Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El Durero grabador y su gran modernidad

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San Jerónimo, 190 x 133 mm., 1492. Obra relacionada todavía con el grabado gótico del siglo XV aunque con una nueva forma de mostrar la figura religiosa dándole un carácter humanista por la presencia de una mesa con libros en griego, latín y hebreo

Hasta el 5 de mayo está teniendo lugar en la Biblioteca Nacional de Madrid la espléndida exposición Durero grabador. Del gótico al renacimiento con los magníficos fondos que la propia biblioteca posee, ofreciéndonos un completo panorama de esta faceta de un artista fascinante, un gran creador quizá no suficientemente conocido en España, un gran difusor del clasicismo, a caballo entre los siglos XV y XVI, un intelectual.

Ambientada con grabados fechados entre 1490 y 1540 de otros artistas contemporáneos como Hans Holbein, Lucas Cranach, Hans Baldung Grein o Albrecht Altdorfer, cuenta con tres secciones enteramente dedicadas a Durero, mostrando 93 de sus obras por orden cronológico, un fantástico recorrido que se inicia con sus primeros años de aprendizaje, pasa por los trabajos como pintor oficial del Emperador Maximiliano I, una de las mayores aspiraciones de un artista de la época, con el Arco Triunfal, el Gran Carro Triunfal y el Retrato del Emperador Maximiliano I, y que culmina con Durero tratadista.

Su primer viaje de estudios, el Wander Jahre (años itinerantes) por los Países Bajos y la región del Rhin, fue un periplo decisivo y en el que perfeccionó la técnica del grabado.

Pero todavía fueron más esenciales sus dos viajes a Venecia, uno en 1494 en el que adquirió conocimientos suficientes para instalar taller propio a su regreso a Nuremberg, y otro en 1505, donde se cree que entraría en contacto con Luca Paccioli, geómetra y estudioso de la perspectiva, quien le hablaría de la importancia del conocimiento de las matemáticas para el artista, muy en relación con los estudios de Durero sobre las proporciones del cuerpo humano, viajes que hicieron posible su definitivo salto desde el último gótico al Renacimiento pleno.

El caballero, la muerte y el diablo

El caballero, la muerte y el diablo, 248 x 191 mm., 1513

Quizá sus grabados más famosos sean El caballero, la muerte y el diablo, Melencolia I y San Jerónimo, realizados entre 1513 y 1515.

El caballero, la muerte y el diablo trata precisamente un tema muy del momento, el Miles Christi, el caballero cristiano, con vida al servicio de su fe y sin temor a la muerte, que camina por la vida para llegar a una meta, la salvación, tema que recorría las mentes europeas, tal y como vemos en el Manual del caballero cristiano de Erasmo de Rotterdam. El caballero cabalga por una especie de barranco oscuro, metáfora del peregrinar por la vida, con rostro inexpresivo, concentrado, y dejando atrás las acechanzas del diablo y la muerte. Al fondo, una montaña y sobre ella una ciudad. Es la ciudad de la luz, la salvación hacia la que camina el caballero.

La obra denota influencias del pensamiento utópico del Renacimiento, sobre todo en el norte de Europa, que defendía la posibilidad de llegar a un lugar de salvación. Durero busca mostrarse como quién, a través del esfuerzo, llega a la salvación, en relación con los pensamientos de Erasmo. Y en  esa misma línea estaría San Jerónimo en su estudio, que refleja al santo considerado prototipo del intelectual cristiano.

Melencolia I

Melencolia I, 241 x 190 mm., 1514.

En cuanto a Melencolia I, se considera un retrato espiritual del artista, representación de uno de los cuatro humores con los que la medicina clásica dividía los temperamentos de los hombres. El ser melancólico estaba bajo la influencia de Saturno y se caracterizaba por un andar lento, el pensar las cosas, tardar en tomar decisiones… Cada temperamento tenía profesiones asignadas, y la de artista, en general, se asociaba con éste, justificándose así que fuera extraño, caprichoso, malhumorado… la imagen por excelencia del artista de la Edad Moderna porque muestra la reflexión de la actividad artística como acto de meditación que implica la propia psicología y la vida personal del creador, influyendo en toda su vida.

Esas tres obras maestras pueden considerarse, con todo merecimiento, la culminación del estudio y la búsqueda de técnicas que Durero emprende con el propósito llevar el grabado al mismo nivel que la pintura, algo completamente intencionado y que pone de manifiesto la gran modernidad de este artista, que firma estas obras igual que haría en cualquier pintura y que también lo hace en sus dibujos, a los que eleva a una categoría hasta ese momento inimaginable.

 

Vía | Biblioteca Nacional de España

Más información | HUIDOBRO SALAS, Concha: Durero y la edad de oro del grabado alemán: (s. XV-XVI). Madrid: Electa España. Biblioteca Nacional, 1997.

Imágenes | San Jerónimo, El caballero la muerte y el diablo / Melencolia I

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