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El Estado Social y Democrático de Derecho

La lectura de “La globalización ilustrada: Ciudadanía, derechos humanos y constitucionalismo”, libro del profesor de Filosofía del Derecho Alfonso de Julios-Campuzano, me ha inducido a reflexionar sobre la inminente crisis del Estado-Nación, consecuencia, en gran medida, del fenómeno globalizador. Fenómeno que podemos relacionar con el artículo primero de la Constitución Española, el cual dice:

1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Asistimos actualmente a una cantidad de cambios globales que no pueden pasar desapercibidos para el mundo del Derecho, de ahí, la necesidad de hacer una reflexión iusfilosófica de lo que está pasando.

La globalización es un proceso de cambios en todos los órdenes de la vida: Jurídico, Económico, Político, Social y Cultural. Parece que el proceso en el que estamos inmersos es tan profundo que está afectando a la configuración de los Estados, a su estructura, a sus entrañas. Los Estados están viendo limitadas sus acciones por entes supranacionales, también por los supraestatales “Mercados”, que dirigen en todo momento el rumbo de los mismos. Como muestra un botón; El FMI, muy conocido por todos, es uno de los órganos supranacionales tendentes a marcar las políticas económicas (también las sociales) de los distintos países. Órganos como este (podríamos citar varios: ONU, Banco Mundial…), con un gran déficit democrático, son los que nos deben hacer reflexionar sobre la necesaria adaptación de los Estados a estos vertiginosos cambios, puesto que son los que muestran el debilitamiento del constitucionalismo moderno, y por ende, de la estructura estatal.

Entiendo que la globalización es un proceso que debemos utilizarlo en aras de la cohesión entre los distintos Estados. Cohesión que no debe implicar desintegración; cuando así ocurre, es cuando se pone en peligro la razón de ser del Estado-Nación. Debemos aprovechar la globalización para favorecer el desarrollo integral de la sociedad y del ser humano, para alcanzar un verdadero progreso que garantice los principios de solidaridad y justicia. Todo proceso que no garantice estos dos principios, es digno de ser estudiado y revisado. Los llamados “Mercados” creo que, a lo mejor peco de incrédulo y escéptico, no entienden de estos principios. Puede que me equivoque… Aunque los hechos son irrefutables…

Asistimos en consecuencia, a nuevas formas de poder supranacionales, podríamos llamarlos “poderes ocultos”, ante los cuales se sienten superados y resignados los poderes estatales, perdiendo, en gran medida, su soberanía, su capacidad normativa.

Pues bien, ante este fenómeno globalizador y ante esta crisis de estatalidad, que tan negativamente repercute en la sociedad civil, veo necesario adaptar el “Estado Social y  democrático de Derecho” para que los entes supranacionales no coarten y limiten las políticas de los Estados, dejando vacio, de este modo, el contenido del artículo primero de nuestra Carta Magna.

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