Jurídico 


El Derecho sin derecho (II)

000404878Como vimos en la última publicación, el origen del derecho romano fue la costumbre, que llegó a crear una corriente legal plasmada luego en un ordenamiento jurídico. Sin embargo, la historia jurídica europea sufre en un momento dado una quiebra que reconfigura el panorama de los ordenamientos jurídicos continentales, y cuyo entendimiento nos ayudará a comprender de dónde venimos y por qué sufrimos de los problemas actuales, tan comentados en los medios.

Origen del derecho continental. Durante la estancia de los romanos en Gran Bretaña, la falta de recursos humanos y lo novedoso del derecho romano obligaba a los jueces a recorrer grandes distancias para ir de pueblo en pueblo aplicando el derecho romano. Estos hombres rápidamente fueron calificados como “los hombres buenos”, en tanto que eran los más sabios y su búsqueda de la justicia los cualificaba para resolver los conflictos sociales. En Inglaterra -y después en los Estados Unidos- es posiblemente donde el derecho romano ha perdurado de manera más pura, si bien la estancia de éstos en Gran Bretaña fue breve, en tanto que por motivos históricos no han sufrido una quiebra del modelo de Estado como en la Europa continental. El parlamentarismo en Inglaterra data del siglo XII, lo cual propició la aparición del Case Law anglosajón al propiciarse un equilibrio de poderes fruto del cambio de un estado monárquico a uno parlamentario-democrático, y que podría definirse como la versión moderna del derecho romano, donde la justicia se configura como un principio de derecho superior a los demás y del que emanan las normas del ordenamiento jurídico. Más aún, el derecho está basado en la tradición, al no existir derecho privado escrito (un Código Civil) y al basarse éste en la aplicación de casos antiguos y de los principios del derecho. En cambio, el opuesto a esta concepción lo conforma el derecho continental, que es fruto de un acontecimiento histórico un tanto peculiar: la Revolución Francesa. Tras la revolución burguesa se produjo una quiebra bastante radical de la historia a todos los niveles, provocando la aparición del Estado absoluto como órgano político y de gobierno. Tras la Revolución Francesa, aparece en Francia Napoleón Bonaparte, quien no sólo protagonizó el único momento de imperialismo francés por Europa, sino que llevó a cabo un proceso de codificación del derecho. Éste tuvo su comienzo en 1808 bajo el nombre de Code Civil y llegaría a proclamarse como el modelo a seguir (bien por imitación, bien por imposición) por el resto de la Europa continental. Según se entienda el proceso codificador, un primer motivo de su expansión sería la necesidad de ordenar la legislación existente, ya que la diversidad no favorecía la autoridad de un poder central. Si bien las provincias del norte de Francia se atenían a las costumbres germánicas, en las del sur reinaba el Derecho Romano de Justiniano a través de la célebre recopilación Corpus Iuris Civile. En línea con éste, Napoleón se encontró aún más motivado para llevar a cabo su “revolución legal” pues era la manera de arrasar con la legislación anterior en favor de la Revolución Francesa y los principios despótico-absolutistas de la Ilustración. Muy astutamente, configuró un sistema de coacción social que le permitiría doblegar bajo su poder a los estados europeos a medida que los invadía, con el fin de mantener su control sobre ellos, y que se asentaría sobre la neo-nata Administración y el derecho codificado. Napoleón supo que el derecho era la mayor arma de la que podía disponer para extender su control por toda Europa, en tanto que era él de quien emanaba la ley, y no de las costumbres de los pueblos. Los jueces. Asimismo, quienes administraban justicia pasaron de ser jueces independientes del sistema de poder, que aplicaban la costumbre jurídica, a ser jueces de carrera administrativa nombrados por el Estado. Los revolucionarios franceses siempre desconfiaron del Poder Judicial, pues de manera recelosa pensaban que eran vestigios defensores del Antiguo Régimen y les veían como un freno a la Revolución. De esta manera, era primordial para llevar a cabo el cambio que fuera el Estado quien pasara a controlar a los jueces, pasando a ser un órgano controlado por la Administración de la misma manera que la ley, que ahora emanaba exclusivamente del Parlamento. Se instauró en Europa, por tanto, una oligarquía de control absolutista que ya predijo Tocqueville, y se abolió un derecho basado en la necesidad de la sociedad y en su evolución natural. Sin intención de meterme de lleno en la división de poderes de Montesquieu, se debe señalar que existe en las democracias presentes una notoria y, en la práctica, permanente relación (probablemente insalvable en la actualidad) entre el poder ejecutivo y el legislativo, en tanto que la democracia gira en torno al Parlamento que es donde tiene lugar la vida política del ejecutivo, y a la vez es donde se promulgan las leyes. Ahora bien, no existe justificación lógica ni práctica que legitime la no separación del poder judicial de los otros dos poderes, pues éste es un poder nacido para ser autónomo. El poder judicial es probablemente el que desempeñe el papel más importante en el funcionamiento de la democracia en el largo plazo, pues es el que da salud al sistema y permite el funcionamiento sostenible del mismo, evitando su degeneración. Y es que, aunque no pensemos en ello, los sistemas degeneran de manera inevitable, pues como bien dijo Aristóteles, tarde o temprano la monarquía degenera en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la politeia en democracia. Y sólo si mantenemos el orden natural de la justicia podemos evitar la catástrofe política del Estado.

Via | Curso de Historia del Derecho y Derecho Público Romano por ICADE.

Imagen | Napoleón Bonaparte Emperador

En QAH | El Derecho sin derecho (I)

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