Derecho Internacional, Jurídico 


El derecho de la Sucesión de Estados: Yugoslavia

La sucesión de Estados puede definerse como el régimen jurídico aplicable cuando tiene lugar la sustitución de un Estado por otro nuevo, respecto de un territorio determinado, con la finalidad de establecer el marco de los derechos y obligaciones que se transmiten del Estado predecesor al sucesor, y de esta forma, determinar cuál es la relación jurídica entre el Estado sucesor y terceros países.

Este marco jurídico hace referencia a tratados internacionales, ciudadanía, bienes estatales, deuda extranjera, archivos, propiedad privada y derechos adquiridos bajo el ordenamiento jurídico del Estado predecesor. Existen cinco supuestos a los que el derecho internacional reconoce efectos sucesorios: transferencia de parte de un territorio (cesión), descolonización, unificación, separación (secesión) y disolución.

La corta evolución de la teoría de la sucesión de Estados, anterior al período de descolonización, supuso que estas prácticas no se transformasen en normas jurídicas claras y precisas. Por ello, se puede decir que el derecho de la sucesión de Estados representa un cierto vacío legal, ya que las normas referentes al mismo no han sido codificadas en su totalidad.  El derecho internacional convencional se ocupa de la sucesión a través de dos instrumentos, uno que regula la sucesión en materia de tratados (Viena, 1978) y otro que lo hace respecto de la sucesión en materia de bienes, archivos y deudas de Estado (Viena, 1983).

La Convención de 1978 aplica la regla de la tabla rasa (los tratados del Estado predecesor no vinculan al sucesor) en los supuestos de cesión y descolonización, mientras que los otros tres supuestos son regulados por el principio de continuidad (transferencia automática de los derechos y obligaciones  del Estado predecesor al sucesor). El principio de continuidad fue aplicado en los casos de Austria (considerado la continuación del Imperio Austro-Húngaro), Turquía (continuación del Imperio Otomano) y la Federación Rusa (continuación de la antigua URSS). Sin embargo, ni la Convención de 1978 ni la de 1983 presentan soluciones jurídicas claras y precisas para otros supuestos de sucesión que no sea el de descolonización. Esto ha supuesto una gran problemática en la disolución de la antigua Yugoslavia.

Los serbios siempre han considerado al Estado de la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro a partir de 2003), como el único sucesor de la antigua Yugoslavia (República Socialista Federativa de Yugoslavia). Según la posición serbia, la antigua Yugoslavia nunca dejó de existir en 1992, sino que tuvo lugar una sucesión de partes de este país mediante la cual Serbia y Montenegro consiguieron preservar la continuidad de este Estado con la antigua Yugoslavia. En base a esta atribución errónea, Serbia consideró que las otras repúblicas que en este momento se encontraban realizando su proceso de  independencia (Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y Macedonia) no contaban con el derecho de una sucesión equitativa y proporcional en materia de ciudadanía, bienes estatales, deuda extranjera, archivos, propiedad privada y derechos adquiridos bajo el ordenamiento jurídico del Estado predecesor. Las dramáticas consecuencias a las que condujo esta situación son bastante conocidas. Afortunadamente, la firma del Acuerdo de Sucesión de la antigua Yugoslavia en 2001, entre las Repúblicas de Eslovenia, Croacia, Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina y Macedonia, pudo poner fin a la cuestión de la sucesión que llevaba sin resolverse desde 1992.

Sin embargo aunque el progreso es sustancial (Eslovenia, miembro de la UE desde 2004; Croacia, futuro miembro a partir de Julio de 2013; Macedonia, Montenegro y Serbia son países candidatos), todavía existen dificultades constitucionales para que países como Bosnia y Herzegovina puedan comenzar su andadura hacia la UE.

Vía| Miskolc Journal of International Law. El derecho de la sucesión de Estados (UPSA)

Imagen| Deutsche Welle

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