Patrimonio 


El día que se inventó el color malva

Arthur Hughes: "April love". 1856.

Arthur Hughes: “April love”. 1856.

Al acercarnos al arte del siglo XIX resulta curioso comprobar cómo a mediados de siglo, y más concretamente en las décadas de 1850 y 1860, aparece en la pintura con frecuencia y especial protagonismo el color malva. Así ocurre, por ejemplo, en muchas obras del pintor inglés vinculado a la Hermandad Prerrafaelita Arthur Hughes (1832-1915), como la célebre April Love (1856), en la que su protagonista viste con un llamativo vestido malva, o The Long Engagement (1854-1859). Estos años se conocen generalmente como la “década malva”.

Aunque obviamente el denominado color malva ya existía desde antiguo como color, un descubrimiento casual permitió que esta tonalidad, de difícil consecución y por tanto reservada a unas poquísimas y pudientes personas- realeza y aristocracia fundamentalmente-, pudiera ser fabricada de manera masiva, reduciendo por tanto su coste. El responsable del hallazgo fue un jovencísimo William Perkin (1838-1907), un químico británico que en 1856 consiguió obtener el primer tinte sintético, que sería conocido en su honor como “malva de Perkin”.

La gran invención de la época victoriana llegó al arte y por supuesto a la moda femenina, en concreto a los vestidos. Algunos de ellos aparecen inmortalizados en pinturas no sólo del ya mencionado Hughes, sino también en obras de John William Waterhouse (Las Danaides), de ya avanzado el siglo XIX.

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François Claudius Compte Calix, Lámina de 1860.

Pero, como suele ocurrir, el malva no se convertirá en una auténtica moda hasta que la reina Victoria de Inglaterra vista en dos importantes ocasiones de este color: la primera durante la boda de su hija mayor con el príncipe Frederick William en enero de 1858 y la segunda, en su visita a la Royal Exhibition de 1862. Incluso esta tonalidad será escogida por la reina para expresar su duelo cuando, pocos años después del fallecimiento de su esposo, Albert, pase a vestir de negro a malva.

Otra importante mujer de la realeza europea, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, también fue aficionada al malva, color que aparece en algunos de sus retratos como el realizado en 1854 por Franz Xaver Winterhalter.

Por supuesto esta “fiebre del malva” encontró su eco en la prensa y fueron varios los periódicos de carácter satírico que hicieron burla de esta obsesión “femenina”. Así, por ejemplo, el Punch, una revista de humor ilustrada que se publicaba en Londres desde 1841, se refería a la moda del malva como una enfermedad, una epidemia de “sarampión malva” (mauve measles en inglés) que comenzaba con un “sarpullido de lazos” y acababa extendiéndose hasta cubrir todo el cuerpo de malva.

Finalmente, como todas las modas el color malva acabó cediendo con el paso de los años ante la llegada de otros colores como el azul de Nicholson o el marrón de Manchester.

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Vía| The Dreamstress: “Terminology: What are aniline dyes? (or, the history of mauve and mauveine)”, 2013.

Más información| Mavor, Carol: Reading Boyishly. Durham: Duke University Press, 2007. 

Imagen|April loveMauve soul, Lámina francesa

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