos que recibe el protagonista de un suceso teatral o la estrella de cine”.

Esa búsqueda del éxito se quiere alcanzar de forma acelerada, al ritmo de las redes sociales. Hace un tiempo vi una noticia de una pareja donde ella le disparó a él –con su consentimiento- en un video en YouTube porque querían ser famosos y querían que ese video se viralizara. Desafortunadamente ella lo mata y la noticia no fue la viralización de un video en YouTube sino el absurdo homicidio.

Las personas quieren cosechar los frutos y reconocimientos del éxito sin el sacrificio, el esfuerzo y la constancia que implican llevar adelante una idea o proyecto.

Todo en la vida lleva un tiempo de maduración, de espera. Y aunque muchas veces se piense que nada está ocurriendo, si se ha sembrado bien, es decir, si se ha trabajado duro y seriamente, los resultados van a reflejarlo de la misma manera. Eso me recuerda la historia del bambú japonés. Dicha planta no sale a la superficie hasta los siete años de haber sido sembrado. Para cualquier cultivador impaciente pensaría que nada está ocurriendo, que la semilla ha sido mala. Sin embargo, a los siete años el bambú crece más de treinta metros en solo seis semanas. Es decir, el bambú tardó siete años en mostrar el éxito del cultivador. Ocurre lo mismo con los proyectos que emprendemos, el éxito verdadero nunca es de un día para el otro. Puede haber casos de “golpes de suerte” pero muchas veces en dichas ocasiones hay una historia de sacrificio y dedicación que duró varios años hasta lograr dicho éxito. En esos momentos donde parece que nada está ocurriendo se está “echando raíces” para lo que vendrá.

La clave de la mayoría de las personas que han alcanzado lo que se han propuesto radica en la perseverancia. Y antes que ello, en creer y vislumbrar que ese sueño es posible. Desde ese momento en que se cree en ese sueño, la idea toma fuerza y uno empieza a trabajar y dedicar muchas horas de su vida en ello. Siempre habrá momentos en los que uno crea que nada está sucediendo, que es mejor abandonar esa empresa y buscar nuevos horizontes. En esos momentos, debe recordarse que no es la velocidad que lleva lo artificial y efímero, que hoy brilla y es tendencia y mañana nadie recuerda qué o quién es, lo que permite lograr el éxito. Siempre tenemos que estar atentos a la voz del tiempo, ser lo suficientemente abiertos y flexibles para adaptar nuestra idea inicial y darle el suficiente tiempo de maduración que un proyecto precisa.

Lo verdadero, bello y bueno siempre tendrá un recorrido de sacrificio. Y como todo lo que en la vida cuesta, se valora; el éxito de lo que nos propusimos deberá costarnos.

* Imagen| assets.entrepreneur

 

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