Historia 


El Día de la Amapola

En los campos de Flandes las amapolas se mecen

entre las cruces, fila sobre fila,

que marcan nuestro sitio; y en el cielo

las alondras, aún cantando embravecidas,

vuelan sin oírse apenas entre los cañones.

Somos los Muertos. Hace pocos días

vivimos, sentimos el amanecer, vimos el brillo del ocaso,

amamos y fuimos amados, y ahora aquí yacemos

en los campos de Flandes.

Retomad la disputa que fue nuestra:

estas débiles manos os entregan

la antorcha; levantadla bien alto.

Y si falla esta fe que compartimos

no podremos dormir, aunque crezcan las amapolas

en los campos de Flandes.

 

Cada 11 de noviembre acaece el Día de la Amapola. El origen de esta celebración, que no implica regocijo alguno, está en el poema que acaban de leer. Dichos versos han dado pie a una tradición que a día de hoy (y esperemos que por muchos años más) se perpetúa en los países Aliados, especialmente en aquellos pertenecientes a la Commonwealth.

El autor de ‘In Flanders Fields’, el teniente coronel John McCrae (Guelph, 30-11-1872 – Wimereux, 28-1-1918), soldado, doctor y egregio bardo canadiense, ya era un curtido veterano de la Segunda Guerra Anglo-Bóer cuando se alistó altruistamente como médico voluntario en la Fuerza Expedicionaria de su país al iniciarse la Primera Mundial.

El 17 de abril de 1915 fue trasladado a la región flamenca occidental a fin de servir como cirujano de campaña (a otro con romanticismos) en el hospital de sangre de la Granja de Essex, un melancólico paraje a orillas del canal de Ypres, con cementerio incluido, que hoy día lleva su nombre.

Memorial en honor de John McRae en la Granja de Essex de las afueras de Ypres.

Monumento en honor de John McCrae en la Granja de Essex de las afueras de Ypres

En menos de una semana, la caja de los truenos se abrió dando comienzo al infierno terrenal que fue la segunda batalla del Saliente. El día 22, al Norte de la ciudad, en el sector del frente comprendido entre Boezinge y Langemark, los alemanes hicieron uso por primera vez en la historia bélica del cloro gaseoso contra las trincheras aliadas. La mirada de la escultura del cabizbajo soldado canadiense, –arms reversed-, que en la actualidad vemos erigida en el memorial de St. Julien, indica la dirección por donde vino la funesta nube verde que tantísimas vidas se llevó de los compatriotas del poeta.

Él, a su vez, tuvo que lidiar con los supervivientes de este horror, y de otros tantos, ya que hasta el 25 de mayo no cesaría la batalla, por el momento…Como cirujano convivía con la herida y la amputación, entendía mejor que nadie la miseria impía y atroz de la guerra al mirar a diario, cara a cara, el rostro de la muerte, viendo fallecer, física o psicológicamente, a cuantos le rodeaban. Precisamente por esto surgió el poema, uno de los escritos más famosos de la literatura bélica de todos los tiempos. El 2 de mayo, en el acmé del combate, fallecía a sus 22 años, víctima de un intenso bombardeo de artillería alemana, el teniente Alexis Helmer (su nombre, junto al de otros 54.000 soldados del Imperio Británico cuyo cuerpo no pudo ser recuperado del barro de Flandes, figura inscrito en la Menin Gate de Ypres). Al día siguiente, McCrae, que era su amigo, como tributo, en poco más de 20 minutos trazó las quince líneas que le harían inmortal.

El ocaso de nuestro aedo llegaría dos años después a causa de una neumonía hemorrágica que terminó por colapsar los pulmones de un asmático crónico que se había expuesto demasiado al gas. Sin embargo, la fama de su escrito le sobreviviría. ‘In Flanders Fields’ vio la luz por primera vez el 8 de diciembre de 1915. Su llamada a tomar las armas se tornó en la metáfora de una carrera de fondo en la que otros habrían de tomar el relevo de los caídos. Esa antorcha encendió la pólvora.

The Brooding Soldier. Memorial canadiense de St. Julien en las proximidades de Langemark. Su taciturna mirada indica el origen del primer ataque con gas de cloro de la Historia.

The Brooding Soldier. Memorial canadiense de St. Julien en las proximidades de Langemark. Su taciturna mirada indica el origen del primer ataque con gas de cloro de la Historia.

En el campo literario se prodigaron las réplicas a la elegía de McCrae, quizá la más famosa sea la ‘America’s Answer’ de R. W. Lillard publicada en 1917, a partir de la cual la poetisa Moina B. Michael, a pocos días del armisticio, creo la idea de utilizar la amapola como símbolo del recuerdo a los caídos, impulsando una industria de flores artificiales que se venderían para hacer una colecta destinada a los veteranos y las familias de los muertos en el frente.

La matanza de la Primera Guerra Mundial, paradójicamente, terminó el día de san Martín. A las 05:12, Alemania rubricó su capitulación incondicional ante el mariscal Foch en un vagón de su tren personal en las vías de Compiègne (Hitler, con el retintín de utilizar el mismo habitáculo, se la devolvería a los franceses para que hicieran lo propio el 20 de junio de 1940). El cese de las hostilidades se acordó para las 11 y aún así algún desgraciado moriría pocos minutos antes de la interrupción oficial.

Desde 1921, la fecha del día que trajo la tregua, el 11 del 11, se ha utilizado para honrar a las víctimas bajo el nombre de Remembrance Day, aunque de manera más coloquial se hable del Día de la Amapola. Reproducciones de esta, en los campos de Flandes (incluso en las ciudades silentes de los alemanes), son más ubicuas que las ‘manzanas de tierra’ frites en toda Bélgica.

Omnipresentes amapolas en el cementerio alemán de la Primera Guerra Mundial en Langemark.

Omnipresentes amapolas en el cementerio alemán de la Primera Guerra Mundial en Langemark.

Su significado es polivalente: la voz de los caídos, el color de la sangre de los mártires, los propios veteranos (haciéndose extensiva también a los combatientes de la Segunda) o el más supremo sacrificio del hombre al morir por su país…Personalmente prefiero la lectura agridulce de un símbolo de vida y muerte, la belleza de la flor, la tristeza evocativa de su color. La muerte segaba la vida humana y la batalla proseguía impertérrita su curso, pero ésta no pudo con el imparable ejército de la naturaleza, que hasta del pútrido barro de las trincheras hizo brotar las amapolas para recordarnos, cada primavera, la muerte de millones de víctimas en la Guerra, ese juego macabro de los poderosos que envían al matadero a los hombres con “la vieja mentira” de Horacio de la que nos alertó W. Owen: “Dulce et decorum est pro patria mori”.

Ah, el ser humano…que de ordinario se muestra tan olvidadizo con respecto a las lecciones que le da la Historia. ¿Qué decir de su cara predilección por repetir los más graves errores? (ni siquiera con sangre entran algunas letras).

20 años después de la Primera Guerra Mundial, aquella que iba a terminar con todas las guerras (irónico ¿verdad?), la madre tierra volvió a ser arada por los obuses recibiendo una nueva y aún más grande siembra de muertos, de cuyo vital fluido carmesí germinaron nuevas amapolas, incluso también en los campos de Flandes…

Amapola artificial en la tumba de un soldado inidentificado en el Tyne Cot de Passchendaele, el mayor cementerio de la Commonwealth en Europa.

Amapola artificial en la tumba de un soldado inidentificado en el Tyne Cot de Passchendaele, el mayor cementerio de la Commonwealth en Europa.

Vía| La traducción del poema se ha tomado de AGUILÓ, B., CLARK, B., Tengo una cita con la muerte, Ourense, 2011. Págs. 72-73; VERLEYEN, H., In Flanders Fields. The story of John McCrae, his poem and the poppy, Brugge, 2014 (1995).

Más información| Teniente Coronel John McCrae; In Flanders Field Museum of Ypres; Essex Farm Cementery

Imágenes| Ángel Carlos Pérez Aguayo (Octubre de 2014)

En QAH| Los poetas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918); Las armas químicas durante la Primera Guerra Mundial

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