Historia 


El corso en las costas valencianas. Breve historia

La frontera mediterránea ha sido siempre un foco de ataques a los territorios del antiguo reino de Valencia. Una frontera dinámica, llena de encuentros de culturas e identidades distintas que ha calado en las tierras valencianas, dando a este bello lugar una identidad propia, un alma viva y una historia apasionante. Pero este mismo dinamismo ha tenido también consecuencias negativas. El ataque continuado de los corsarios desde la Edad Media conllevó la necesidad de preparar una defensa sólida que alejara el peligro de las costas valencianas y las Cortes, aunque de manera tardía comparado con otros reinos mediterráneas como veremos en este trabajo, tomaron conciencia de esta necesidad y plantearon distintas medidas para combatir al enemigo. A principios de la Edad Moderna este enemigo era el Turco y los piratas y corsarios berberiscos, pero con el paso del tiempo aparecieron nuevos actores que sembrarían el miedo en la costa del levante español, y no precisamente seguidores del islam[1].

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Barbarroja, uno de los grandes corsarios del Mediterráneo.

La actividad corsaria no fue un problema limitado únicamente a la época de los Austrias, sino que hundía sus raíces en los siglos bajomedievales. No obstante, el primer gran ataque berberisco a las costas de Valencia se produce en 1503, cuando una fuerza de 500 moros asalta la villa de Cullera. A partir del establecimiento de los hermanos Barbarroja en Argel estas razias se hacen más constantes y provocan que las posiciones españolas del norte de África dejaran de ser “puestos ofensivos avanzados para convertirse en la primera línea de defensa”[2]. Desde esta fecha, que rondaría el 1516, hasta 1540 el Mediterráneo era de dominio exclusivo musulmán, lo que reforzó el carácter católico de la Monarquía Hispánica ya que “la Cruzada ya no era solo la vieja idea de recuperación de los Santos Lugares o la Reconquista peninsular, sino era, sobre todo, la misma defensa”[3]. En 1541, hay un intento por parte del emperador Carlos V de tomar Argel para debilitar el poder del Turco. Ante el fracaso de este asedio, el corso turco y berberisco se envalentona y multiplica su actividad a lo largo de la costa peninsular, lo que provoca gran cantidad de saqueos en ciudades como Alicante, Villajoyosa, Guardamar o Altea. La década de los ’50 del siglo XVI tampoco presentó un alivio para los habitantes de la costa. Fue una década especialmente trágica. Grandes saqueos y razias amenazaron la vida de los valencianos, que vieron como en apenas dos años se saqueaban y atacaban San Juan, la villa de Cullera, la villa de Elche –desorganizando el tráfico comercial marítimo de esta parte de la costa e impidiendo la comunicación de la península con las Baleares y los presidios africanos[4]–, Benicarló y Altea, entre otras. Estos ataques del final de la década son los que motivarían los primeros desarrollos de la defensa valenciana en el Mediterráneo, tal y como veremos en el desarrollo de este estudio.

El desastre frente a la isla de Djerba en la batalla de Los Gelves de 1560 aumentó la presión corsaria, lo que motivó a Felipe II a ordenar al ingeniero Juan Bautista Antonelli la confección de un plan integral destinado a fortificar de manera conveniente las costas valencianas; el resultado de ello fue la elaboración de un complejo proyecto denominado Discurso sobre la fortificación y defensa del Reino de Valencia y que sería finalmente dejado en suspenso a petición de las Cortes de 1564 debido a problemas económicos.

El respiro que dio la victoria de Malta en 1565 tuvo también sus repercusiones en la costa valenciana, las cuales, salvo pequeños saqueos, se vieron libres durante varios años del peligro del corso turco y berberisco. Además, es en este momento cuando el corso cristiano conoce un mayor desarrollo. Esta “paz tensa” vio su fin en 1570 con los ataques a Gandía, Cullera y Denia.

La victoria de Lepanto, pese a suponer un cierto alivio, no fue todo lo decisiva que se cabía esperar. A parte de las razias que seguían asolando la costa valenciana, la ruptura de la Liga Santa y la toma de Túnez y La Goleta en 1574 por parte de los musulmanes, volvía a restablecer la situación anterior a la victoria de D. Juan de Austria y, lo que posiblemente era peor, abría de nuevo a la flota otomana las puertas del mediterráneo occidental. Tampoco las negociaciones de paz hispano-turcas ni el establecimiento de sucesivas treguas anuales supusieron el cese de la actividad berberisca, la cual “estaba destinada a vivir todavía una edad de oro durante la década de los 80 demostrando que no necesitaban de la cobertura otomana”[5] para seguir manteniendo en jaque a las poblaciones de la costa. En 1581, se produce un nuevo embarque de moriscos y, un año después, es atacada nuevamente la ciudad de Alicante y su huerta. Se saquearon Chilches, Altea, Moraira, Callosa de Ensarrià y Benisa. Poco tiempo después, Benidorm, Elche y, nuevamente, Alicante volvían a estar en el punto de mira de las razias berberiscas. A partir de la década de los ’90, la tensión se va disipando progresivamente. A principios del siglo XVII, la corona intenta tomar Argel para limitar y debilitar el poder de los berberiscos. Pero tras tres fracasos consecutivos (1601, 1602 y 1603) los asaltos del corso de Berbería aumentan, llegando hasta Alicante 5 galeotas argelinas, que, tras instalarse en Santa Pola, saquean tierra y mar alicantino.

Tras la expulsión de los moriscos en 1609, las costas valencianas conocen un período de relativa tranquilidad, aunque esta expulsión representó un refuerzo para las armadas norteafricanas, ya que “aportaron a los corsarios berberiscos conocimientos tecnológicos y geográficos muy importantes, por lo que las flotas del norte de África pudieron mantener su presencia sobre la costa peninsular”[6]. Dicha tranquilidad queda truncada cuando en 1637, el corso argelino realiza la acción más sonada de este siglo al saquear la villa de Calpe y llevarse a todos sus habitantes cautivos.

El saco de Calpe representó, prácticamente, la última acción destacada de corsarios musulmanes en aguas valencianas. A partir de este momento aparecen nuevos actores asumiendo el papel de los berberiscos: los franceses y los ingleses, quienes, a partir de 1656, con motivo de la guerra anglo-española de 1654-1659, se suman a los franceses en esta empresa de atemorizar las costas del litoral mediterráneo. Este peligro será una realidad durante todo el siglo XVII, como demuestran los bombardeos de la armada francesa en Cataluña en 1684 y los bombardeos de Alicante y Denia de 1691.

Todas estas situaciones son las que llevan a los virreyes y al rey a preocuparse sobre la defensa de la costa valenciana.


 

[1] Tampoco hay que caer en la tentación de pensar que existía un único enemigo, “en cierto modo el corso es una guerra de todos contra todos: unas veces los argelinos, otras los cristianos, o cristianos contra cristianos” SÁNCHEZ-GIJÓN, Antonio. Defensa de las costas en el reino de Valencia. Valencia: Generalitat de Valencia. Consell valencià de cultura. 1996, p. 123.

[2] PARDO MORENO, Juan Francisco; RUIZ IBAÑEZ, José Javier. “Una monarquía, dos reinos y un mar. La defensa de los reinos de Valencia y Murcia en los siglos XVI y XVII”. En CACILIA, Rosella (dir.). Mediterraneo in armi (secc. XV-XVIII). Palermo. 2007, p. 437.

[3] PARDO MORENO, Juan Francisco; RUIZ IBAÑEZ, José Javier. “Una monarquía, dos reinos…, p. 437.

[4] REQUENA AMORAGA, Francisco. La defensa de las costas valencianas en la época de los Austrias. Alicante: Instituto de cultura “Juan Gil-Albert”, Diputación de Alicante, 1997, p. 10.

[5] REQUENA AMORAGA, Francisco. La defensa de las costas valencianas… p. 11.

[6] PARDO MORENO, Juan Francisco; RUIZ IBAÑEZ, José Javier. “Una monarquía, dos reinos…, p. 441.


 

En colaboración con QAH| Mundo Histórico

Vía| SÁNCHEZ-GIJÓN, Antonio. Defensa de las costas en el reino de Valencia. Valencia: Generalitat de Valencia. Consell valencià de cultura. 1996.

PARDO MORENO, Juan Francisco; RUIZ IBAÑEZ, José Javier. “Una monarquía, dos reinos y un mar. La defensa de los reinos de Valencia y Murcia en los siglos XVI y XVII”. En CACILIA, Rosella (dir.). Mediterraneo in armi (secc. XV-XVIII). Palermo. 2007.

REQUENA AMORAGA, Francisco. La defensa de las costas valencianas en la época de los Austrias. Alicante: Instituto de cultura “Juan Gil-Albert”, Diputación de Alicante, 1997.

Imagen| Barbarroja

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