Patrimonio 


El Españoleto: el pintor de lo real

Ribera es admirable en su imitación del natural, en la fuerza del claroscuro, en el manejo del pincel y en la presentación de los accidentes del cuerpo, las arrugas, los pelos,…” A.R. Mengs, 1787.

"Ticio". José de Ribera, 1632. Museo del Prado.

“Ticio”. José de Ribera, 1632. Museo del Prado.

Dos obras de José de Ribera formaron parte de la exposición, de gran acogida, que el Museo del Prado realizó la pasada primavera: “Las Furias“, donde compartían espacio con nombres como Tiziano, Miguel Ángel o Rubens.  Para el espectador que desconocía al pintor español fue toda una sorpresa poder observar estos grandes lienzos donde se mostraba todo el potencial y el horror que conlleva el tema, tratado con un realismo que conmueve, como cuando se está frente a los lienzos de Ixión y Ticio.

Nacido en Xàtiva en 1591, no hay casi testimonio ni prueba documental de su infancia y primera formación, ni tampoco cuáles fueron los motivos que determinaron su cambio de residencia solo hay informaciones de carácter casi legendario, como es su presunta vinculación con la mafia napolitana de la época. Sea como sea, lo único que se sabe que tras un breve periodo en Valencia, donde se especula una primera formación en el taller de Ribalta, en 1611 ya aparece documentado en Parma, pasando por la Academia de San Lucas de Roma y un asentamiento definitivo en Nápoles, donde desarrollará la mayor parte de su producción artística, gozando de la protección de los virreyes españoles. Ribera fallecería en dicha ciudad en 1652.

"Martirio de San Bartolomé". José de Ribera. 1644. MNAC.

“Martirio de San Bartolomé”. José de Ribera. 1644. MNAC.

Influida por Caravaggio, su pintura presenta unos marcados contrastes tenebristas, con abundancia de negros, más suavizados en su madurez por la interiorización del colorido y una luz muy estudiada, que pertenece a la escuela veneciana. Además posee una técnica casi palpable en las calidades, tan cercanas al realismo que las telas y la piel de las figuras se hacen táctiles a nuestros ojos. Su obra se caracteriza por una fuerza sorprendente, y un verismo, originado por la Contrarreforma, que no omite ningún aspecto de la realidad, por más cruel o desagradable que fuera.

Debido a su corta estatura, en Italia se le conocerá como “El Españoleto“, pero sin ningún complejo contribuyó a crear la Escuela Napolitana que le reconoció como su Maestro indiscutible, siendo admirado por sus continuadores como Lanfranco o Luca Giordano. Sus lienzos y grabados circularon por media Europa, influyendo su técnica y modelos iconográficos a figuras como Murillo o Rembrandt. Ribera experimentó un “renacimiento” en el Realismo del siglo XIX como referente para Léon Bonnat y para artistas posteriores como Manet o Matisse entre otros.

La especial circunstancia de ser un extranjero en Italia, y aún más, ser un español en Nápoles, ha provocado que durante año, la historiografía italiana le pasase a un segundo plano, como algo ajeno a su tradición y a sus gustos, portador de cierta “brutalidad ibérica”, y en España se le viese y estudiase parcialmente y sin suficiente perspectiva. En tierra de nadie, historiográficamente hablando, se ha tenido que esperar al último tercio del siglo XX, cuando se ha comenzado a estudiar la figura de Jusepe de Ribera, nombre con el que el propio artista firmaba algunas de sus obras. Hay que rendir homenaje a este peculiar artista que, a pesar de su corta estatura, realizaba fastuosas obras, que aún hoy, al estar frente a ellas, nos impresionan y agitan interiormente por su realismo extremo, que solo la mano de “el Españoleto” podía conseguir realizar.

 

Vía| Museo Nacional del Prado. “El MET adquiere un lienzo de José de Ribera”

Más información| CUOCO A., “José de Ribera“, Ed. Buenos Aires: Codex 1964. SCHOLZ-HÄNSEL, M., “Jusepe de Ribera”, Konemann, 2000.

Imagen| Ticio, Martirio de San Bartolomé, Martirio de San Felipe

En QAH| Las Furias del Museo del Prado

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