Salud y Deporte 


El cuidado de las heridas: el proceso correcto

Es probable que sea el verano y la época estival en general cuando un médico ve más heridas. No es que tengan un modo de aparición claramente estacional como algunas enfermedades alérgicas como la rinitis o similares, que aumentan exponencialmente con la primavera o la exposición a diferentes tipos de antígenos o sustancias, si bien, parece que el clima benigno y la abundancia de niños en los parques y en las playas hace que las heridas sean una consulta persistente y muy prevalente en los servicios de urgencias.

Naturalmente, algunas heridas necesitan cuidados especiales por un profesional sanitario debido fundamentalmente a los daños ocasionados, en cambio, la mayoría revisten de escasa a nula gravedad y por lo tanto resulta más apropiado tratarlas en la comodidad del hogar lo que también, dicho sea de paso, ayuda enormemente a no colapsar las urgencias hospitalarias ni ambulatorias y centrar los medios particularmente humanos atendiendo patologías donde el estado del paciente sea más alarmante. Pero obviamente, antes de entrar a hablar de cómo curar las heridas en casa debemos saber qué es una herida y que diferentes tipos de heridas nos podemos encontrar ya que no todas son iguales, se tratan ni son de similar gravedad.

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Tipos de heridas

Clínicamente clasificamos las heridas dentro de los traumatismos mecánicos abiertos; o dicho de otra forma, una herida es una lesión con pérdida de continuidad de la piel o las mucosas producida por un agente traumático mecánico (también, en realidad, por agentes físicos, químicos, biológicos, etc, pero solo hablaremos de las más habituales). La primera troncalidad para especificarlas es la dirección y la profundidad que presentan, pudiendo ser:

  • Longitudinales
  • Transversales
  • Oblicuas
  • Esperoideas

Y según su profundidad:

  • Arañazos o desolladuras: afectan a la epidermis y son las más superficiales
  • Superficiales: piel y tejido subcutáneo
  • Profundas: afectan a músculo, vasos sanguíneos, aponeurosis y a su vez distinguimos entre:
    • Fracturas abiertas: dejan huesos a la vista o presentan fracturas óseas (típicas de las extremidades)
    • Heridas penetrantes: llegan a una cavidad natural en su recorrido (peritoneo, etc)
    • Heridas perforantes: afectan a una víscera hueca, atravesándola (intestinos)
    • Empalamiento: se generan en orificios naturales y siguen su profundidad (boca, ano, vagina)

 

El segundo tipo de clasificación que utilizamos es la etiológica-morfológica, aunque no entraremos en ella ya que no tiene tanto interés en para lo que nos ocupa.

Cada clasificación presenta características diferenciales, así como subdivisiones propias en las que no entraremos a particularizar, baste con decir que muchas son relativamente difíciles de ver en el práctica clínica. Sin embargo, conviene recordar que muchas de ellas presentan síntomas o signos comunes como son:

  • Dolor
  • Hemorragia o sangrado
  • Pérdida o desprendimiento de tejido superficial
  • Pérdida de continuidad de la piel con separación de bordes
  • Contaminación biótica
  • Fallo o incapacidad funcional

 

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Diferentes suturas en heridas: puntos simples, cintillas aproximadoras, ágrafes o grapas

La problemática más importante en las heridas de las que hablaremos, las leves o moderadas, proviene generalmente de la contaminación y el riesgo de infección que conlleva. La contaminación puede ser directa por presentarse en el agente causal (si fuera un hierro oxidado, por ejemplo) o secundaria (por microorganismos que hay en la propia piel del paciente). Por ello, consideramos que una herida está contaminada o infectada siempre que hayan transcurrido 6h desde el accidente sin recibir un tratamiento o bien 12h si se trata de zonas bien vascularizadas como la cara, el cuello o las manos. Un caso particular son las mordeduras, ya que toda mordedura humana se considera contaminada de inicio, a diferencia de las animales, que salvo indicación expresa, se consideran poco contaminadas (esta paradoja se explica asumiendo que los patógenos de los animales tendrían que dar el salto de especie para ser patógenos para los humanos y esto no es tan sencillo, vienen implicados complejos mecanismos bioquímicos y microbiológicos en los que no entraremos hoy).

Ahora nos centraremos en el tratamiento que deben recibir las heridas, primero haciendo hincapié en una terapéutica profesional y posteriormente en una de andar por casa.

Fase inicial o provisional:

  • Medidas generales de estabilización para posterior traslado:
    • Limpieza, antisepsia, y colocación de un apósito estéril
    • Compresión (si hemorragia venosa, sangre oscura), torniquete (en caso de arterial, sangre roja)
    • Profilaxis antibiótica si > 6h y antirrábica si precisa
  • Medidas sistémicas:
    • Reposición electrolítica, con sueros diversos (normalmente Ringer o fisiológico)
    • Profilaxis antitetánica

Fase previa al a sutura:

  • Preparación del paciente
    • Analgesia
    • Inmovilización
    • Anestesia local o general si fuera necesaria
    • Aseo periférico y de la herida con abundante suero

Fase definitiva:

  • Limpieza definitiva y exploración
  • Sutura con reparación del tejido, con clampaje y reparación de vasos si precisase
    • No contaminadas: sutura directa, primaria, primera intención
    • Contaminadas: sin sutura primera, sutura en 2-3 semanas por tercera intención (la sutura directa favorece la infección si la herida está contaminada)
  • Injertos cutáneos libres o colgajos si hubiera gran pérdida de tejido

Es importante recordar que las suturas deben hacer siempre por planos, empezando desde el más profundo para acabar con el más superficial, la piel. El tejido desvitalizado o necrótico (muerto, que no recibe irrigación) es necesario quitarlo, dejando lo que llamamos unos márgenes quirúrgicos de seguridad amplios (2-3 cm suelen ser suficientes), y por lo tanto negativos a posibles infecciones. En caso de duda, retirar el tejido hasta que sangre ya que eso indica que recibe buena vascularización sanguínea y será más difícil que se infecte (el tejido bien irrigado recibe mayor aporte del sistema inmune para destruir los posibles agentes infecciosos). Las suturas deben ser firmes pero sin forzar la piel, y siempre con los bordes hacia afuera lo que estéticamente es siempre más favorable y disminuye considerablemente la aparición de queloides además de facilitar la correcta cicatrización. Además, cuanto más grande sea la herida y por lo tanto más tensión soporte la piel al suturarla, más amplios deben ser los puntos (de 0,5-1 cm del borde medial de la lesión, para evitar que la tensión rasgue la piel y se vayan los puntos). Por otra parte, si no se sabe cuándo se ha vacunado al paciente de la última dosis antirrábica o antitetánica, debe ser administrada.

 

Vía|Traumatismos y heridas, Fundamentos de Cirugía, Universidad de Oviedo.

Imagen|Heridas, Suturas

 

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