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El debate, a debate

¿Cómo calificaría la política española? ¿Cree que nuestros políticos desarrollan su actividad de manera profesional? ¿Son necesarias determinadas aptitudes para ser representante público?

El debate parlamentario, piedra angular de la democracia, está de capa caída. La elocuencia, facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir, brilla por su ausencia en el escenario político español. La confrontación de opiniones se reduce a intentar desprestigiar al adversario político, con acusaciones personales en muchas ocasiones y aduciendo a hechos pasados. Las sesiones de control al gobierno se convierten en tediosas jornadas en las que no hay intercambio de ideas o crítica constructiva, pero sí certámenes de discursos donde los diferentes grupos parlamentarios jalean a su respectivo portavoz. En el Debate sobre el Estado de la Nación es más importante lo que no se dice, que lo que se dice.

¿Dónde ha quedado la elemental estructura de afirmación-razonamiento-evidencia? No solo fallan en el fondo, también en la forma. Políticos incapaces de levantar la mirada de papel a la hora de dirigirse al auditorio, con un lenguaje corporal pobre o nulo, si permanece tras el atril sin dominar el espacio, con un tono de voz monótono y acompañado de constantes muletillas. ¿Les suena? En Estados Unidos, a la hora de comparecer ante la Cámara de Representantes o el Senado, la persona que va a declarar se sitúa a una altura distinta (inferior) que los miembros de la institución. En nuestro país es diferente, se hace al revés: los comparecientes del ejecutivo se sitúan en esa posición preeminente, de más altura, y responden a las cuestiones planteadas desde abajo. La forma tiene una gran importancia, y condiciona notablemente el discurso político.

Una de las causas de la desafección ciudadana por la política es la baja calidad de ésta. Nuestros representantes han de trabajar duro para recuperar la confianza de los ciudadanos, no elaborando programas políticos, sino en el trabajo del día a día. España tiene que recuperar el valor de la res publica, la cosa pública, y sobre todo de quienes la tutelan. Exijamos siempre lo mejor de quienes son nuestra voz.

¿Cómo atajar el problema entonces? ¿Nuevos dirigentes? ¿Nuevo sistema? ¿Las dos cosas quizás?

El debate está servido.

La compareciente Ministra de Sanidad

La compareciente Ministra de Sanidad

 

Vía| Texto cedido por el autor

Imagen| La compareciente ministra de sanidad 

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