Derecho Mercantil, Jurídico 


El dilema del prisionero

El dilema del prisionero, muy común en la acción política y, sobre todo, en este momento en que cada día que pasa nos encontramos con una nueva noticia de corrupción y declaraciones cruzadas, es una situación conocida y estudiada por la Teoría de Juegos. Albert W. Tucker fue el que formalizó el juego y le dio el nombre en 1950.

El dilema muestra las distintas posibilidades ante las que se encuentra una persona en relación con otra a la hora de una posible cooperación, su forma de actuar y las consecuencias de la misma. Es decir, ¿qué nos conviene más el egoísmo o el altruismo? ¿En el supuesto de que hubiera más implicados, a Bárcenas le convendría confesar? ¿Deben callar todos los presuntos implicados en el caso Nóos o deben actuar buscando su beneficio particular?

El dilema se explica basándonos en el siguiente caso: Dos detenidos, A y B, han cometido un delito conjuntamente. El fiscal los aísla y habla con ambos separadamente. Les dice que tiene pruebas suficientes como para condenarlos con un año de prisión para cada uno.  Sin embargo, se dirige a ellos y les presenta (recordad que por separado) las siguientes opciones:

1) El delito supone una pena privativa de libertad (prisión) de diez años. Si confiesas tu solo te condenaré únicamente a tres meses de prisión y tu compañero cumplirá los diez años.

2) Si confesáis ambos, los dos recibiréis una condena de cinco años de prisión.

¿Qué haríais ante un caso así? Analicémoslo con la tabla matriz. dilema_01Si decidiéramos ser altruistas nos encontraríamos en la casilla A y cada uno cumpliría un año de condena. Si somos egoístas y pensamos únicamente en lo que nos podría beneficiar a nosotros, confesaríamos, ya que de esta manera, y con nuestro pensamiento de “traición”, nos encontramos ante la posibilidad de que el otro no lo haga y conseguir la pena de tres meses (casillas B y C) o ante la posibilidad de que el otro también nos traicione y cada uno de nosotros debamos cumplir con la pena de cinco años (casilla D).

Por tanto, no siendo leales, podemos acabar con una pena mucho más larga que guardando silencio. El problema de seguir por la vía de la lealtad es la desconfianza. Si nosotros no confesamos por no traicionar a nuestro compañero y el otro desconfía de nuestra lealtad y “por si acaso” confiesa (mal menor), acabaríamos cumpliendo una condena de diez años. He aquí el gran problema de la cooperación.

Esto nos evoca al conocido “Equilibrio de Nash” (desarrollado por John Forbes Nash) que consiste en la idea de que ninguno de los jugadores siente la tentación de cambiar de estrategia dado que cualquier cambio supondría una disminución de sus beneficios.  ¿En nuestro caso cual sería el equilibrio? Obviamente, que no confesara ninguno, es decir, cooperar.

Esta simple teoría nos sirve para numerosas situaciones de la vida económica, productiva, política e incluso biológica. En la gran pantalla también se ha hecho en alguna ocasión referencia a este famoso dilema tal y como podemos ver en “El caballero oscuro” o en “Una mente maravillosa”. Por tanto, y como conclusión, el altruismo tiene recompensa (pero ¡ojo!, siempre que sea recíproco).

Vía| Iescarrus

Más información| Eumed.net, El blog salmón, Wikipedia

Imagen| Matemáticas educativas

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