Historia 


El descubrimiento de América (III)

 

En el anterior capítulo nos quedamos tras la bula Inter Coetera II (1493) del máximo pontífice Alejandro VI. Lo cierto es que antes de su muerte en 1506, el navegante genovés realizó cuatro viajes al Nuevo Mundo, en los que fue descubriendo nuevos lugares. Sobre la muerte de Colón, es necesario decir que tras los primeros momentos de éxito, la confianza de la Corona en él cayó en picado, y se le acabaron retirando todos los beneficios que le habían sido otorgados tras el descubrimiento.

descubrimiento

Encuentro entre nativos y conquistadores

Pero mi intención con esta tercera y última parte de la saga sobre el Descubrimiento de América no es dedicarla a los últimos compases de la vida del marinero genovés, sino comentar la repercusión que tuvo en el mundo el descubrimiento de esas nuevas tierras. Hay que decir que la llegada de los españoles en 1492 no fue el primer contacto europeo con América, ya que, por ejemplo, marineros vascos habían llegado a tierras americanas (Terranova), o los vikingos hicieron lo propio con territorios de la actual Canadá. Pero por todos es asumido, y de forma correcta, que 1492 representa el descubrimiento de este nuevo continente ya que, a diferencia de las anteriores expediciones, el mundo comenzó a ser consciente de la existencia de estas nuevas tierras, y así, comenzaron a estar presentes en la economía y la política europeas.

Una de las principales consecuencias que tuvo el descubrimiento del Nuevo Mundo fue el encuentro con sus habitantes, los indios. Como por muchos es sabido, el trato que recibieron los nativos por parte de los conquistadores no es lo que hoy en día consideraríamos como correcto o civilizado, pero no estamos aquí para valorar tales acciones, sino para analizarlas de una forma crítica y sin olvidar que nos encontramos en el siglo XVI y no en el XXI.

Para analizar la imagen del indígena americano la principal fuente la representan las crónicas de Indias. En primer lugar, debemos de tener en cuenta que el término de “crónica” es anterior a la época del descubrimiento, ya que las crónicas fueron muy comunes en el Medievo, e incluso su origen data de la época de los griegos y romanos, los cuales narraban sus conquistas mediante este tipo literario. Utilizando la definición de Walter Mignolo, “Crónica es el vocablo para denominar el informe del pasado o la anotación de los acontecimientos del presente, fuertemente estructurados por la secuencia temporal”. Es importante decir que esta definición de “crónica” es válida para el periodo medieval, ya que para el momento que nos interesa, es decir, el siglo XVI, el término ha evolucionado y su significado ya no es el mismo. Según los letrados de la época, este cambio proviene del hecho de escribir crónicas no sujetándose al seco informe temporal, sino hacerlo mostrando mas apego a un discurso bien escrito en el cual las exigencias de la retórica interfieren con el asiento temporal de los acontecimientos. Es decir, nuestros cronistas de Indias, a diferencia de lo que ocurría con los cronistas medievales, no están tan apegados a la secuencia temporal y demuestran un mayor interés por crear un discurso bien escrito, en el cual la retórica tiene una gran importancia. Es decir, se considera crónica de Indias a los escritos que nos narran la conquista y colonización de los diferentes territorios americanos, las cuales incluyen una valiosa información sobre las diferentes culturas autóctonas. Por supuesto, la mayoría de estas crónicas fueron escritas por españoles, por lo que a la hora de analizarlas debemos de tenerlo siempre en cuenta.

El propio Cristóbal Colón, mediante su Diario de a Bordo, fue pionero en dejar vestigio sobre lo que se encontraba en Indias. Esta fue la primera descripción que realizó el marinero genovés sobre los indígenas antillanos: “Ellos andan desnudos como su madre los parió,y también las mujeres (…) Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras (…) Ellos todos a una mano son de muy buena estatura de grandeza y de buenos gestos, bien hechos (…) Deben ser buenos servidores y de buen ingenio y creo que prontamente se harían cristianos”. Podemos observar como ante los ojos de Colón los indígenas aparecen como un estado primitivo antes del pecado original, además pacífico hasta la cobardía, sin falsedades, sin siquiera supersticiones, fácil de dominar y de convertir. Dadas estas características del indio de las que nos habla Colón, es posible entender la actitud paternalista que el descubridor genovés afirma que es necesario tener con ellos. El hecho de tomar una actitud paternal con el indio es algo de suma importancia, ya que estuvo presente durante toda la época colonial. Pero además de esta actitud paternal, de estas líneas podemos extraer las principales características de la idea que el descubridor quiere transmitir del indígena antillano. Para Colón los indígenas antillanos son seres humanos (el debate sobre la condición humana del indio será posterior), pero en un estado primitivo anterior al pecado, es decir, el descubridor está afirmando la posibilidad de evangelizar a estas nuevas gentes, y de esta forma conseguir el apoyo de los reyes. Por otro lado, además de un interés evangelizador podemos observar un interés económico, y de esta forma la facilidad de manejarlos de la que nos habla resulta muy interesante para él mismo y para la Corona. De este modo, podemos decir que Colón tiene una visión ambigua de los nativos antillanos, ya que por un lado los ve como seres humanos, distingue sus características propias y las diferencias entre ellos, pero por otro lado no le interesan como individuos independientes, sino tan sólo cuando estos pueden ser relacionados con su imagen de hombre y son relevantes frente a sus propios propósitos: la evangelización y el comercio.

Tras estas primeras descripciones del indio, diferentes cronistas fueron creando las suyas propias. Podemos decir que se creo un debate entre los defensores de la humanidad del indio y los defensores de su infrahumanidad. Desde la Corona y desde el Papado siempre se mantuvo que los indios eran humanos completos, probablemente por el claro interés económico de los monarcas y de evangelización del Vaticano. Lo cierto es que a pesar de que desde muy pronto se declaró ilegal la esclavitud indígena, no está nada alejado de la realidad afirmar que primero por el sistema de la encomienda, y después en las haciendas, los indios fueron explotados en pos de los intereses de los españoles.

Pero no podemos dar por zanjado este tema sin afirmar que hubo muchos personajes que salieron en defensa de los indios. Uno de los principales fue el fraile dominico Bartolomé de Las Casas, que mediante sus numerosas obras siempre se postuló como defensor de la cultura indígena y fuerte crítico del proceso de conquista y colonización. A su vez, muchos evangelizadores se tomaron grandes molestias en aprender las culturas autóctonas, y podemos decir sin temor a exageración que mucho de lo que hoy en día sabemos de las culturas amerindias se lo debemos a la ardua labor de personas como fray Bernardino de Sahagún en Nueva España (México), Cieza de León en el Perú o fray Pedro de Aguado en Nueva Granada (Colombia).

El descubrimiento de América representó una impresionante revolución económica, política y social para la sociedad del momento. La aparición de una nueva fauna y flora, de unas nuevas gentes con sus diferentes costumbres, es decir, la aparición de un Nuevo Mundo trajo intrínsecos innumerables cambios a la vieja sociedad europea.

Vía| (coord) BOSCO AMORES, J., Historia de América, 2006, VARELA, C., Cristobal Colón: Retrato de un hombre, Madrid, 1992, DE ZABALLA BEASCOECHEA, A., Colón: descubrimiento y sus viajes, 2013 y MIGNOLO, Walter: “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”, Historia de la literatura hispanoamericana, Tomo 1, 1992.

Imagen|www.google.es

En QAH|El descubrimiento del Nuevo Mundo (I)El Descubrimiento del Nuevo Mundo (II)

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