Especial Crisis Económicas de la Historia, Historia 


El Desastre del 98

Hundimiento del USS Maine, 1898

El 25 de abril de 1898 Estados Unidos declara la guerra a España a raíz del dudoso incidente del acorazado Maine, hundido por una explosión en la bahía de Cuba y del que inmediatamente el gobierno estadounidense responsabilizó al español. Una maquinaria propagandística perfectamente engrasada por el magnate William Randolph Hearst, que publicaba al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo», hicieron el resto de cara a la opinión pública norteamericana.

Este iba a ser el último acto internacional relevante de una decrépita España que había perdido todo su peso diplomático y militar en el escenario internacional desde hacía prácticamente un siglo, tras la guerra de independencia librada contra los franceses y la emancipación de la práctica totalidad de las posesiones continentales en América. La crónica anunciada del fin de un Imperio. Algo que era obvio para todos menos para los españoles.

En ese momento, en la segunda mitad del siglo XIX, la política exterior española tiene que hacer frente a tres problemas fundamentales: Marruecos, las islas Carolinas y Cuba.

Los dos primeros escenarios fueron solventados con mayor o menor acierto desde el punto de vista militar y diplomático, pero Cuba y Puerto Rico presentaban unos rasgos coloniales muy peculiares: ambas islas, situadas en las cercanías de Estados Unidos, tenían una vida económica basada en la agricultura de exportación, aportando a la economía española un flujo continuo de beneficios. Todo esto se debía al fuerte proteccionismo que Madrid imponía a esas colonias. La dependencia de España se mantuvo únicamente por el papel que cumplía la metrópoli, que aseguraba con sus tropas y su administración el beneficio de una reducidísima oligarquía.

En el archipiélago de Filipinas, en cambio, la población española era escasa y los capitales invertidos no eran relevantes. Durante tres siglos la soberanía se había mantenido gracias a una fuerza militar, no muy amplia, y a la presencia en las islas de varias órdenes religiosas.

Práxedes Mateo-Sagasta, presidió el gobierno durante el conflicto hispano-estadounidense de 1898

La grave situación financiera y política en España desde el fin del reinado de Isabel II hace a los políticos españoles trabajar con la idea de la decadencia de España frente a la superioridad de las potencias germanas y anglosajonas, lo que lleva a una política aislacionista que no ayuda en ningún ámbito. Esta política es revisada posteriormente por los liberales, que buscan alianzas para salvaguardar los intereses españoles en Marruecos (de manera exitosa) y en Ultramar, pero ya es tarde para evitar el desastre en Cuba y Filipinas. Cuando estalle la guerra con Estados Unidos, España estará sola.

En Cuba las revueltas y movimientos independentistas eran algo recurrente desde mediados del XIX, y los conflictos empezaron de nuevo en febrero de 1895 con el “Grito de Baire”, nombre con el que se conoce el levantamiento que tuvo lugar en la parte oriental de la isla, durante la celebración del carnaval. El conflicto surgió en un ambiente claramente popular y con un amplio apoyo de la población negra y mulata. A continuación se proclamó el Manifiesto de Montecristi, redactado por José Martí y Máximo Gómez, líderes civil y militar de un grupo político que habían constituido, el Partido Revolucionario Cubano. A la muerte de Martí al poco de iniciarse la guerra, Gómez y Antonio Maceo, un mulato muy popular, asumieron la dirección militar de los rebeldes.

A esta revuelta se unió la de Filipinas en 1896, encabezada por Emilio Aguinaldo. En Filipinas había surgido una conciencia nacionalista en algunas minorías tagalas. Se formaron grupos autonomistas que derivaron pronto al independentismo cuando en 1892 José Rizal fundó la nacionalista “Liga Filipina”. Las tropas españolas actuaron con extrema dureza y ejecutaron al principal intelectual independentista del archipiélago, José Rizal. La rebelión fue sofocada en 1897.

En este contexto, y con gran oportunidad, se produjo la declaración de guerra norteamericana. La prensa española se mostró muy beligerante, y los políticos españoles, cautivos de una opinión pública condicionada por los medios de comunicación, prefirieron conducir a España a una derrota honrosa antes que a una paz comprada.

El ejército español era muy superior en número, pero mal armado y pertrechado. La armada española era similar a la americana en cuanto al número de efectivos, aunque con algo menos de blindaje. Sin embargo, se llegaron a movilizar buques, caso del Cristóbal Colón, la unidad más rápida y moderna de la flota española, carentes de su artillería principal.

Antes de zarpar hacia Cuba con su flota, Cervera escribió una premonitoria carta a su hermano en la que, entre otras cosas, le decía: «Vamos a un sacrificio tan estéril como inútil; y si en él muero, como parece seguro, cuida de mi mujer y de mis hijos».

Derrota de la flota del Almirante Cervera

La guerra efectivamente se decidió en el mar: las escuadras estadounidenses derrotaron a las españolas, primero en Cavite, frente a Manila, y después frente a Santiago de Cuba. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, por el cual España reconocía la independencia de Cuba y cedía a Estados Unidos Puerto Rico, la isla de Guam, en las Marianas, y las Filipinas. En 1899 España vendía al Imperio Alemán los restos de su imperio insular en el Pacifico, las islas Carolinas, las Marianas y Palaos.

La pérdida del imperio de ultramar fue considerada un desastre tanto militar como diplomático, y las consecuencias marcaron profundamente a la nación prácticamente hasta la segunda mitad del Siglo XX. De repente se hizo patente la realidad, cayó el mito de la superioridad militar y la imbatibilidad, y lo más importante, España pasaba de Imperio a nación, y de segunda fila. Todo ello en menos de seis meses. De repente, y por la fuerza de los hechos, se tomó conciencia del espejismo en el cual se había estado viviendo desde un siglo atrás. También hay que tener en cuenta para entender la ola de pesimismo que invadió España, que los vínculos culturales, familiares, económicos y sociales entre España y las islas de las Antillas, Cuba y Puerto Rico eran sentidas desde la Península de manera similar a como lo eran y son las Baleares o las Canarias.

Esta pérdida trajo diversas consecuencias y movimientos a medio plazo que marcarían el devenir de España hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, y alguna que perdura hasta nuestros días. Entre ellas las siguientes:

  • Demográficas: 60.000 soldados españoles murieron entre 1895 y 1898, casi todos de clase baja.
  • La introspección y el africanismo. España toma conciencia de su lugar como pequeña potencia regional y sólo mira hacia África.
  • El regeneracionismo, y su vertiente literaria, la Generación del 98.
  • El proteccionismo económico.
  • El resentimiento entre militares y políticos, al considerar los primeros que habían sido utilizados en función de los intereses de los segundos.
  • El antimilitarismo, debido al injusto sistema de reclutamiento, que podía ser eludido mediante una compensación económica.
  • Los nacionalismos, la nueva vía identitaria española.
Spanish Prisoners from Admiral Cervera's Fleet at Seavey's Island, Portsmouth, New Hampshire; Captain Emilio Diaz Moreau, of the Cristobal Colon, checking off the names of the men of the Vizcaya and Colon

Prisioneros de guerra españoles pertenecientes a las dotaciones de los buques Vizcaya y Colón

Sin embargo, es curioso el hecho de que este estado de renovación no provocase ningún cambio político, y las consecuencias económicas fueran menores, puesto que en Filipinas apenas había inversión, y en el caso de Cuba y Puerto Rico la repatriación de capitales permitió el desarrollo industrial de otros sectores.

En definitiva, el pesimismo se adueñó de la sociedad española. Sólo con cambios profundos de la sociedad y la modernización se podría recuperar el prestigio perdido. En 1902, Alfonso XIII es declarado mayor de edad y comienza su reinado. Los intentos de cambios y modernización se van a producir, pero tendrá muchos problemas por resolver y es durante su reinado donde se producirán las crisis más importantes del sistema de la Restauración.

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Vía| Anales de Historia Contemporánea, 14 (1998). 1898, Guerra en las colonias y crisis social en España. Fernando Sánchez Marroyo, Catedrático de Historia Contemporánea, Universidad de Extremadura, Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Letras.

Imágenes| Wikimedia, Wikimedia, Wikimedia, Wikimedia

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