Especial Crisis Económicas de la Historia, Historia 


El crack del 29, la madre de todas las crisis

Portada del London Herald dando cuenta del crack

Portada del London Herald dando cuenta del crack

La mayor crisis desde el crack del 29. El peor entorno económico y financiero desde la Gran Depresión… Estas expresiones, y otras similares, han sido repetidas hasta la saciedad en los últimos años, a causa de la crisis global vivida a partir de 2008. Si en este caso el hundimiento de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 es el símbolo del inicio de la crisis, entonces el epicentro del terremoto que sacudiría a toda la economía mundial a partir de entonces se situó en Wall Street, donde se puso punto final a los felices años 20 con una brusca y descomunal caída bursátil que anticipaba la que se sigue considerando la mayor crisis a la que se ha tenido que enfrentar el capitalismo en toda su historia.

Jueves, 24 de octubre de 1929. La Bolsa estadounidense había subido como la espuma en los últimos años (se había multiplicado por cinco en el último lustro). Aquel día las órdenes de venta invaden el parqué neoyorquino. Hasta 16 millones de acciones no encuentran vendedores. La espectacular subida que había registrado la Bolsa estadounidense en los años precedentes llevó a millones de inversores a apostar por la renta variable. Incluso muchos ciudadanos pidieron créditos a los bancos para comprar acciones. Era una fiebre. Se estaba alimentando, como ocurre siempre en estos casos, una burbuja sobre la que pocos alertaban y de la que nadie parecía querer percatarse. Aquel día, conocido como el Jueves Negro, supuso un antes y un después. Se perdieron unos 5.000 millones de dólares en capitalización bursátil. 

El batacazo bursátil continuó en los días posteriores. El lunes 28 de octubre y el martes 29 se repitieron las ventas masivas en la Bolsa. Hasta los bancos llegaron a vender acciones propias por problemas de liquidez que incluso llevó a varias entidades a quebrar. Unos 600 bancos entraron en bancarrota. Fueron el lunes y el martes negro. Seguía el crack. La fiesta había terminado y pilló a millones de inversores, profesionales y no profesionales, implicados, dentro de un festín que parecía no tener fin. Antes de que estallara esta crisis, la compra de acciones había crecido en Wall Street en torno al 90%. Nadie se quería perder la oportunidad.

Exteriores de la Bolsa de Nueva York en 1929

Exteriores de la Bolsa de Nueva York en 1929

Pero, ¿no había síntomas que indicaran que se avecinaba este crash? Sí, aunque entonces ni las autoridades, ni las entidades financieras, ni los inversores atendieron a ellos. Sobre todo, se apreciaba que los salarios de los ciudadanos estadounidenses no crecía a un ritmo suficiente para mantener el elevado consumo. Había sobreproducción, las mercancías no se vendían. Es decir, los negocios de las empresas que cotizaban en el parqué no justifican los elevados precios que no hacían más que crecer. La actividad, la economía real, iba por un lado y los mercados financieros, por otro. Especulación, burbuja, valoraciones en el mercado no ajustadas a la realidad… Los paralelismos con la crisis de la que aún padecemos algunas de sus consecuencias, que comenzó con las hipotecas subprime en Estados Unidos, son evidentes. Por eso no es de extrañar que se hayan buscado durante estos últimos años puntos en común entre ambas situaciones.

Las consecuencias del crack del 29 no se ciñeron a los mercados financieros y llegaron pronto a la economía real. La más devastadora consecuencia fue el crecimiento del desempleo. El paro creció en 13 millones de personas en Estados Unidos. Las empresas se desplomaban en Bolsa, la gente no consumía, había ingentes cantidades de mercancías a las que no se les daba salida, los bancos vivían tiempos de extrema debilidad, muchas compañías echaron el cierre… Ese estallido bursátil aceleró el parón del que la economía real venía dando ya síntomas que, como suele ocurrir cuando se está en lo alto de una ola en una burbuja financiera, nadie quiso escuchar.

La consecuencia más directa del crack del 29, que dio lugar a la Gran Depresión, fue el paro, aunque también se produjeron en esos días escenas de desesperación y suicidios, que es quizá la imagen más representativa de aquella época, quizá por influencia del cine. También se frenó en seco el crecimiento demográfico en Estados Unidos y muchas personas, las más vulnerables ante el estallido de la crisis, perdieron sus casas y vivieron en zonas marginales en ciudades y pueblos estadounidenses, que tan sólo unos meses antes habían vivido los estertores de los felices años 20.

"Pánico en Wall Street por el crash de las acciones", tituló el Brooklyn Daily Eagle

“Pánico en Wall Street por el crash de las acciones”, tituló el Brooklyn Daily Eagle

¿Qué solución se encontró a este gran crack, que también sacudió, al igual que la crisis de 2008, al resto del mundo? En Estados Unidos la respuesta del Gobierno fue tibia en un primer momento. No se alcanzó a entender la gravedad de lo que se venía encima. En 1933, con la llegada de Roosevelt a la presidencia, se puso en marcha en New Deal, un plan que buscaba reconstruir la maltrecha economía del país mediante las recetas del economista John Keynes, que no era un defensor de aumentar en gasto público siempre, ni mucho menos del intervencionismo estatal en la economía en cualquier circunstancia, como a veces hoy en día se le caricaturiza, pero sí de actuar en momentos de depresión económica como el de entonces.

A través del New Deal, se dieron ayudas a entidades financieras para reactivar la concesión de créditos, así como subvenciones a los agricultores, creación de puestos de empleo públicos engordando la Administración para combatir el brutal incremento del paro y se aumentaron los salarios. También se implantó un nuevo sistema de pensiones y de asistencia sanitaria. Las famosas recetas keynessianas de las que también se ha hablado mucho en los últimos años (aunque han sido otras las puestas en práctica esta vez para combatir la crisis). La economía estadounidense empezó a recuperarse en 1938, aunque es cierto que no tomó más velocidad hasta 1940 debido a una razón nada estimulante, el rearme para la II Guerra Mundial. Pero es ya otra historia.

Vía| Finanzasparatodos.es

Más información| Muyhistoria.es

Imágenes| Sobrefotos.comFinanzasparatodos.es

En QAH| Especial historia QAH: Introducción a las Crisis Económicas de la Historia

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