Historia 


El convulso reinado de Enrique IV

A lo largo del siglo XV la situación política en la Corona de Castilla era de lo más tensa: regencias, reyes menores de edad, continuas injerencias de la nobleza tanto castellana como aragonesa y guerras civiles incluidas. Esta época convulsa toca a su fin cuando, tras una de estas guerras civiles, Isabel I de Castilla accede al trono y reorganiza tanto el sistema de gobierno como la administración. Este artículo lo vamos a dedicar a hablar sobre uno de esos conflictos durante el reinado de su hermano y predecesor, Enrique IV.

El propio Enrique había jugado un importante papel durante el reinado de su padre, Juan II de Castilla, casándose en 1440 con Blanca II de Navarra, la hija del infante de Aragón, posterior Juan II (éste de Aragón), y rey consorte de Navarra, contrario a la corona y a su valido Álvaro de Luna. De modo que, y pese al fracaso del matrimonio suspendido en 1453 por impotencia recíproca debida, quizá, a influencias malignas, cuando Enrique sube al trono en 1454 se prevé una situación algo más estable, con un monarca fácilmente controlable por la nobleza.

Sin embargo esto no pasará, ni siquiera era posible por muy sensato que fuese el rey, aunque parece que tampoco era el caso. La corte castellana era un polvorín en el que la concesión de un honor o cargo a cualquier familia provocaba protestas y descalificaciones por parte de las demás, llegando a hacerse acusaciones de judaísmo o sodomía al beneficiario. A esto le unimos los rumores sobre la impotencia del monarca y las dudas sobre la paternidad de su hija Juana apodada “la Beltraneja” por tener más que sospechas de que era hija del nuevo hombre de confianza del rey, Beltrán de la Cueva.

En este contexto, con un rey al que sus nobles no respetan y que deposita su confianza en un advenedizo en la corte que, por si fuese poco, se cree que es el padre de la futura heredera, el caldo de cultivo para el conflicto estaba servido. Éste se articulará en torno a Juan Pacheco y al arzobispo de Toledo Alonso de Carrillo y su objetivo sería acabar con la influencia de Beltrán de la Cueva en la corte y socavar la figura del rey proclamando en su lugar a su hermano menor Alfonso. Para ello se acusó al monarca de connivencia con los musulmanes en virtud de la cual se había detenido la guerra contra el Reino de Granada. También se denunciaban que el rey diese de lado a la alta nobleza, que hasta ese momento había copado los cargos de mayor importancia en la corte, para dárselos a quienes eran considerados indignos para obtener dicha posición. Y no se perdió la oportunidad de airear las habladurías y dudas sobre la paternidad de la heredera al trono, por supuesto,

Este intento de derrocar al rey no se quedó en simples movimientos o tensiones en la corte, sino que los aliados en su contra realizaron un plan con las reformas que pretenderían llevar a cabo en el reino, conocido como la Sentencia de Medina del Campo, en el que se recogían medidas tales como la expulsión de judíos y mudéjares, endurecer los mecanismos de acceso a la corte para que no surgiesen advenedizos de clase inferior, y hasta incluso se planteaba la realización de un estudio para llevar a cabo una reforma monetaria.

Intentando apaciguar los ánimos, Enrique IV decide nombrar a su hermano Alfonso como heredero al trono en 1464, en detrimento de su hija, pero ni por esas. Pues bien, ya tenemos una confabulación, un enemigo, alguien para sustituirlo y un plan que llevar a cabo después. Sólo faltaba proceder a la deposición de monarca y esto llegó, de manera simbólica, en 1465 lo que posteriormente fue conocido como la Farsa de Ávila. En dicho lugar se dispuso un escenario en el cual un grupo de nobles, comandado por Juan Pacheco y el arzobispo de Toledo, colocaron un muñeco provisto de corona, estoque y bastón de mando en representación del rey y sus poderes.

Cuando todo estuvo dispuesto, el arzobispo de Toledo fue el encargado de leer una carta con los motivos de la celebración de dicho acto, mientras Juan Pacheco se mantuvo en un segundo plano, custodiando al príncipe Alfonso. Terminada la lectura, los nobles proceden a despojar de las insignias reales al muñeco, lo vapulearon y arrojaron fuera del escenario al grito de “¡Al suelo, puto!”, entre otras lindezas. Finalizada la performance, se procede a proclamar como rey legítimo a Alfonso. Este acto supuso el inicio de una guerra civil con todos sus elementos: dos bandos, dos ejércitos y dos reyes pugnando por la corona y el reino.

El conflicto sumió al reino en un estado casi anárquico hasta que, tras la batalla de Olmedo en 1467, culminada sin un vencedor claro, Alfonso fallece y deja a los nobles rebeldes sin un candidato a ocupar el trono. Es en este momento cuando la legitimidad del rey pasa a un segundo plano y pasa a discutirse sobre quién deber heredar la corona, siendo esto disputado por Juana, la “hija” del rey y Juana de Portugal e Isabel, hermana menor del rey.

Tras varias disputas en este sentido, Enrique IV e Isabel negocian y éste la termina nombrando heredera en el conocido como Tratado de los Toros de Guisando en 1468, con la condición de que ésta se desposase con Alfonso V de Portugal. Sobre el porqué aportan explicaciones tanto los intentos de reconciliación del monarca con parte de la nobleza rebelde como el deterioro de la relación del rey con Juana de Portugal, llegando a aceptar que su matrimonio se había producido sin dispensa papal y, por lo tanto, la hija de ambos, aún en el caso de que realmente fuese hija del rey, no era canónicamente legítima.

Esto no evitará que, una vez muerto el rey, estalle otro nuevo conflicto civil entre los partidarios de Isabel, que como es sabido no cumplió con la condición impuesta, y los de Juana “la Beltraneja”, pero esto ya queda para otra ocasión.

Vía|MANZANO MORENO, EDUARDO. Historia de España Vol.II. Épocas Medievales. Madrid, Crítica-Marcial Pons, 2010.

Más información|DEL VAL VALDIVIESO, MARÍA ISABEL. La “Farsa de Ávila” en las crónicas de la época. En DEL SER QUIJANO, GREGORIO y MARTÍN VISO, IÑAKI. Espacios de poder y formar sociales en la Edad Media: estudios dedicados a Ángel Barrios. Salamanca, Universidad de Salamanca, 2007.

Imagen| Farsa de Ávila

En QAH|Dos Reinas, un solo trono, La “impotencia” no probada de Enrique IV de Castilla

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