Neurociencia 


El duelo en los niños y niñas

La muerte es un tema tabú en la sociedad de hoy en día, siendo los niños y niñas los más perjudicados. Esto se debe a que los adultos, al carecer de las estrategias de afrontamiento adecuadas, consideran que no abordando este tema alejarán a los menores del dolor y el sufrimiento. Sin embargo, las respuestas y explicaciones erróneas pueden provocar que la muerte se convierta en un proceso complicado o patológico.

Los trabajos publicados hasta la actuali­dad han demostrado que una comunica­ción adecuada cuando tiene lugar la pér­dida de un ser querido facilita el proceso de elaboración del duelo. Por esta razón, con este artículo pretendemos transmitir los conocimientos básicos sobre el duelo en los niños y niñas. 3

Razones por las que alejamos a los niños/as de la presencia de la muerte

  • Alejamos la muerte porque a todos los seres humanos nos inquieta y nos angustia enfrentarnos a ella. Es muy difícil poder ayudar a los niños/as si nosotros mismos como adultos también sufrimos, nos inquietamos y nos angustiamos por ello. Así pues, alejamos a los niños y niñas de la muerte, movidos por nuestras propias ansiedades.
  • Todos los adultos sentimos la necesidad de proteger a los niños/as del dolor y del sufrimiento que supone perder a un ser querido.
  • Enseñamos a vivir a nuestros hijos/as alejándolos de la muerte. Los niños/as no están preparados para lo inevitable y doloroso, así que, cuando se encuentran con alguna limitación, su frustración es tan grande y sus recursos son tan escasos que la posibilidad de una elaboración adecuada es muy difícil.

ad ante la muerte

Los niños/as, al percibir nuestra angustia, intuyen que es mejor no preguntar, lo que provoca que su deseo de saber aumente. Esto conlleva a los menores que no saben, pero intuyen y desean saber, a inventar sus propias teorías. El problema se encuentra en que las explicaciones que ellos construyen suelen ser limitadas y, en la mayoría de los casos, provocan más angustia y confusión que la propia realidad. Lo adecuado sería preguntarles y que ellos contasen sus creencias, pensamientos y curiosidades.

Pero entender lo que significa la muerte no sólo es una cuestión racional, sino que requiere también un largo proceso emocional:

  1. La muerte es universal: todos los seres humanos mueren.
  2. La muerte es irreversible: cuando morimos no podemos volver a estar vivos nunca.
  3. Todas las funciones vitales terminan: cuando morimos el cuerpo ya no funciona.

El concepto de muerte

En función de su edad, los niños/as enten­derán la muerte de forma diferente; por ello, debemos adaptar la información que se les debe proporcionar a su nivel de desarrollo cognitivo:

  • Hasta los 2 años: no tienen el concepto de muer­te, sin embargo sí perciben la ausencia de la persona fallecida, y son especialmente susceptibles a los cambios que causa la pérdida en su rutina habitual.
  • De 3 a 6 años: conciben la muerte como un estado temporal y reversible (creen que la per­sona fallecida está “dormida”). Pueden pensar que la muerte o las enfermedades que la causan son contagiosas, así como que la muerte ha sido motivada por su culpa. Las reacciones de perplejidad y confusión ante el fallecimiento son las más habituales.
  • De los 6 a 10 años: alrededor de los 7 años los menores adquieren el concepto de irreversibilidad e insensibilidad de la muerte, y a los 9-10 años el de univer­salidad. A esta edad empiezan a mostrarse preocupados por el bienestar de familiares cercanos y también por el suyo propio, además de hacerse muchas preguntas re­lacionadas con la perdida. Pueden apare­cer síntomas de ansiedad por separación.
  • De 10 en adelante: al comienzo de la adolescencia, el concepto de muerte es si­milar al de los adultos, son conscientes de los cambios que puede implicar en su vida y se preguntan por su propia muerte y lo que podría implicar.

Las fases de elaboración del duelo

Ordóñez y Lacasta (2004) recogen los hallazgos de las investiga­ciones actuales y dividen este proceso en tres fases:

  1. Protesta: los niños/as añoran al familiar fallecido y lloran suplicando que vuelva.
  2. Desesperanza: la expectativa de que el fallecido regrese empieza a dis­minuir, siendo frecuente el llanto intermiten­temente y un sentimiento de apatía.
  3. Ruptura del vínculo: se empieza a renunciar a parte del vínculo emocional con el fallecido y se muestra interés por el mundo que le rodea.

Reacciones normales ante la muerte

  • Niños/as pequeños: sintomatología somática (altera­ciones del sueño y/o alimentación, enu­resis, encopresis y dolores abdominales) o regresión a etapas previas del desarrollo. Son habituales los problemas de conducta, dificultad para concentrarse o atender a tareas escolares, manifestacio­nes de hiperprotección hacia seres que­ridos, hiperactividad o apatía, confusión… Entre las reacciones emocionales más usuales se encuentran la irritabilidad, el rechazo, la tendencia al aislamiento, la tristeza, la ansiedad, y el incremento de los miedos.
  • Adolescentes: son más comunes las reacciones psicológicas similares a las manifestadas en los adultos, como por ejemplo la negación o el aislamiento.

Signos de alarma

Los principales factores de riesgo asociados con el desarrollo del duelo pa­tológico son:

  • La presencia de antecedentes psi­copatológicos en el menor o en el cuidador principal.
  • La simultaneidad de acontecimien­tos vitales estresantes.
  • Una mala relación con el progenitor que ha fallecido.
  • El apego inseguro con el progenitor superviviente.
  • Edades entre 10-14 años.
  • Una mala adaptación del progenitor superviviente.
  • Circunstancias concretas de la muerte (como una muerte violen­ta o repentina).

Es importante atender a la frecuencia, duración y repercusión cotidiana de las ma­nifestaciones del menor con la finalidad de detectar signos de complicación del due­lo.

Las pautas de comunicación y acompa­ñamiento adecuadas están indicadas para toda la población de menores en duelo. Sin embargo, las intervenciones psicoló­gicas específicas sólo se consideran nece­sarias si los menores presentan factores de riesgo o indicadores de alarma.

Vía|

Cid, L. (2011). Explícame qué ha pasado. Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Recuperado el 5 de febrero de 2016 de http://www.dgt.es/Galerias/seguridad-vial/unidad-de-victimas-de-accidentes-de-trafico/protocolos/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf.

Mesquida, V., Seijas, R. y Rodríguez M. (2015). Los niños ante la pérdida de uno de los progenitores: revisión de pautas de comunicación eficaces. Psicooncología, 12, 417-429.

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