Jurídico 


El deslinde entre el ilícito civil y el dolo penal en el delito de estafa

En la práctica no es  infrecuente encontrar procedimientos penales abiertos por delito de estafa, cuando estamos puramente ante supuestos de incumplimiento contractual o cumplimiento parcial o irregular de un contrato civil y mercantil. Como la propia jurisprudencia ha señalado, a veces es difícil trazar la línea divisoria entre el dolo civil y el dolo penal en esta clase de delitos,  por lo que habrá que estar al caso concreto y muy especialmente a la doctrina sentada por el TS, que en esta materia, es más que prolija. La cuestión se hace especialmente más compleja, si cabe, en los llamados negocios jurídicos criminalizados” ( a los que nos referiremos de manera muy sucinta).Dado que contamos con criterios sentados y reiterados -por la jurisprudencia y la mejor doctrina en esta materia- para dilucidar y deslindar claramente el ilíctio civil  del penal en el citado delito de estafa, pasaremos a reproducir de la manera más fiel posible los criterios para poder aclarar tan problemática cuestión.

El ATS 10972013, de 17 de Enero, con cita de la STS de 14 de Junio de 2005, recuerda que “la línea divisoria entre el dolo penal y el dolo civil, en los delitos contra el patrimonio, se sitúa en la tipicidad, de modo que únicamente si la conducta del agente que se incardina en el precepto penal tipificado del delito de estafa, ( recordemos el tipo básico del art. 248 CP : ” Cometen estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno”).y  es punible la  acción, no suponiendo ello criminalizar todo incumplimiento contractual, porque el Ordenamiento Jurídico establece remedios para establecer el imperio del Derecho cuando es conculcado por vicios puramente civiles.

Habrá que estar pues, al tipo, y estaremos ante un auténtico delito de estafa ( y no ante un ilícito puramente pena, con todas las consecuencias que ello pueda conllevar tanto desde el punto de vista sustantivo como procesal) cuando se den todos y cada uno de los elementos del tipo, esto es: engaño bastante, erro, ánimo de lucro y acto de disposición en perjuicio propio y ajeno. Y además, en cada uno de estos elementos deberán cumplirse los criterios ya sentados por la jurisprudencia, especialmente el del dolo antecedente o concurrente, y no subsequens ( puesto qeu si el dolo ha surgido después del incumplimiento, este dolo posterior, en palabras del Alto Tribunal, nunca puede fundamentar la tipicidad del delito de estafa. Es necesario pues, un engaño incial y causante en uno de los contratantes que de lugar al incumplimiento contractual.

La Jurisprudencia del Alto Tribunal, entiende que estamos ante los llamados ” negocios jurídicos o contratos criminalizados” bajo la forma de estafa, cuando ha mediado  engaño que es el causante del incumplimiento contractual , cuando con ocasión de la contratación de negocios jurídicos de carácter privado, ya sean civiles o mercantiles, uno de los contratantes – el sujeto activo- simule desde el principio el propósito de contratar con otra persona, cuando lo verdaderamente querido es aprovecharse del cumplimiento de la otar parte contratante, pero sin intención de cumplir la suya. Así, la criminalización de los negocios jurídicos civiles y mercantiles, sólo se producirá cuando el propósito defraudatorio, se produzca antes o al momento de la celebración del contrato y cuando sea capaz de mover la voluntad de la otra parte, a diferencia del dolo subsequens del mero incumplimento contractual.

Como la propia Jurisprudencia ha reconocido, ( véase la STS 352/1997 de 18 de Marzo, reiterada por otras en parecidos términos SSTS 1045/1994 de 13 de Mayo, y 987/1998 de 20 de Julio) ” a veces es difícil trazar la línea divisoria entre el dolo civil y el dolo penal , pero éste último sólo puede apreciarse cuando la conducta encaje plenamente en el precepto penal. Ello ocurre en los negocios jurídicos criminalizados, en que subyace, bajo la apariencia de contener todos los elementos para una lícita relación jurídico-privada, civil  o mercantil, una intención de erigir lo aparentemente lícito en un elemento de disimulación, ocultación, fingimiento y fraude, que provoca en cadena causal, el error, el desplazamientos patrimonial, el perjuicio para una parte y el lucro injusto para quien usó del engaño.”

Estaremos, ante un mero dolo civil  cuando únicamente existan palabra o maquinaciones insidiosas de parte de uno de lo contratantes que induzcan al otro a celebrar el contrato, pero permanezca una posibilidad, aunque remota, de cumplir lo convenido ( veáse el artículo 1269 del Código Civil), mientra que el dolo penal , aparecerá cuando , en función de las circunstancias perfectamente conocidas por el autor del incumplimiento , se tiene la convicción de que la prestación asumida se presenta imposible o altamente problemática.

En conclusión, para determinar si estamos ante un ilícito civil o penal en un presunto delito de estafa, habrá que atender a la tipicidad del supuesto ( apreciando todos los elementos del tipo), y muy especialmente, cuando estemos ante los llamados “negocios jurídicos criminalizados”, si el dolo fue previo y concurrente a la celebración del negocio que originó el acto lesivo, o por el contrario fue posterior al mismo. Sólo así, podremos deslindar el supuesto y determinar si estamos ante un auténtico delito de estafa, o por el contrario, ante un mero ilícito contractual.

Vía| Capítulo VI Título XII Libro II Código Penal, Art. 1269 Código Civil, ATS 10972013, de 17 de Enero,STS de 14 de Junio de 2005,STS 352/1997 de 18 de Marzo, SSTS 1045/1994 de 13 de Mayo, y 987/1998 de 20 de Julio

Imagen| Ley

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