Economía y Empresa, Panorama Internacional 


El desorbitado privilegio del dólar y los emergentes

Corre el año 1971, pre-electoral en los Estados Unidos. Richard Nixon se enfrenta a problemas internos y externos. En el exterior, la Guerra de Vietnam entra en una fase de estancamiento sin que sea clara la victoria de los  norteamericanos. Nixon anela alcanzar una ventaja militar que le permita negociar una salida favorable y rápida. Esto le ha obligado durante su primer mandato redoblar los esfuerzos bélicos, lo que ha supuesto un aumento considerable del gasto militar, y por ello del gasto público.

En el interior, la economía se resiente por tal esfuerzo. El aumento del gasto militar está empezando a afectar al resto de la economía, de tal manera que no queda otra que aumentar las políticas expansivas para evitar que los Estados Unidos se hundan en la recesión. Para ello Nixon y su equipo de asesores se reunen en Camp David en el verano del 71 para elaborar una estrategia económica que sea la más adecuada para alcanzar la reelección un año después. Nixon es “ahora keynesiano” parafraseando a Friedman, dando a entender que la mejor manera de relanzar la economía estadounidense es mediante políticas fiscales y monetarias expansivas. A sabiendas de lo impopular que puede ser esta medida fuera de los Estados Unidos, el Secretario del Tesoro, John Conally, manda un mensage claro a empresarios europeos: “el dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema”.

Hasta esa fecha los Estados Unidos habían permanecido dentro del sistema de patrón dólar-oro fijado por Bretton Woods. Según las directrices de este acuerdo, el resto de monedas fijaban un tipo de cambio con el dólar y este a su vez fijaba una paridad con el oro (35$ la onza).

El sistema, bajo el control del Fondo Monetario Internacional, había funcionado bien hasta entonces, aunque no sin tensiones períodicas. La responsabilidad de que lo hiciera caía de forma equitativa entre los países firmantes: mientras los EE.UU. debían mantener su paridad con el oro, el resto de los países debían hacerlo respecto al dólar.

Sin embargo, este sistema pronto mostró que la responsabilidad del dólar era difícil de mantener, mientras que, por el contrario generaba privilegios difíciles de no ser considerado por los responsables de las políticas fiscales y monetarias norteamericanas.

Al ser el dólar moneda de reserva, o medio de pago internacional, todos los países querían/necesitaban su atesoramiento. En este caso, las expansiones monetarias norteamericanas encontraban gran acomodo ya que sus emisiones de moneda siempre tenían una gran demanda entre los países cuyas monedas propias estaban fijadas al dólar. Suponga que EE.UU. tiene un déficit público. Los manuales de economía advierten que lo peor que se puede hacer es monetizarlo, es decir, imprimir billetes para financiar dicho déficit. No osbtante, EE.UU. lo hacía, generando abundancia de dólares en circulación, que por los acuerdos de Bretton Woods acababan en manos de los países cuyos tipos de cambio respecto al dólar debían mantener. Sin embargo, estos dólares son poco rentables, por lo que estos mismos países invertían sus rersevas en activos rentables, como por ejemplo, deuda pública americana.

Este círculo virtuoso para los EE.UU. era difícil de detener. Generó una expansión monetaria sin precedentes que socavó los mismos cimientos de Bretton Woods. Los costes para el resto de países eran cada vez mayores, ya que tenían que aboserver dólares para evitar la apreciación de sus monedas (“el dólar es nuestra moneda pero es su problema”). La paciencia se agotó en 1971 cuando Alemania anunció que no seguiría adquiriendo dólares.

El 15 de agosto de 1971 Nixon anunció que no cambiaría dólares por oro, lo que de facto suponía la caída de Bretton Woods. Esta fecha, el 15 de agosto, marca un antes y después en las relaciones económicas internacionales, además de suponer para muchos economistas como el verdadero inicio de la crisis económica que en octubre del 73 tendría su detonante definitivo con la Guerra del Yon Kippur y la subida del precio del petróleo.

Este episodio lejos de ser un caso de la historia económica, sigue siendo muy actual. Desde 2008 EE.UU. ha monetizado su déficit mediante las políticas de compra de bonos (Quantitative Easing) lo que ha supuesto de nuevo un aumento de la circulación de dólares hacia las economías del resto del mundo, en especial los países emergentes. La finalización de esta política, programada para este año, ha supuesto un cambio en la circulación del dinero desde EE.UU. hacia EE.UU. lo que ha debilitado a las economías que se beneficiaron del proceso contrario. De nuevo EE.UU. hace uso de su política monetari asin tener en consideración los efcetos en el resto de las economías del Globo. De nuevo, y como durante Bretton Woods, EE.UU. ha hecho uso de su desorbitado privilegio como moneda de reserva internacional, si considerar en ningún momento sus efectos a corto plazo y a largo plazo sobre el resto de las economías mundiales.

Más información | Noticias El País sobre emergentes

Imagen| Dólar

En QAH| Mercado de divisas: sistemas de tipo de cambio, Aprender con la crisis: flujos de capital,

RELACIONADOS