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El cuidador sobrecargado: apuntes y consejos

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¿Sientes que tu familiar solicita mas ayuda de la que necesita?¿Sientes que tu salud se ha resentido? ¿Crees que podrías cuidarle mejor de lo que lo haces? Estas son parte de las cuestiones empleadas en la escala de Zarit (1980) para evaluar el nivel de sobrecarga del cuidador, también conocido como el “burnout del cuidador” o “síndrome del cuidador”. Preguntas que forman parte de todo protocolo de evaluación de deterioro cognitivo, y que son igual de importantes que el resto de pruebas neuropsicológicas, funcionales o conductuales.

Según datos de la OMS (World Health Organization, 2013) , entre 2000 y el 2050, habrá el doble personas mayores de 60 años. Este incremento de la esperanza de vida conlleva un aumento en el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas y lesiones cerebrales (actualmente entre un 25%-30% de mas de 85 años padecen deterioro cognitivo), lo que conlleva un aumento de la población dependiente.

El perfil del cuidador de un adulto, suele ser el cónyuge o hijos con sobrecarga que carecen de la formación y del conocimiento necesario para cuidar a estos pacientes. Se necesita integrar a la familia, dar apoyo psicológico y ofrecer una cobertura legal, además de un feedback continuo, que garanticen una óptima adaptación al medio y una mejor calidad de vida, tanto para el cuidador como para el que recibe esos cuidados.

Actualmente conocemos todo tipo de manuales y guías para cuidar a un niño desde mucho antes de venir al mundo, pero apenas conocemos pautas de actuación ante el adulto frágil que requiere de ayuda para las actividades de la vida diaria. El difícil y complejo reto de cuidar no sólo implica un desgaste físico, también se pone a prueba nuestro control emocional.

Existe una historia de pérdidas asociadas al cuidado de ese ser querido y digo querido, porque el principio de todo cuidador es el motivo por el que cuidamos, cuidamos porque amamos pero también sufrimos cuando perdemos, porque entre esas pérdidas de movilidad, de salud, de memoria, se pierde a una madre, a un marido, se pierde un apoyo, una vida compartida y un futuro que poco o nada tiene que ver con el imaginado.

Es así como el complejo arte de cuidar exige mas atención por parte del entorno. En las lesiones cerebrales producidas repentinamente tras un infarto o un traumatismo, el cuidado es inminente, no estamos avisados y el cuidador se ve desbordado por la situación, teniendo que tomar decisiones en el acto, desde el ingreso hospitalario hasta el alta a domicilio. Ese cuidado, siempre y cuando las secuelas sean reversibles, exige de mayor a menor atención al enfermo, puesto que va recuperando mayor funcionalidad a medida que el cerebro sigue los mecanismos propios de la plasticidad. En los casos de secuelas crónicas e irreversibles, el cuidado generará mayor desgaste emocional y físico.

En cambio en las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson, el inicio es lento, no avisa pero poco a poco el cuidador en la mayoría de los casos se da cuenta de que su familiar necesita más ayuda que antes para hacer algunas cosas de la vida cotidiana; y es entonces cuando prestamos de menor a mayor atención a nuestro familiar progresivamente, lo que permite prepararse y adaptarse a la nueva situación.

Mas allá del paciente que olvida quién fue, de la persona que un día dejó de funcionar en un mundo cada vez mas complejo y competitivo, detrás de informes médicos, evaluaciones, pruebas y visitas al hospital, existe una figura imprescindible que deberíamos saber cuidar. Es necesario que esa figura forme parte activa del tratamiento del paciente, desde el diagnóstico hasta una vez finalizados los cuidados, puesto que el riesgo de depresión tras el fallecimiento del enfermo persiste en el 30% de los casos (1) produciendo el denominado duelo patológico.

Consejos para detectar la sobrecarga del cuidador:

  • En el cuidador: observar si se dan señales de alarma como cansancio físico y psicológico, dificultades para dormir, trastornos en la alimentación incluida la pérdida de peso, aspecto desmejorado, irritabilidad, cambios de humor, ánimo depresivo, apatía, aumento en el consumo de alcohol, tabaco o psicofármacos.
  • En el entorno: averiguar si existen cambios o situaciones problemáticas en el entorno laboral (absentismo, dificultad para concentrarse, problemas de memoria…), familiar (conflictos con hijos, discusiones, falta de planificación de tareas…) y social (aislamiento, evitación de reuniones sociales, menos participación en las conversaciones…).

Pautas de actuación con un cuidador sobrecargado:

  • Buscar información desde la red de Servicios Sociales y Sociosanitarios.
  • Planificar horarios y delegar las tareas implicadas en el cuidado del enfermo.
  • En el caso de detectar señales de alarma, proponer acudir a un psicólogo.
  • Dedicar tiempo y ofrecer recursos.
  • Escucha activa: preguntar lo que siente y lo que piensa.
  • Feedback positivo: transmitirles un mensaje de que lo están haciendo lo mejor que pueden y que no están solos.

“El arte de cuidar se admira en silencio y se aprende con cariño; afortunados los que tienen un artista en su vida”. Teresa Ibarra

 

Vía|

Proceso de duelo en familiares y cuidadores. Revista Española de Geriatría y Gerontología, Volume 44, Issue null, Pages 48-54. Ángel María Pascual, Juan Luis Santamaría

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